Un modesto aporte al lado Pereira de la familia

Para mí, entender portugués es más complicado que hacer lo propio con el alemán.  Pero no importa. Insisto.

Y de tanto insistir he logrado llegar a un cierto hiper borrador ultra preliminar de bosquejo mental para ubicarme en el espacio respecto del lugar de procedencia de la familia de marido.

Sí, ya sé. De Leiría. Pero ¿de dónde exactamente?

De la Freguesía de Boa Vista. Freguesía es la organización administrativa en la que en Portugal se divide a un municipio o concelho. En este caso, estimo que Leiría.

¿Y qué hay del benemérito agregado del valle dos mortorios que engalana el apellido de Deolinda de Jesús Teixeira, abuela de marido y esposa de Manuel Pereira? Aquí la cosa comienza a ponerse complicada... Entiendo que Dos Mortorios es una Rua, una calle o ruta... pero también entiendo que es el nombre de un Río de la zona.

En todo caso, la Rua Dos Mortorios queda dentro de Boa Vista, a escasos 2.5 km de esa localidad.

¿Y qué hay de Cazalinho? ¿Por qué a algunos de los descendientes de Manuel Pereira les tocó en suerte apellidarse Pereira Cazalinho?

Los apellidos portugueses son cosa extraña para mí. No comparten las mismas reglas a las que estamos acostumbrados aquí en Argentina, ni las que he logrado aprender respecto de mis ancestros italianos. Las hijas no tienen los apellidos de los padres, se pueden elegir como apellidos nombres de los ancestros e incluso, apellidos o nombres de padrinos o familiares que hayan quedado sin descendencia... Es todo muy confuso para mi mente reducta. O será que carecemos de asesoramiento en la materia, un espíritu guía que se apiede de nosotros en nuestra supina ignorancia...

No importa, insistimos. La voluntad, si es que todo no lo puede, al menos nos sostiene un tiempo más con la nariz fuera del agua, confiando en que el brazo amigo que rescata llegue antes del ahogo.

Cazalinho... Veamos. Casal es un toponimo bastante habitual en Portugal. Se usa para referirse a un pequeño poblado con poquísimas casas. Es sinónimo de lugar habitado o
lugarejo. Pero, en otras ocasiones, también se usa para referirse a una propiedad rural, segunda casa, que no es lugar de residencia de su propietario.

Casalinho es, simplemente, un diminutivo de casal. Para cada caso: o un poblado pequeñísimo o una propiedad en la que no se habita, aún más que pequeña.
 
¿Será que la rama Pereira Cazalinho nació en una segunda propiedad del abuelo Manuel Pereira? ¿O porque era el primogénito ligó doble apellido?
 
¿Era el primogénito? Por las edades de la descendencia, estimamos con marido que sí. Los que serían hijos del primer Pereira Cazalinho que registramos son primos de marido pero le llevan 20 años como mínimo...
 
Que sigue habiendo Pereira Casalinho en Boa Vista... los sigo habiendo. A ver si alguno nos encuentra y nos rescata.
 
En todo caso: este post es más un cúmulo de dudas que el producto de una mente esclarecida. Sepan disculpar.

Para las familias a las que les sobrevuela un pterodáctilo

Contrariando a nuestros políticos más encubrados diré que el principal enemigo de la familia no es la droga. El principal enemigo de la familia es la fascinación por el éxito.
En este sentido, Argentina es un caso más que paradigmático: debe ser una de las pocas cuestiones en la que realmente somos todos democráticos: esa fascinación no distingue estratos ni extracciones sociales. Todos somos exitistas y los somos en la mayor cantidad de ámbitos de la vida en los que nos resulte posible realizarlo.
Secundada por su manifestación concomitante (la fobia a toda forma de fracaso, desgracia o penuria, cual si se tratara de pestes de tipo contagioso) esa fascinación ha conducido a la disolución de más de una familia nuclear y al esfumamiento cuasi automático de lazos y de sentidos de pertenencia a familias más amplias. La de los tíos, los primos y subsiguientes laterales en las ramas del árbol genealógico, excepto el caso de aquéllos que, por su estado de bienestar, nos resultan de algún modo, semejantes.
Los pobres, los enfermos, los que no han tenido suerte en los negocios o en el matrimonio... esos parecen ser casos de cuidado a la hora de considerarlos familia.
Dada mi experiencia personal me tomo el atrevimiento de compartir con ustedes el nombre con que he bautizado a esos otros lados de la familia a los que nadie quisiera pertenecer jamás en la vida. Yo he llamado a esos lados: el lado de la familia que está meado por los perros. En mi caso particular he llegado a afirmar: meado por una banda de pterodáctilos en pleno vuelo.
Como corresponde: he sentido en carne propia el rechazo; esa sensación de estar siempre pidiendo disculpas por las carencias y las falencias. Por el olor a humedad en la casa. Por el inodoro viejo (el estilo bandejita). Por el regalo home-made y no comprado... He sentido con vehemencia la fuerza de la exclusión y de la autoexclusión.
Esa verguenza absurda, como de culpa: como si no tener éxito y no estar a la altura de las circunstancias (las circunstancias del resto) fuera porque uno se lo ha buscado. O se lo merece.

A ver si queda claro: no todos aquéllos a los que les va bien se lo merecen y no todos aquéllos a los que les va mal se lo merecen. Las cosas nunca son tan lineales.

¿Qué agregar?

Simplemente, un hecho de la realidad: cuando más huímos del fracaso, de la desgracia y de la penuria, más se nos acercan sus fantasmas y más la posibilidad de ser víctimas de ellos. Porque poquito a poco nos vamos quedando solos. Sin cobijo, sin contención, sin apoyos de ninguna naturaleza. Sin familia.

Lo que hacemos, vuelve.

Si esto puede o no conducir al consumo de drogas... es otra historia.

¿De dónde procedo yo?: la respuesta de la llamada genealogía genética

Tengo un par de parientes tan fanáticos de la genealogía que, en su entusiasmo, han decidido participar del Proyecto Genográfico que impulsan la National Geographic e IBM.

Es evidente que mi entusiasmo no llega a tanto. Pero entiendo a los que se suman, porque la propuesta es desafiante. Al participar uno colabora con la realización del "estudio más grande del mundo de muestras de ADN para trazar la forma en que la humanidad pobló el planeta".

Leemos:
"Los miembros del público general están participando en el proyecto comprando un Kit de Participación Pública del Proyecto Genográfico y presentando su propio raspado bucal. Esto les permite conocer su propia historia migratoria y si lo desean, contribuir al progreso general del proyecto. Estos resultados personales son almacenados anónimamente para proteger la privacidad de los participantes. A medida que se publiquen artículos científicos en publicaciones evaluadas por gente del medio, el Proyecto Genográfico actualizará regularmente en línea las conclusiones del proyecto a través de su página de Internet y otros medios..."
Como siempre, yo prefiero la lectura a andar raspándome la lengua y encías para enviar el producido a quién sabe qué manos y para Cristo sabe qué propósitos extraños... Mi cepillo de dientes se pondría celoso y mi trastorno, insobrellevable.

Pero no dejan de asombrarme las conclusiones a las que se está arribando a través de estudios de esta naturaleza. Por ejemplo, aquéllas presentadas por Bryan Sykes en su libro Las siete hijas de Eva.
Sykes es un profesor de Genética de la Universidad de Oxford y una de las mayores autoridades mundiales entre los estudiosos del ADN mitocondrial. El propio Sykes describe su obra diciendo:
"Guiados por los intactos hilos genéticos que nos conectan con nuestros antepasados podemos viajar en el tiempo hasta una época anterior al alba de la historia, hasta un mundo de hielo y nieve, de montañas peladas e interminables llanuras, para conocer a aquellas notables mujeres: las siete hijas de Eva..."
Sykes, fundador de la empresa Oxford Ancestors, que realiza análisis del ADN mitocondrial (el heredado de madre a madre, a diferencia del de núcleo, en el que está mezclado el de padre y madre) a particulares que deseen saber más acerca de sus orígenes, es el mismo que hace unos años predijo que el hombre (en el sentido de macho) corre peligro de extinción, arrastrando con él a todo el género humano. Pero esa es otra historia.

La primera de las frases del prólogo de Las siete hijas... resume perfectamente el espíritu de la investigación del autor, que es idéntico a la obsesión de cualquier genealogista: ¿De dónde procedo yo?

Leemos:
"¿Cuántas veces se ha hecho usted esa pregunta? Podemos saber quiénes fueron nuestros padres, e incluso nuestros abuelos; un poco más allá, la pista de casi todos nosotros empieza a perderse en la niebla. cada uno de nosotros lleva un mensaje de sus antepasados en todas las células de su cuerpo. Está en nuestro ADN, el material genético que se transmite de una generación a otra. En el ADN no sólo están escritas nuestras historias individuales, sino la historia de toda la especie humana..."

En lo que respecta a Eva y sus siete hijas, Sykes afirma en Europa existen siete grupos de ADN mitocondrial cuyas portadoras vivieron hace 45.000 años y proceden de alguno de los tres linajes que existen actualmente en África. Según Sykes, al menos el 95% de los europeos provienen de siete mujeres, a quiénes les dio los nombres de Tara, Helena, Katrine, Xenia, Jasmine, Velda y Ursula y las catalogó como las siete hijas de Eva. Para los que gusten, en el sitio de Oxford Ancestors pueden encontrar una descripción de los siete linajes.
Más allá de lo interesante de estas investigaciones, en lo personal me he quedado enganchada con dos temas: uno, el postulado de que nuestra especie no desciende del hombre de Neanderthal, sino del de Cromagnon y, más que nada, con la imagen que aparece en la tapa de la obra de Sykes: la llamada Dama de la Capucha, también conocida como Venus de Brassempouy.
Me he puesto como muy contenta porque con marido hemos hecho, hace tiempo, un intento de investigación realmente entusiasta sobre los orígenes de esta pequeña Gran Dama y de su vinculación con los neanderthales. Me encantaría continuar este post compartiendo con ustedes algunas de las cosas que hemos leído, porque realmente son fascinantes. De esas que nos abren la cabeza.
¿Podrá ser mañana?