La historia de Dinis y su buen gobierno nos conduce, casi obligadamente, a mencionar a dos de los gobernantes que, hoy por hoy, tenemos en funciones y que forman parte de nuestra familia. Se trata de nuestro primo Mário Rodrigues, actual Presidente de Freguesía da Boa Vista, Leiría y el recientemente electo Leandro Dietschi, Jefe comunal de Montes de Oca.
El caso de este último es muy especial para mí, puesto que, a más de Jefe Comunal, el mencionado viene desempeñándose desde hace casi seis años como Compadre, tras haber concursado exitosamente para ocupar el cargo de Padrino de nuestra hija.
Esto del concurso queremos dejarlo bien en claro, dado que nos han llegado comentarios sugiriendo que en la elección del Compadre como Compadre hubo arreglo por tratarse de un familiar. Incluso, algunos han llegado a decir que el puesto de Padrino no era un puesto strictu sensu sino algo así como un título hereditario. Nada más alejado de la realidad.
Debemos reconocer sí, aquello que hay de cierto detrás de estas afirmaciones. Es cierto que la Madre del Compadre es Madrina de Bautismo de quien suscribe, así como lo es que la susodicha es Ahijada de Bautismo de la Madre, también de quien suscribe.
Suponemos que es esto lo que puede haber dado lugar a tales elucubraciones respecto del carácter hereditario o no del Título de Compadre o Comadre en nuestra familia.
Para descartar de plano toda duda diremos que nadie puede poner en tela de juicio el carácer electivo del puesto en la medida que, quien suscribe, no ha terminado ocupando ningún cargo como Madrina respecto de ningún miembro de la familia en esta rama, aunque debemos señalar que dicha responsabilidad hubiera sido asumida con gusto, cualquiera hubiera sido la naturaleza del cargo.
Con esto creemos haber despejado toda duda.
Por lo demás, esperamos que luego de este post, que viene a continuación del dedicado al Rey Dinis, los mencionados no se sientan obligados a emular la grandeza ni los supuestos logros del fu; quede claro que se trataba de otra época y que, en todo caso, transcurridos casi mil años. todo se ve un poco mejor. Como dice el refrán: ya vendrá el que bueno me hará.
A ambos, nuestro cariño y nuestras felicitaciones, porque a más de buenos parientes ambos son, sin duda, excelentes gobernantes.
Cuenta la historia

Cuenta la historia que hubo un Rey, de nombre Dinis, “que fue el mejor rey y el más amigo de la justicia y no hubo soberano más digno desde el reinado de Alfonso I hasta su tiempo”, de inteligencia tan precoz, que fue nombrado embajador a los 6 años.
A la edad de 17, Dinis ya estaba en el trono y al tiempo se casó con Isabel, mujer que luego sería reconocida como una de las Santas más esclarecidas. Juntos lograron vencer al sublevado Príncipe Alfonso, hermano del Rey, tras lo cual, afianzado en el trono, éste pudo dedicarse a hacer lo que más quería: recorrer su Reino, llevando avance y progreso a todos los Pueblos bajo su mando, en especial en lo concerniente al desarrollo de la agricultura, actividad que, hasta su momento, no había florecido en el Reino.
Tal fue la Revolución social que impulsó este Rey, que la historia lo recuerda como ‘Padre de la Patria, Rey Labrador’, seguramente también por el empeño y el ahínco que puso en darle bienestar a su Pueblo y frenar las ambiciones de quiénes pretendían hacer valer sus privilegios sobre la riqueza de la tierra.
Cumplida su misión y llevado el reino a una prosperidad casi fabulosa, este Rey mandó erigir su residencia real sobre una eminencia en medio del fértil valle, no lejos del Río Lis. Construyó su Palacio tomando partes de antiguas ruinas cuyo valor apreciaba y lo rodeó de pinares que él mismo mandó plantar sobre las dunas.
Al hablar de este Soberano, nacido el 9 de octubre de 1261, sexto Rey de Portugal, hijo de Alfonso III y nieto de Don Alfonso X el Sabio Rey de Castilla y León, el pueblo continúa diciendo de él O Rey Don Diniz, que fiz quanta quiz.
Y así parece ser.
Las ruinas del que fuera su Castillo, son aún motivo de orgullo para los actuales pobladores de Leiría, de donde vienen los antepasados de mi esposo.
Una de contextualización
Mi Tío Ildo era seis años mayor que mi mamá. Había nacido en el veinticuatro, igual que mi padre.
De joven, Ildo tuvo una participación destacada en la comunidad monteoquense. De hecho, llegó a ser Presidente de la Juventud Acción Católica local. Estamos hablando del primer quinquenio de los cuarenta, cuando ser miembro de la Acción Católica no era un dato menor.
Escribía mi Tío por esa época, bajo el título "Un batacazo":
Esto lo escribía mi Tío Ildo allá por 1943, en el periódico La Juventud de Montes de Oca, cuando tenía 19 años.
Para cuando comencé a tener registro de que tenía tío y primos en Montes de Oca (lo que a decir verdad me sucedió tempranamente, debido a la actitud pro familia constantemente impulsada por mi madre), mio Tío Ildo ya se acercaba a los cincuenta.
Lo recuerdo como un hombre serio pero afectuoso, con esa forma de manifestar el cariño que han logrado aprender, con el tiempo, las personas que siguen queriendo ser serias pero necesitan, en algún momento o por alguna razón, darse un respiro.
Fue conmigo un buen tío. Y si bien algunas personas lo recuerdan como un hombre severo, a mí no me ha quedado esa impresión. Cuando visitábamos la chacra (mientras que él vivió en la Chacra), hasta me improvisó una hamaca con un asiento de tractor y me permitió jugar con los chiches que mis primos mayores ya no utilizaban.
Recuerdo también que en alguna oportunidad envió encomienda a casa con bondiolas, cuando todavía en Montes de Oca había gente que las preparaba y en Varela no se conseguían.
Nunca volví a probar bondiola como esa.
Ese es el Tío Ildo que recuerdo. El que nos acercaba en la Mercedita al Cementerio para llevarles flores a los abuelos que no conocí y nos iba a buscar a Tortugas, cuando el micro nos dejaba a mí y a mi mamá al costado de la ruta. El que le decía a mi mamá que había que dejar circular a los chicos más libremente para que se inmunizaran. El que ya viviendo en el Pueblo, me prestaba alguna bicicleta de las que tenía en el taller, para que diera unas vueltas con Graciela Bello por Montes de Oca y un día me llevó a casa de una Señora que vendía bijouteri, para que me eligiera un anillo. Que todavía tengo.
No compartí mucho tiempo con mi Tío y no tuve la suerte de poder preguntarle cosas que hoy, se me ocurre, le preguntaría (que son muchas).
Me consuela saber que esto que me pasa, no me debe estar pasando sólo a mí.
De joven, Ildo tuvo una participación destacada en la comunidad monteoquense. De hecho, llegó a ser Presidente de la Juventud Acción Católica local. Estamos hablando del primer quinquenio de los cuarenta, cuando ser miembro de la Acción Católica no era un dato menor.
Escribía mi Tío por esa época, bajo el título "Un batacazo":
"Es un sábado por la tarde. Todo el pueblito está tranquilo, después de haber terminado una semana más de trabajo; en una esquina hay varios muchachos hablando del partido que se realiza el domingo. En ese momento pasan por el lugar Alfredo y Juan, que van a la reunión semanal de la A. C. y en el grupo no faltó quién les dijo: curitas y frailones y muchas otras cositas; sin embargo ellos los saludaron sonriendo y siguieron su camino. En el grupo llamó la atención la conducta de esos dos muchachos...no se pararon a perder el tiempo... Después de que pasaron, uno del grupo dijo: -para qué se reunirán todas las semanas? ¿Para qué irán a Misa? ¿Para qué estarán siempre metidos allí? Y otro dijo: -Yo los voy a esperar cuando salgan y les pregunto así despues nos hacemos el plato. Terminó la reunión... El que había estado en la esquina se encontró con Alfredo y Juan, los saludó, cambiaron algunas palabras y entró en tema de religión para averiguar lo que se había propuesto... -¿Che, Alfredo, para que se reúnen todas las semanas? Mirá... te lo voy a explicar en pocas palabras ya que vos nunca lo has entendido, ni te lo han enseñado tus amigos porque tampoco lo saben... Vamos a esas reuniones para aprender la doctrina que Cristo enseñó en la tierra y que muchos hombres no quisieron entenderla porque tenían que dejar sus vicios. Y vuelve a preguntar: -¿Decime, por qué van a Misa y están siempre allí? Porque un Ministro del Señor, el Sacerdote, representa el sacrificio de Dios en el Calvario donde murió en la Cruz para salvar al mundo, y porque es el día en que debemos rendir homenaje a nuestro Creador, para rogar por nosotros y por aquellos que dicen que no tienen tiempo. Estamos también con el Párroco para hacer entender a mucha gente que no sabe nada de religión y son cristianos porque sus padres los han bautizado. -Alfredo, si es así, yo también voy a ir a Misa y de hoy en adelante quiero ser un soldado más en las filas de la A. C. ¡Qué gran alegría tuvo Alfredo al salvar un alma más!"
Esto lo escribía mi Tío Ildo allá por 1943, en el periódico La Juventud de Montes de Oca, cuando tenía 19 años.
Para cuando comencé a tener registro de que tenía tío y primos en Montes de Oca (lo que a decir verdad me sucedió tempranamente, debido a la actitud pro familia constantemente impulsada por mi madre), mio Tío Ildo ya se acercaba a los cincuenta.
Lo recuerdo como un hombre serio pero afectuoso, con esa forma de manifestar el cariño que han logrado aprender, con el tiempo, las personas que siguen queriendo ser serias pero necesitan, en algún momento o por alguna razón, darse un respiro.
Fue conmigo un buen tío. Y si bien algunas personas lo recuerdan como un hombre severo, a mí no me ha quedado esa impresión. Cuando visitábamos la chacra (mientras que él vivió en la Chacra), hasta me improvisó una hamaca con un asiento de tractor y me permitió jugar con los chiches que mis primos mayores ya no utilizaban.
Recuerdo también que en alguna oportunidad envió encomienda a casa con bondiolas, cuando todavía en Montes de Oca había gente que las preparaba y en Varela no se conseguían.
Nunca volví a probar bondiola como esa.
Ese es el Tío Ildo que recuerdo. El que nos acercaba en la Mercedita al Cementerio para llevarles flores a los abuelos que no conocí y nos iba a buscar a Tortugas, cuando el micro nos dejaba a mí y a mi mamá al costado de la ruta. El que le decía a mi mamá que había que dejar circular a los chicos más libremente para que se inmunizaran. El que ya viviendo en el Pueblo, me prestaba alguna bicicleta de las que tenía en el taller, para que diera unas vueltas con Graciela Bello por Montes de Oca y un día me llevó a casa de una Señora que vendía bijouteri, para que me eligiera un anillo. Que todavía tengo.
No compartí mucho tiempo con mi Tío y no tuve la suerte de poder preguntarle cosas que hoy, se me ocurre, le preguntaría (que son muchas).
Me consuela saber que esto que me pasa, no me debe estar pasando sólo a mí.
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