Ha pasado un tiempo y cuando pasa un tiempo, medio que cuesta retomar el hilo. Se hace difícil recordar desde el usuario y la clave para entrar al blog, hasta los pendientes de las búsquedas y de los encuentros.
Búsquedas hay pendientes un montón, porque con cada paso que uno da para adelante se hace más difícil avanzar la cuesta arriba y porque, al mismo tiempo, los hallazgos son cada vez menos frecuentes.
Pero para dar y darme algo de aliento nuevo, aquí tengo un hallazgo, algo viejo, para compartir. Uno que por esas cosas de la vida cotidiana había quedado para mejor oportunidad de publicar, la cual recién hoy se digna hacerse presente.
Aquí va.
De los cuatro hijos recordados de Gio Battista Giuliano, el primero nacido fue Chiafredo -Chaferlín- Giuliano.
Para que los familiares lectores se ubiquen en el árbol, estamos hablando del que fuera padre de Orestes Giuliano y abuelo del Flaco Orestín, éste último un primo que cualquiera quisiera tener de primo, con una hija que es fiel reflejo de su papá, con una sonrisa amplia, dulce y serena la cual todavía no logramos determinar de cuál de los ancestros han heredado.
Digresión superada, continuamos diciendo que, como de documentos no disponemos, del nacimiento de Chaferlín lo único que sabíamos con relativa seguridad es que habría sido el primogénito de mi bisabuelo en su matrimonio con su primera esposa, Maria Giuliano. En cuanto al año aproximado de nacimiento no teníamos idea, hasta que nos encontramos en Geneanet con un trocito del árbol genealógico correspondiente a la familia de Raúl Bertone.
En este árbol aparece Lucía Bertone, esposa de Chaferlin.
Al margen -aviso que se viene otra digresión...-, produce una emoción rara cuando uno encuentra en el árbol de otro a sus antepasados. Es como que uno se pone contento pero al mismo tiempo toma contacto con una realidad impactante cual es, darse cuenta de que los antepasados de uno no son sólo de uno. Esto que parece obvio parece también no serlo tanto. En la gente produce reacciones de lo más diversas que van desde el que ante el encuentro está convencido de que ha ganado un pelotón de primos en barata, hasta el que siente que alguien está haciendo uso indebido de sus antepasados al ponerlos en un árbol ajeno.
Como sea, en este árbol de Raúl Bertone aparece Chaferlín con Lucía y todos sus hijos. Y un dato: el año estimado de su nacimiento. 1879. Para evitar una nueva ruptura del hilo en este relato, otro día les cuento las vicisitudes que padeció Raúl cuando, en nuestro primeros intentos de incorporarlo al árbol en Geni, terminamos sumándolo como la propia Lucía, a la que no podíamos luego hacer figurar como fallecida en la medida que Raúl había aceptado la invitación como si fuera ella y con una dirección de correo electrónico impropia para un difunto.
Gajes del oficio de aprender a usar programas genealógicos sin enfadarse con la familia y sin hacer que los ancestros se enfaden con uno.
Siguiendo el relato, o intentándolo, es increíble como, cuando al fin se encuentra un dato, automáticamente se dispara la maquinaria y uno empieza a ensamblar ese dato con otros datos que tiene en la cabeza -o en los papeles. Leyendo 1879 recordé que ese había sido el año en que a Gio Battista, el papá de Chaferlín, le habían expedido el certificato di buona condotta en Villafranca Piemonte, fechado en el mes de setiembre de ese año.
Con lo cual, si daba por cierta la información consignada en la planilla censal correspondiente al Primer Censo de la Provincia de Santa Fe del año 1887 (en el que Chaferlín aparece como nacido en Santa Fé, Argentina, y con 8 años), estaba semi confirmando dos cosas: por un lado, que era de nacionalidad argentina y no italiana, como parte de la familia aún supone y, segundo, que no encontrándolo nacido en el Pueblo de Montes de Oca (al menos no encontrándolo entre los Bautismos de la Parroquia de Nuestra Señora de la Merced), tenía que haber nacido en alguna parte del trayecto de la familia ya desembarcada en la Provincia y nuestro Pueblo.
A partir de ahí, todo fue cuestión de afinar el ojo (o la lupa) y empezar a sumar. Nótese que nada nos resulta fácil y nótese que en el citado censo la familia aparece censada bajo el apellido Julian. Bajo qué apellido y dónde aparecería registrado, entonces, el nacimiento de Chaferlín?
Para estas circunstancias, nada mejor que un mapa, y nada mejor que algo de conocimiento histórico para poder reconstruir el derrotero de los antepasados. En el caso, desde el desembarco hasta Colonia Caracciolo. Ayuda de Dios mediante, y de esta gente que trabaja para Family Search como voluntarios, digitalizando e indexando libros y registros en todo el mundo, dimos -al menos creemos tener buenas razones para considerar que de él se trata- con el bautizo de Chaferlín, documento que ahora compartimos con la familia.
Para todos, entonces, nada más contarles que Chaferlín fue bautizado en la Capilla de San Francisco de la Concepción, Distrito de Totoras, un 20 de enero del año 1880, figurando como fecha de nacimiento el 3 de diciembre del año 1879.
Por tanto, no podemos menos que imaginar a Maria Giuliano, en alta mar, con su panza de más de 6 meses, cercana a dar a luz ni bien desembarcara en suelo argentino.
Mis respetos a María: yo no sé si hubiera sido capaz de hacer lo que vos.
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Buscando descendientes de José Ma. SOLA
Hola!
Hemos escrito un par de líneas ya sobre el Maestro Solá de Montes de Oca. De esas líneas traigo a cuento unas hoy, tomadas de mano de otro Maestro de ese Pueblo, Don Jesús Villareal, que fuera Maestro de mi madre, así como Solá lo fue de mi abuela. Decía Villareal en 1943:
Sin embargo, a la hora de señalar ese deber, Villareal utiliza un 'deben' absoluto y actual. Como si los obligados moralmente ya estuvieran presentes, y a ellos, no a la posteridad, les estuviera hablando.
Es llamativo que este párrafo esté incluido en una columna intitulada: "El problema cultural de Montes de Oca"... En general, nada en toda la Revista sugiere que Montes de Oca tuviera problemas, excepto éste sobre el que Villareal no se extiende más.
Reconocer. Reconocer es una palabrita interesante. Para empezar es eso que los griegos llamaban un palíndromo. En cristiano: una palabra capicúa: una de esas que se leen igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda... Una palabra circular.
Pero, además de ser circular por ser palíndromo, reconocer es circular en su esencia: es repetir el acto de conocer, pero esta vez, saliéndonos de la cerrazón en la que se encuentra uno, que se cree centro, y abriéndose y encontrándose con el otro, el que, a su vez, nos devuelve conocimiento sobre nosotros mismos. Como un espejo.
Eso es lo que hizo Villareal: un acto de reconocimiento respecto de José Ma. Solá, pese a que él mismo comenta:
Como fuere, homenaje y reconocimiento, para cumplirle a Villareal, debieran ir de la mano. Homenaje es un acto solemne: un discurso emotivo, una placa, flores... Reconocimiento es eso y algo más. Quizá, examen de conciencia y contrición.
Hemos escrito un par de líneas ya sobre el Maestro Solá de Montes de Oca. De esas líneas traigo a cuento unas hoy, tomadas de mano de otro Maestro de ese Pueblo, Don Jesús Villareal, que fuera Maestro de mi madre, así como Solá lo fue de mi abuela. Decía Villareal en 1943:
"Como maestro me hago un deber en rendirle desde estas columnas, mi modesto homenaje anticipándome al que quizá algún día le rindan quienes deben hacerlo"¿En quién estaría pensando Villareal cuando, hace más de sesenta años, escribió esta frase? ¿Pensaría en la posteridad? Puede ser, porque habla de que, con el deber que él toma a su cargo, se anticipa a un homenaje, futuro y eventual... a cargo de otros diferentes a él mismo.
Sin embargo, a la hora de señalar ese deber, Villareal utiliza un 'deben' absoluto y actual. Como si los obligados moralmente ya estuvieran presentes, y a ellos, no a la posteridad, les estuviera hablando.
Es llamativo que este párrafo esté incluido en una columna intitulada: "El problema cultural de Montes de Oca"... En general, nada en toda la Revista sugiere que Montes de Oca tuviera problemas, excepto éste sobre el que Villareal no se extiende más.
Reconocer. Reconocer es una palabrita interesante. Para empezar es eso que los griegos llamaban un palíndromo. En cristiano: una palabra capicúa: una de esas que se leen igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda... Una palabra circular.
Pero, además de ser circular por ser palíndromo, reconocer es circular en su esencia: es repetir el acto de conocer, pero esta vez, saliéndonos de la cerrazón en la que se encuentra uno, que se cree centro, y abriéndose y encontrándose con el otro, el que, a su vez, nos devuelve conocimiento sobre nosotros mismos. Como un espejo.
Eso es lo que hizo Villareal: un acto de reconocimiento respecto de José Ma. Solá, pese a que él mismo comenta:
"...no son pocos los padres de familia de hoy, que en este pueblo pueden decir de su obra con más conocimientos que el que escribe, a travéz de lo que he podido recoger de boca de los propios beneficiados en este y otro pueblo..."Hoy, ya en el Centenario de su llegada al Pueblo, se aproxima la oportunidad de rendirle homenaje a Solá. Quizá el Día del Maestro. Quizá reencontrándonos con sus descendientes... aunque, hasta dónde sabemos José Ma. Solá no tuvo hijos... pero sí una hermana, de nombre Eulogia...Y toda una familia en Buenos Aires que, cuando gracias a la intervención del hermano de mi abuela Maria Vaieretti, tomó conocimiento del estado de salud del Maestro Solá, fueron a buscarlo a Montes de Oca y lo llevaron consigo de regreso a Buenos Aires.
Como fuere, homenaje y reconocimiento, para cumplirle a Villareal, debieran ir de la mano. Homenaje es un acto solemne: un discurso emotivo, una placa, flores... Reconocimiento es eso y algo más. Quizá, examen de conciencia y contrición.
Un bodrio giulianesco para pasar el rato
Acabo de leer un artículo en el que un pensador contemporáneo destaca la importancia de la información para la investigación seria... Por si acaso, les dejo el hipervínculo a la nota. Si bien parte de la exposición de Murmis gira en torno a darle de palos al INDEC... lo que dice Murmis en materia de datos es cierto, comparta uno (o no) su interpretación de lo que está pasando hoy con ese organismo.
Resumiendo: sin datos, no somos nada... O mejor: no hacemos nada de nada y menos aún en materia de ricerca genealógica.
Cuando uno se pone a cuestas esta tarea de recuperar del olvido a los antepasados, sea por causa del karma (para los que creen en el karma) o sea por causa de algún trastorno (para los que prefieren una explicación psicoanalítica)... uno...¿con qué se encuentra? Con un panorama deplorable, plagado de escasez: información incompleta, cuestionable y de difícil acceso.
Luego de clavarle los ojos a la pantalla del computador que nos está mostrando alguna de las pocas bases a las que se puede acceder en línea, uno vuelve otra vez a los pocos papeles que la familia supo conservar y los que uno pudo conseguir, casi suplicando a los ancestros que intermedien, para que se opere un milagro y la mente se ilumine.
Hasta puede que nos demos permiso para enojarnos y decir: "en fin, si no colaborás, la verdad, no te busco más".
El que pretende hacer genealogía así, termina exprimiendo de la información disponible hasta la última gota de conocimiento...
Como con nuestros Giuliano.
Mi bisabuelo Gio Battista no aparece en las entradas de inmigrantes. Causa?
Leemos:
Pero, superemos. ¿Qué sí sabemos? Sabemos que Gio Battista se estaba preparando para partir de Italia, rumbo a las Américas, hacia fines de 1879, porque le extendieron el Certificado de Buena Conducta en el mes de Setiembre. También sabemos que era residente de Villafranca Piemonte, dado que dicho documento se lo extendieron en esa comuna. También, que era agricultor y experto, dado que todos sus ancestros habían sido masseros, muchos de ellos bajo el manto protector de Staffarda...
Sabemos que Gio Battista llegó hacia fines de 1879 y, ni bien llegado, tuvo su primer hijo, Chiafredo Giuliano... el que sería abuelo del Orestín de Montes de Oca... Esto lo sabemos no porque alguien nos haya dicho la fecha de nacimiento del tal Chiafredo, sino porque algún santo operó un milagro y yo logré dar con Gio Battista en el Primer Censo de la Provincia de Santa Fé, pese a figurar como Batista de apellido y Julian de nombre... Y allí encontramos a su primer hijo, declarado nacido en Santa Fé, Argentina, año 1879.
Gracias al mismo Censo descubrimos que la primera esposa de Gio Battista falleció entre los años 1883 y 1887... dado que el segundo hijo, José Bautista, figura nacido en 1883, pero su padre aparece viudo para el Censo de 1887.
Como gracias a Malena de Bouquet sabíamos que José Bautista, su bisabuelo paterno, nació en marzo, deducimos que el matrimonio compuesto por Gio Battista, su esposa (que se dice era de nombre, Maria Giuliano) y sus dos hijos, transcurrieron hasta noviembre de 1883 un tiempo solos. Hasta que en ese mes arriba, el que con toda seguridad fuera su hermano mayor, Sebastiano, acompañado por sus tres hijos mayores, posiblemente su señora, Magdalena Cogno y seguramente el padre de Sebastiano y Gio Battista, Chiafredo Giuliano. Esto último lo sabemos gracias a las bases de la Fondazione Agnelli, que nos muestran a este trozo de la familia arribando a Argentina a bordo de la nave Leibnitz.
A la esposa de Chiafredo Giuliano (Caterina Bosio), aún no la hemos encontrado en los arribos. O viajó con su hijo Gio Battista... o figura mal registrada en las bases de arribos.
Volviendo al Censo de 1887, sabemos que Chiafredo y Caterina tuvieron 4 hijos... Al momento creemos haber descubierto una tercera hija, Beatriz Giuliano, a la que encontramos casi por milagro, porque en el Censo de 1887 figura como Gramallo, casada con José Gramaglia (que figura como Gramalla). Recién en el Censo de 1895 la encontramos con su apellido de soltera (figura como Giliano), mientras a su esposo lo encontramos como Gramalia... El cuarto hijo o hija es, todavía, incógnita.
Nuevamente por la Fondazione Agnelli sabemos que Beatríz llegó casada y con los primeros hijos nacidos en Italia, pero recién en 1886.
Es así como hoy sabemos que Chiafredo padre, Caterina Bosio, su hijo Gio Batista y su familia vivían todos en Colonia Caracciolo, Provincia de Santa Fé, patrones en su tierra y casi pegados a Beatriz, su esposo Gramaglia e hijos... y que también en Caracciolo vivían Sebastiano y familia...
La cosa se nos complica un poco con el Censo de 1895, porque mientras Gio Battista figura censado en Campo La Amistad (Tortugas), Beatríz y familia siguen en Caracciolo y Sebastiano Giuliano, por su parte, aparece en Las Rosas, población rural. Calculo que no es que hayan estado desplazándose. Calculo que, simplemente, la división administrativa más moderna terminó separando lo que se intentó mantener unido, pese al cambio de continente.
Cosas de la vida y de los funcionarios públicos.
Y para los Giuliano de Arequito: nosotros llegamos primero, a menos que me demuestren lo contrario, con papeles. Porque vuestros Giuliano llegaron recién en 1882. Pito catalán.
Resumiendo: sin datos, no somos nada... O mejor: no hacemos nada de nada y menos aún en materia de ricerca genealógica.
Cuando uno se pone a cuestas esta tarea de recuperar del olvido a los antepasados, sea por causa del karma (para los que creen en el karma) o sea por causa de algún trastorno (para los que prefieren una explicación psicoanalítica)... uno...¿con qué se encuentra? Con un panorama deplorable, plagado de escasez: información incompleta, cuestionable y de difícil acceso.
Luego de clavarle los ojos a la pantalla del computador que nos está mostrando alguna de las pocas bases a las que se puede acceder en línea, uno vuelve otra vez a los pocos papeles que la familia supo conservar y los que uno pudo conseguir, casi suplicando a los ancestros que intermedien, para que se opere un milagro y la mente se ilumine.
Hasta puede que nos demos permiso para enojarnos y decir: "en fin, si no colaborás, la verdad, no te busco más".
El que pretende hacer genealogía así, termina exprimiendo de la información disponible hasta la última gota de conocimiento...
Como con nuestros Giuliano.
Mi bisabuelo Gio Battista no aparece en las entradas de inmigrantes. Causa?
Leemos:
"Existe un período de tiempo (1872-1881) del que no se conservan registros"Y justo Gio Battista llegó en 1879... Y así con una serie de eventos de la vida familiar, como el fallecimiento de su padre, Chiaffredo (ver la sección lateral "Humor Genealógico), que por una u otra causa, no han quedado registrados en ninguna parte.
Pero, superemos. ¿Qué sí sabemos? Sabemos que Gio Battista se estaba preparando para partir de Italia, rumbo a las Américas, hacia fines de 1879, porque le extendieron el Certificado de Buena Conducta en el mes de Setiembre. También sabemos que era residente de Villafranca Piemonte, dado que dicho documento se lo extendieron en esa comuna. También, que era agricultor y experto, dado que todos sus ancestros habían sido masseros, muchos de ellos bajo el manto protector de Staffarda...
Sabemos que Gio Battista llegó hacia fines de 1879 y, ni bien llegado, tuvo su primer hijo, Chiafredo Giuliano... el que sería abuelo del Orestín de Montes de Oca... Esto lo sabemos no porque alguien nos haya dicho la fecha de nacimiento del tal Chiafredo, sino porque algún santo operó un milagro y yo logré dar con Gio Battista en el Primer Censo de la Provincia de Santa Fé, pese a figurar como Batista de apellido y Julian de nombre... Y allí encontramos a su primer hijo, declarado nacido en Santa Fé, Argentina, año 1879.
Gracias al mismo Censo descubrimos que la primera esposa de Gio Battista falleció entre los años 1883 y 1887... dado que el segundo hijo, José Bautista, figura nacido en 1883, pero su padre aparece viudo para el Censo de 1887.
Como gracias a Malena de Bouquet sabíamos que José Bautista, su bisabuelo paterno, nació en marzo, deducimos que el matrimonio compuesto por Gio Battista, su esposa (que se dice era de nombre, Maria Giuliano) y sus dos hijos, transcurrieron hasta noviembre de 1883 un tiempo solos. Hasta que en ese mes arriba, el que con toda seguridad fuera su hermano mayor, Sebastiano, acompañado por sus tres hijos mayores, posiblemente su señora, Magdalena Cogno y seguramente el padre de Sebastiano y Gio Battista, Chiafredo Giuliano. Esto último lo sabemos gracias a las bases de la Fondazione Agnelli, que nos muestran a este trozo de la familia arribando a Argentina a bordo de la nave Leibnitz.
A la esposa de Chiafredo Giuliano (Caterina Bosio), aún no la hemos encontrado en los arribos. O viajó con su hijo Gio Battista... o figura mal registrada en las bases de arribos.
Volviendo al Censo de 1887, sabemos que Chiafredo y Caterina tuvieron 4 hijos... Al momento creemos haber descubierto una tercera hija, Beatriz Giuliano, a la que encontramos casi por milagro, porque en el Censo de 1887 figura como Gramallo, casada con José Gramaglia (que figura como Gramalla). Recién en el Censo de 1895 la encontramos con su apellido de soltera (figura como Giliano), mientras a su esposo lo encontramos como Gramalia... El cuarto hijo o hija es, todavía, incógnita.
Nuevamente por la Fondazione Agnelli sabemos que Beatríz llegó casada y con los primeros hijos nacidos en Italia, pero recién en 1886.
Es así como hoy sabemos que Chiafredo padre, Caterina Bosio, su hijo Gio Batista y su familia vivían todos en Colonia Caracciolo, Provincia de Santa Fé, patrones en su tierra y casi pegados a Beatriz, su esposo Gramaglia e hijos... y que también en Caracciolo vivían Sebastiano y familia...
La cosa se nos complica un poco con el Censo de 1895, porque mientras Gio Battista figura censado en Campo La Amistad (Tortugas), Beatríz y familia siguen en Caracciolo y Sebastiano Giuliano, por su parte, aparece en Las Rosas, población rural. Calculo que no es que hayan estado desplazándose. Calculo que, simplemente, la división administrativa más moderna terminó separando lo que se intentó mantener unido, pese al cambio de continente.
Cosas de la vida y de los funcionarios públicos.
Y para los Giuliano de Arequito: nosotros llegamos primero, a menos que me demuestren lo contrario, con papeles. Porque vuestros Giuliano llegaron recién en 1882. Pito catalán.
Montes de Oca, Provincia de Santa Fé. Un desafío.
Una genealogía, un pueblo. ¿Por qué no? ¿Por qué no animarse y hacer punta siendo uno de los primeros pueblos en Argentina (anque en el mundo) en tener sus orígenes documentados a través de la ricerca genealógica?
¿Por qué no? Yo también me lo pregunto, aunque creo que lo mejor sería preguntarse: ¿por qué si?.
Porque sí. Porque vale la pena y no acarrea demasiada, al contrario. Podríamos hacerlo si un par se pusieran las pilas y convocaran a sus allegados. Podríamos hacerlo si viéramos todas las posibilidades que tiene el proyecto.
Altroqué podríamos hacerlo, como decían nuestros abuelos y aún se sigue diciendo en el pago... Pero no lo hacemos. Qué pena; sería un buen modo de preservar nuestra historia y la memoria viva... mientras queda. Sería un buen modo de estrechar lazos. Hasta sería un buen modo de hacer campaña pro Montes de Oca...
La base está: tenemos ya un buen número de apellidos vinculados a nuestro árbol familiar que crece y se expande de modo descontrolado. Tenemos Giuliano, tenemos Marconetto... Pero también tenemos Vaieretti y Palmero. Y Bruera y Bertino. Y Ribotta. Y Ramello... Beccaria, Bertero... Bello... Berchielli, Suppo... Boetto, Marucco, Botta, Cacciabue, Cardonato, Corneli, Dardanelli, Dietschi, Musso, Elli, Serra, Ferrero, Ferrato, Ferro... Grasso, Stalder... Los Nova! Los Re... Los Rossia... Los Toia... Los San Pietro... Y que no me olvide de los Crosetti... Y los que de seguro podrían sumarse por causa de matrimonio...
Yo creo que cualquier monteoquense que recuerde el nombre de su abuelo y de su bis, hoy por hoy, está en condiciones de engancharse al árbol sin mayores complicaciones...
Ojalá alguien escuche la propuesta y se enganche. Las construcciones colectivas son siempre interesantes y valiosas.
En todo caso: quizá la idea le sirva a algún otro paisano, en alguna otra parte del mundo. Cuenten con nuestra ayuda, si cabe.
¿Por qué no? Yo también me lo pregunto, aunque creo que lo mejor sería preguntarse: ¿por qué si?.
Porque sí. Porque vale la pena y no acarrea demasiada, al contrario. Podríamos hacerlo si un par se pusieran las pilas y convocaran a sus allegados. Podríamos hacerlo si viéramos todas las posibilidades que tiene el proyecto.
Altroqué podríamos hacerlo, como decían nuestros abuelos y aún se sigue diciendo en el pago... Pero no lo hacemos. Qué pena; sería un buen modo de preservar nuestra historia y la memoria viva... mientras queda. Sería un buen modo de estrechar lazos. Hasta sería un buen modo de hacer campaña pro Montes de Oca...
La base está: tenemos ya un buen número de apellidos vinculados a nuestro árbol familiar que crece y se expande de modo descontrolado. Tenemos Giuliano, tenemos Marconetto... Pero también tenemos Vaieretti y Palmero. Y Bruera y Bertino. Y Ribotta. Y Ramello... Beccaria, Bertero... Bello... Berchielli, Suppo... Boetto, Marucco, Botta, Cacciabue, Cardonato, Corneli, Dardanelli, Dietschi, Musso, Elli, Serra, Ferrero, Ferrato, Ferro... Grasso, Stalder... Los Nova! Los Re... Los Rossia... Los Toia... Los San Pietro... Y que no me olvide de los Crosetti... Y los que de seguro podrían sumarse por causa de matrimonio...
Yo creo que cualquier monteoquense que recuerde el nombre de su abuelo y de su bis, hoy por hoy, está en condiciones de engancharse al árbol sin mayores complicaciones...
Ojalá alguien escuche la propuesta y se enganche. Las construcciones colectivas son siempre interesantes y valiosas.
En todo caso: quizá la idea le sirva a algún otro paisano, en alguna otra parte del mundo. Cuenten con nuestra ayuda, si cabe.
Montes de Oca: un pueblo con historia
Cuando comenzamos nuestra ricerca genealógica, nuestras expectativas eran muy modestas... se reducían a un intento de reconstruir la historia familiar que había sido expoliada en lo documental, a partir de la memoria materna.Hace menos de un año decidimos compartir el fruto de nuestra investigación a través de internet. Nos pareció un modo de ayudar a otros que, además de compartir las mismas inquietudes, pudieran encontrarse en la misma situación que nos encontrábamos nosotros al comienzo de esta historia.
En estos días, personas que aprecian el trabajo realizado, nos han hecho notar que nuestro árbol ha trascendido la familia directa. Si esta afirmación es cierta respecto de todas las ramas en nuestro árbol, lo es muy particularmente;respecto del lado materno de mi familia: más que un árbol de los Giuliano de Montes de Oca, nuestro árbol evidencia vocación de transformarse en un mapa familiar de las primeras familias monteoquenses... Lo cual, de lograrse, sería maravilloso.
Montes de Oca, nuestro querido pueblo, lugar natal de Nelly Giuliano, no ha tenido ni tiene hasta el momento, un sitio propio en internet en donde se comparta esta clase de enfoque, que tanto se propugna, como modo alternativo y novedoso de encarar la reconstrucción de la historia de una comunidad. No a través del relato oficial de la vida de un pueblo, sino a través del relato individual y familiar de las historias vividas, cuya sumatoria logra pintar un panorama social e histórico rico en experiencia y sentimientos.Muchos se preguntarán el por qué de la imagen que acompaña este post, la del Maestro Solá... Hace tiempo dedicamos uno a mencionarlo. Hoy, al escribir estos párrafos, recodamos una anécdota que nos compartiera Ferdi Bello, con relación a los últimos años de este Maestro. Al parecer, ya enfermo, Solá no quería que su familia en Buenos Aires, supiera de su estado. Una persona, emparentada a la rama de nuestros Vaieretti, muy preocupada por su situación, en oportundad de un viaje a Buenos Aires ubicó a esta familia (muy acaudalada por cierto), y les informó del caso. Fue así como un buen día apareció en Montes de Oca una extensa comitiva de parientes porteños de Solá, a prestarle su asistencia y, dadas las circunstancias, llevarlo de regreso a su hogar familiar.
Estas son historias de vida de personajes que, más que importantes, han sido decisivos en la vida de nuestro pueblo. Estamos convencidos de que es una pena que se pierdan.
Sirva esto para simbolizar lo que pretendemos lograr con este espacio. Sumar voluntades, para que la historia viva, siga así por mucho tiempo. Lo actual, lo reciente, la última novedad social en una comunidad es importante porque hace a nuestra vida cotidiana.
Sin embargo, sería bueno que dejemos algún espacio, también, para recordar a los que nos permitieron llegar al día de hoy.
Invitamos a todos los que compartan este sentir a sumarse a esto que, desde un principio, ha tenido vocación de ser una creación colectiva.
Hay varios post que hemos dedicado a la historia del Pueblo de Montes de Oca. Pueden consultar algunos referidos a los apellidos más antiguos presentes en la zona, aquí y aquí.
Los que estén interesados pueden dejar sus comentarios, aquí en el blog o escribirnos a giulianovai@hotmail.com.
Marchisio: otra rama perdida, al menos hasta ahora
Hoy nos proponemos dar con los descendientes de Alfredo y Lorenzo Marchisio, hijos de Giovani Marchisio y de María Marconetto. No sabemos qué fue de la vida de estos parientes. Sí sabemos que su hermana, Rosa Marchisio, casó con un tal Emilio Corneli, cuyos hijos tenemos cargados ya en el árbol junto con alguno de los descendientes de Rosa y Emilio.
Sobre Alfredo y Lorenzo creemos que nacieron en Italia en la Provincia de Cuneo. También creemos haberlos encontrado solteros y viviendo ya sin sus padres, en el Censo de 1895, en los alrededores del Pueblo de Montes de Oca, Provincia de Santa Fé. Hasta donde sabemos, luego se habrían trasladado a General Roca (entendemos, Provincia de Córdoba).
Estaríamos muy felices si, a través de este medio, pudiéramos dar con sus descendientes y sumarlos a nuestra familia.
Sobre Alfredo y Lorenzo creemos que nacieron en Italia en la Provincia de Cuneo. También creemos haberlos encontrado solteros y viviendo ya sin sus padres, en el Censo de 1895, en los alrededores del Pueblo de Montes de Oca, Provincia de Santa Fé. Hasta donde sabemos, luego se habrían trasladado a General Roca (entendemos, Provincia de Córdoba).
Estaríamos muy felices si, a través de este medio, pudiéramos dar con sus descendientes y sumarlos a nuestra familia.
Nacimiento: un reconocimiento a la familia Micheloni
Hola amigos. Simplemente para contarles que, gracias a internet y gracias a esto de los blogs, nuestra familia ha retomado contacto con una rama del árbol que creo dejó de verse allá por la década del cincuenta... Increible.
Increible, no tanto el reencuentro sino más bien la pérdida del contacto. O más que increible... iba a decir inexplicable. Pero tampoco me sirve esta palabra. Porque explicaciones para todo hay. La distancia física. El transcurso del tiempo. Las cosas que le van sucediendo a la gente.
Más que nada, el debilitamiento de los lazos familiares.
Una y otra vez vuelvo a lo mismo. Así que no voy a insistir con esto. Nomás compartir la cara que pone hija cuando mira el árbol y dice: ¿todos éstos son tus parientes? Míos y tuyos, le digo. Y entonces me quedo mirando la pantalla y pienso, con todo respeto realmente: hemos parido este árbol.
Es gracioso, porque la palabra pariente, me fijo y comparte la misma familia etimológica que la del verbo parir, engendrar... Somos parientes porque nuestros ancestros parieron, generación tras generación, hijos hasta llegar a nosotros. Pero también somos parientes porque decidimos parir, en un sentido más voluntarioso y personal, nuestra propia vinculación con el resto de la descendencia que se mantiene viva.
Con los Micheloni, nos acaba de pasar eso. Acabamos de parir, o dar nuevamente a luz, nuestro parentesco. No se sientan obligados a enviar regalitos de recién nacido... Sí aceptamos felicitaciones y buenos deseos. Estos últimos, en particular, nunca están demás.
Increible, no tanto el reencuentro sino más bien la pérdida del contacto. O más que increible... iba a decir inexplicable. Pero tampoco me sirve esta palabra. Porque explicaciones para todo hay. La distancia física. El transcurso del tiempo. Las cosas que le van sucediendo a la gente.
Más que nada, el debilitamiento de los lazos familiares.
Una y otra vez vuelvo a lo mismo. Así que no voy a insistir con esto. Nomás compartir la cara que pone hija cuando mira el árbol y dice: ¿todos éstos son tus parientes? Míos y tuyos, le digo. Y entonces me quedo mirando la pantalla y pienso, con todo respeto realmente: hemos parido este árbol.
Es gracioso, porque la palabra pariente, me fijo y comparte la misma familia etimológica que la del verbo parir, engendrar... Somos parientes porque nuestros ancestros parieron, generación tras generación, hijos hasta llegar a nosotros. Pero también somos parientes porque decidimos parir, en un sentido más voluntarioso y personal, nuestra propia vinculación con el resto de la descendencia que se mantiene viva.
Con los Micheloni, nos acaba de pasar eso. Acabamos de parir, o dar nuevamente a luz, nuestro parentesco. No se sientan obligados a enviar regalitos de recién nacido... Sí aceptamos felicitaciones y buenos deseos. Estos últimos, en particular, nunca están demás.
Sobre las malas palabras y las vacas en el campo de los Giuliano
Este post está dedicado a todos los que en algún momento han sentido ganas de lanzar un improperio pero se han sofrenado, para no pasar por mal hablados.
A ellos les voy a compartir la expresión que utilizaba mi abuelo Giuliano en esas ocasiones. El decía, por lo bajo: ¡Porca vaca empestada!.
Era raro escuchar a mi abuelo decir malas palabras. En realidad, era raro escucharlo hablar. Mi abuelo era un hombre muy bueno, muy sociable, dado a cantar y bailar, pero de muy pocas palabras en momentos de enojo. De hecho, gran parte de sus procesiones iban por dentro y se le terminaban congestionando todas en el estómago. Como el tráfico en una rotonda. Cuestión que el abuelo Giuliano tenía que ponerse a masajearlas, para que cada una tomara su rumbo, lo más pacíficamente posible.
La vaca empestada era la única válvula de escape que se permitía.
Yo no conocí a mi abuelo, pero siempre me dio mucha gracia esto de que manifestara sus exabruptos aludiendo a una vaca.
Con el tiempo fui entendiendo algo del tema. El caso es que las vacas empestadas eran todo un tema en el campo.
Gracias a Dios existían por ese entonces personajes como el Ñaña, amigo de Don Ciríaco y Doña Virginia, los que vivían al lado de Villa Edith antes de que se mudaran Guillermo y su señora Celia... El Ñana y Don Ciríaco eran criollos, hombres de a caballo que, además de tomar mate en la enramada del fondo de la casa, tenían sus contactos.
Entre ellos, el Criollo que andaba por los campos, curandero de animales y de personas, que no cobraba nada por sus trabajos, excepto quizá la propina que los gringos quisieran acercarle.
Una vaca empestada es, sencillamente, uno de los tantos animales que padecían el agusanamiento de heridas en el cuero. Quizá por la mordida de otro animal. Quizá por haberse lastimado contra el alambrado.
El caso es que el Criollo venía y curaba a los animales de palabra. Se paraba enfrente y, sin tocarlos, murmuraba, quizá rezando, vaya Cristo a saber qué. Y entonces los gusanos se despegaban e iban cayendo uno a uno contra el suelo.
Pero el Criollo no sólo hacía esto. Su accionar más destacado era arriar la manga de langostas. El buen hombre preguntaba a qué lugar prefería el chacarero que se las dirigiera. Por lo general se las mandaba a un potrero, lleno de barro y bosta. Entonces el hombre se paraba frente al campo infectado, decía sus palabras, y las langostas se trasladaban, como las ovejas en la película de Babe, el Chanchito Valiente, abandonando el campo de alfalfa o el del trigo recién crecido y se iban, suave y obedientemente, al potrero.
Allí se las eliminaba, con defensas y fuego. De esto se encargaba, por supuesto, el langostero científico, hombre que enviaba el gobierno para hacer el trabajo sucio con las langostas.
Todo esto pasaba en el pequeño pueblo de Montes de Oca, Provincia de Santa Fé, hace más de setenta años.
Ya nadie recuerda el nombre del Criollo. Y en poco tiempo, ya nadie va a recordar que hubo una vez en que los gringos tenían vacas en el campo.
Una época en que los gusanos y las langostas eran obedientes. No había soja, ni transgénicos, ni agroquímicos, ni defoliantes, ni Monsantos, ni pulles... El mundo, hasta donde puedo ver, era un lugar mucho mejor y la gente, también.
Quizá, porque el gringo creía. En el Criollo, en el trabajo, en el esfuerzo. No estaba tan preocupado por si ese año iba a poder visitar dos veces, o sólo una, Disney. Ustedes dirán: es que no había Disney adónde ir. Igual, yo creo que muchas ganas de viajar no debían tener. Recién habían desembarcado y había que ponerse a laburar.
A ellos les voy a compartir la expresión que utilizaba mi abuelo Giuliano en esas ocasiones. El decía, por lo bajo: ¡Porca vaca empestada!.
Era raro escuchar a mi abuelo decir malas palabras. En realidad, era raro escucharlo hablar. Mi abuelo era un hombre muy bueno, muy sociable, dado a cantar y bailar, pero de muy pocas palabras en momentos de enojo. De hecho, gran parte de sus procesiones iban por dentro y se le terminaban congestionando todas en el estómago. Como el tráfico en una rotonda. Cuestión que el abuelo Giuliano tenía que ponerse a masajearlas, para que cada una tomara su rumbo, lo más pacíficamente posible.
La vaca empestada era la única válvula de escape que se permitía.
Yo no conocí a mi abuelo, pero siempre me dio mucha gracia esto de que manifestara sus exabruptos aludiendo a una vaca.
Con el tiempo fui entendiendo algo del tema. El caso es que las vacas empestadas eran todo un tema en el campo.
Gracias a Dios existían por ese entonces personajes como el Ñaña, amigo de Don Ciríaco y Doña Virginia, los que vivían al lado de Villa Edith antes de que se mudaran Guillermo y su señora Celia... El Ñana y Don Ciríaco eran criollos, hombres de a caballo que, además de tomar mate en la enramada del fondo de la casa, tenían sus contactos.
Entre ellos, el Criollo que andaba por los campos, curandero de animales y de personas, que no cobraba nada por sus trabajos, excepto quizá la propina que los gringos quisieran acercarle.
Una vaca empestada es, sencillamente, uno de los tantos animales que padecían el agusanamiento de heridas en el cuero. Quizá por la mordida de otro animal. Quizá por haberse lastimado contra el alambrado.
El caso es que el Criollo venía y curaba a los animales de palabra. Se paraba enfrente y, sin tocarlos, murmuraba, quizá rezando, vaya Cristo a saber qué. Y entonces los gusanos se despegaban e iban cayendo uno a uno contra el suelo.
Pero el Criollo no sólo hacía esto. Su accionar más destacado era arriar la manga de langostas. El buen hombre preguntaba a qué lugar prefería el chacarero que se las dirigiera. Por lo general se las mandaba a un potrero, lleno de barro y bosta. Entonces el hombre se paraba frente al campo infectado, decía sus palabras, y las langostas se trasladaban, como las ovejas en la película de Babe, el Chanchito Valiente, abandonando el campo de alfalfa o el del trigo recién crecido y se iban, suave y obedientemente, al potrero.
Allí se las eliminaba, con defensas y fuego. De esto se encargaba, por supuesto, el langostero científico, hombre que enviaba el gobierno para hacer el trabajo sucio con las langostas.
Todo esto pasaba en el pequeño pueblo de Montes de Oca, Provincia de Santa Fé, hace más de setenta años.
Ya nadie recuerda el nombre del Criollo. Y en poco tiempo, ya nadie va a recordar que hubo una vez en que los gringos tenían vacas en el campo.
Una época en que los gusanos y las langostas eran obedientes. No había soja, ni transgénicos, ni agroquímicos, ni defoliantes, ni Monsantos, ni pulles... El mundo, hasta donde puedo ver, era un lugar mucho mejor y la gente, también.
Quizá, porque el gringo creía. En el Criollo, en el trabajo, en el esfuerzo. No estaba tan preocupado por si ese año iba a poder visitar dos veces, o sólo una, Disney. Ustedes dirán: es que no había Disney adónde ir. Igual, yo creo que muchas ganas de viajar no debían tener. Recién habían desembarcado y había que ponerse a laburar.
El círculo y el fuego
En el comedor de Villa Edith funcionaba la sala de los cuadros, el lugar de la casa en que se exhibían los retratos de familia.
Gracias a esta sala, los antepasados y los presentes podían compartir, todos en derredor, la misma mesa larga (esa, la de cedro, la que tenía como tres metros de largo y dos cajones inmensos para guardar la ropa de mesa). Marcando su contorno, doce sillas de palitos y esterilla, esperan siempre la llegada de comensales.
Mi mamá comienza por el retrato de José Giuliano, el menor de los hijos del primer matrimonio del bisabuelo Bautista. José se ubica a la izquierda de la puerta de entrada al comedor. Del otro lado de la puerta y de bodas, Isabel y Sebastián (el hermano mayor del abuelo Juan Giuliano), observan la mesa desde el otro lado del ingreso.
Siguiendo hacia la ventana que da al frente con sus celosías y sus visillos, los papás de la abuela María: a la izquierda, Gerónimo Vaieretti y a la derecha Dominga Palmero, justo junto al trinchante de la licorera y la frutera de cristal.
Ya de frente a la puerta del comedor nos miran el bisabuelo Bautista Giuliano y su segunda esposa, madre de Juan y Sebastián: María Marconetto. Es gracioso: María Marconetto se observa desde allí a sí misma, ya anciana y casi ciega, atravesando el comedor para ir a probar los postres que esperan enfriarse sobre la mesada del trinchante. Pero a ella le cuesta esperar... aunque lo dulce queme un poco.
En la pared que enfrenta la ventana, pasando el cristalero alto y entre la puerta que da a la cocina y la caja fuerte, los propios nonos, Juan y María, también de bodas, cerrando el círculo con Isabel y Sebastián.
Todos engalanados con marcos de craquelé en oro y paspatús para igualar tamaño.
Este espacio de encuentro entre las generaciones perdura en la mente de mi madre hasta el día de hoy. Pero en el mundo real se diluyó con la venta de Villa Edith, una vez fallecida la abuela María.
La historia cuenta que el abuelo cargó con todo y se trasladó a vivir con su hijo y sus nietos, todos de regreso a la chacra. Allí, mientras vivió, habrá intentado un tiempo recrear la magia. Pero su casa ya no era la suya, y estaba solo. Sin la fuerza de María. Así que, al tiempo, él también partió.
El círculo perfecto, custodio de la mesa y de la familia, no logró superar el trance.
La historia sigue diciendo que sus rostros ardieron, junto con el craquelé y el paspartú, y el contenido de la caja fuerte, expoliado (entre Cristo sabe qué otras tantas cosas).
Dice una antigua balada española:
Habrán querido los abuelos y los bis, que aquel fuego que contribuyeron a alimentar, con sus retratos y posesiones, no haya sido un fuego para nada. Ojalá haya servido o sirva para brindarle luz a quién, evidentemente, se encontraba en tinieblas.
Nosotros, con el tiempo, hemos intentado recrear el círculo. La mesa es otra, los cuadros ya no tienen craquelé, y algunos rostros siguen en incógnita. Pero el espíritu del círculo sigue intacto.
Gracias a esta sala, los antepasados y los presentes podían compartir, todos en derredor, la misma mesa larga (esa, la de cedro, la que tenía como tres metros de largo y dos cajones inmensos para guardar la ropa de mesa). Marcando su contorno, doce sillas de palitos y esterilla, esperan siempre la llegada de comensales.
Mi mamá comienza por el retrato de José Giuliano, el menor de los hijos del primer matrimonio del bisabuelo Bautista. José se ubica a la izquierda de la puerta de entrada al comedor. Del otro lado de la puerta y de bodas, Isabel y Sebastián (el hermano mayor del abuelo Juan Giuliano), observan la mesa desde el otro lado del ingreso.
Siguiendo hacia la ventana que da al frente con sus celosías y sus visillos, los papás de la abuela María: a la izquierda, Gerónimo Vaieretti y a la derecha Dominga Palmero, justo junto al trinchante de la licorera y la frutera de cristal.
Ya de frente a la puerta del comedor nos miran el bisabuelo Bautista Giuliano y su segunda esposa, madre de Juan y Sebastián: María Marconetto. Es gracioso: María Marconetto se observa desde allí a sí misma, ya anciana y casi ciega, atravesando el comedor para ir a probar los postres que esperan enfriarse sobre la mesada del trinchante. Pero a ella le cuesta esperar... aunque lo dulce queme un poco.
En la pared que enfrenta la ventana, pasando el cristalero alto y entre la puerta que da a la cocina y la caja fuerte, los propios nonos, Juan y María, también de bodas, cerrando el círculo con Isabel y Sebastián.
Todos engalanados con marcos de craquelé en oro y paspatús para igualar tamaño.
Este espacio de encuentro entre las generaciones perdura en la mente de mi madre hasta el día de hoy. Pero en el mundo real se diluyó con la venta de Villa Edith, una vez fallecida la abuela María.
La historia cuenta que el abuelo cargó con todo y se trasladó a vivir con su hijo y sus nietos, todos de regreso a la chacra. Allí, mientras vivió, habrá intentado un tiempo recrear la magia. Pero su casa ya no era la suya, y estaba solo. Sin la fuerza de María. Así que, al tiempo, él también partió.
El círculo perfecto, custodio de la mesa y de la familia, no logró superar el trance.
La historia sigue diciendo que sus rostros ardieron, junto con el craquelé y el paspartú, y el contenido de la caja fuerte, expoliado (entre Cristo sabe qué otras tantas cosas).
Dice una antigua balada española:
"...Se ven luegoEl fuego es cosa rara. Los hay sacros; los hay fatuos. Los hay de artificio y de entretenimiento, así como los hay para el castigo y el tormento. Accidentales y deliberados... Llamas que devoran y llamas benévolas, que iluminan y dan calor.
las cenizas, apagadas acaso con triste lloro,
de aquel fuego..."
Habrán querido los abuelos y los bis, que aquel fuego que contribuyeron a alimentar, con sus retratos y posesiones, no haya sido un fuego para nada. Ojalá haya servido o sirva para brindarle luz a quién, evidentemente, se encontraba en tinieblas.
Nosotros, con el tiempo, hemos intentado recrear el círculo. La mesa es otra, los cuadros ya no tienen craquelé, y algunos rostros siguen en incógnita. Pero el espíritu del círculo sigue intacto.
Margarita Bruera, una hija más
Los Bruera están emparentados con nuestra familia por el lado de los Vaieretti.
Resulta que Teresa Vaieretti era medio hermana de mi abuela María Vaieretti por el lado de su madre, Dominga Palmero, casada en primeras nupcias con Félix Vaieretti.
La tal Teresa, que era bastante mayor que mi abuela, casó con un Bruera, de nombre Domingo. Tuvieron una hija, a la que llamaron Margarita.
Margarita era pues, medio sobrina de mi abuela María.
Domingo Bruera tenía un hermano, Gabriel Bruera, que vivía en Las Rosas, cuya hija se llamaba Selene.
Teresa murió al dar a luz a Margarita. Y Domingo, que a todas luces no podemos comparar con mi bisabuelo Gerónimo, en lugar de enseñar a su hija a cocinar y coser, la puso de boyero en la chacra.
Llegado a oídos de mi abuela esta situación, partió presta rumbo a La Cañada, encontrándose con Margarita en estado tal, que prácticamente no la reconoció. Margarita (que sería una preadolescente) parecía un varoncito, y de esos bien pobres y mal entrazados.
A decir verdad, Domingo se había vuelto a casar -hasta aquí cierto paralelo con el cuento de la Cenicienta- y poco tiempo dedicaba a Margarita.
María, que no podía con el genio (y ciertamente no creo que hiciera mucho para torcer su naturaleza), decidida a cambiar en algo la suerte de su medio sobrina, propuso a Domingo criar a su hija, llevándosela para Montes de Oca.
Así es que Margarita pudo disfrutar de unos buenos años de vida, como una hija más, recuperando el aspecto de señorita y aprendiendo cosas que, en aquélla época, hacían las delicias de las mujeres: por ejemplo, bordar su ajuar y a aprender a coser con Delia Odetto, con quién se cosió su propio vestido de novia.
Margarita casó con un tal Maino de General Roca, pero hasta ese momento, compartió la casa con la familia de mi abuela. Instalados en Jesús María (Provincia de Córdoba), a dicha no la acompañó en este matrimonio, pero eso ya excedía la capacidad de mi abuela para torcer el destino de las personas. Su marido la dejó, sin hijos, y, aunque varias veces visitó a mi abuela en Montes de Oca, fallecida ésta, perdimos su rastro.
De vivir, hoy Margarita tendría como noventa años.
Resulta que Teresa Vaieretti era medio hermana de mi abuela María Vaieretti por el lado de su madre, Dominga Palmero, casada en primeras nupcias con Félix Vaieretti.
La tal Teresa, que era bastante mayor que mi abuela, casó con un Bruera, de nombre Domingo. Tuvieron una hija, a la que llamaron Margarita.
Margarita era pues, medio sobrina de mi abuela María.
Domingo Bruera tenía un hermano, Gabriel Bruera, que vivía en Las Rosas, cuya hija se llamaba Selene.
Teresa murió al dar a luz a Margarita. Y Domingo, que a todas luces no podemos comparar con mi bisabuelo Gerónimo, en lugar de enseñar a su hija a cocinar y coser, la puso de boyero en la chacra.
Llegado a oídos de mi abuela esta situación, partió presta rumbo a La Cañada, encontrándose con Margarita en estado tal, que prácticamente no la reconoció. Margarita (que sería una preadolescente) parecía un varoncito, y de esos bien pobres y mal entrazados.
A decir verdad, Domingo se había vuelto a casar -hasta aquí cierto paralelo con el cuento de la Cenicienta- y poco tiempo dedicaba a Margarita.
María, que no podía con el genio (y ciertamente no creo que hiciera mucho para torcer su naturaleza), decidida a cambiar en algo la suerte de su medio sobrina, propuso a Domingo criar a su hija, llevándosela para Montes de Oca.
Así es que Margarita pudo disfrutar de unos buenos años de vida, como una hija más, recuperando el aspecto de señorita y aprendiendo cosas que, en aquélla época, hacían las delicias de las mujeres: por ejemplo, bordar su ajuar y a aprender a coser con Delia Odetto, con quién se cosió su propio vestido de novia.
Margarita casó con un tal Maino de General Roca, pero hasta ese momento, compartió la casa con la familia de mi abuela. Instalados en Jesús María (Provincia de Córdoba), a dicha no la acompañó en este matrimonio, pero eso ya excedía la capacidad de mi abuela para torcer el destino de las personas. Su marido la dejó, sin hijos, y, aunque varias veces visitó a mi abuela en Montes de Oca, fallecida ésta, perdimos su rastro.
De vivir, hoy Margarita tendría como noventa años.
De Echesortu a Larrechea: un camino de doble mano
Siempre me llamó la atención el nombre de Colonia Caracciolo. Durante mucho tiempo pensé que Caracciolo debía haber sido apellido de alguno de los primeros inmigrantes italianos al que se había querido honrar poniéndole su apellido al paraje... Pero no. Estaba equivocada. No sólo Caracciolo no correspondía a un apellido, sino que tampoco correspondía al nombre de un inmigrante, al menos no a uno proveniente de Italia.
Caracciolo fue nombrada así en honor a un Caracciolo de apellido Larrechea.
La primera vez que leí esto no me llamó particularmente la atención. Fue con el tiempo, y algo más de lectura, circunvalando por el lado de Ciro Echesortu, el escribano del Rosario que realizó el loteo y venta de los terrenos del actual Pueblo Montes de Oca, que empecé a sonreir frente a la pantalla. El apellido Larrechea me sonaba. Así es: Larrechea era la famosa Hortensia, casada con Ciro...
Pero: ¿qué relación unía a Hortensia con Caracciolo?... Sabíamos que éste último había sido hijo de Pedro Tomás Larrechea (1776-1858), quien se desempañara como Gobernador interino de la Provincia de Santa Fé en 1815 y varias veces delegado del Gobernador Estanislao López.
En 1833 Don Pedro se retiró de la vida pública. Según Wikipedia :) pasó a estar "sostenido económicamente por los negocios de su hijo Caracciolo Larrechea, que más tarde se unió a los unitarios".
Bien. Pero ¿y Hortensia?
La genealogía de Hortensia fue más difícil. Hasta que se me ocurrió echar un vistazo al Censo Nacional de 1869. Alegremente la encontramos con 8 años, viviendo en Rosario. Y, para nuestra sorpresa, con un montón de hermanos, incluido uno de nombre... Caracciolo. Lamentablemente no aparecía en la planilla censal ningún adulto a cargo de los párvulos; no al menos ninguno de apellido Larrechea, ni tampoco de apellido Vera Mujica y Pintado, que por ahí habíamos leído era el apellido de la esposa de Pedro Larrechea.
No encontrar a Pedro era lógico, puesto que para el censo de 1869 ya estaba fallecido... Pero ¿y la madre también? ¿Con quién habían quedado los pequeños Larrechea?
Habiendo llegado a un aparente callejón, continuamos la búsqueda de los Larrechea y sus andanzas inmobiliarias por Santa Fé, hasta que, de pronto, nos encontramos con esta página de Zingerling, en la que nos relata la historia del llamado Paraje de Mihura y de cómo en el año 1864 un tal Julián de Bustinza había sido nombrado por el Juez de Paz para practicar la mensura y deslinde de terrenos que fueran de Don Pedro de Larrechea... Entonces, cuando leí de Bustinza, me acordé. Y volví a mirar el censo. Ahí estaban, en la planilla censal anterior a la que contenía la nómina de hijos de Larrechea, Julian de Bustinza y Clodomira de Bustinza...
Pero: ¿quiénes eran ambos para haber quedado a cargo de esos niños? Y: ¿por qué además estaba a cargo de hacer estas diligencias judiciales para la familia Larrechea? (incluidas las de Caracciolo Larrechea y las de su señora esposa, Mercedes Larrechea)
Llegar a esta respuesta no fue sencillo. Julián de Bustinza -que en operatorias similares a las del resto de la familia, vendió sus tierras a colonos- fundó en 1879 un Pueblo al que llamó Clodomira.
Gracias a Argentina Municipal, nos enteramos que la tal Clodomira era hermana de Pedro Larrechea. Por las fechas suponemos que este Pedro debió ser uno de los que figuran en el censo junto a Caracciolo y a Hortensia. De hecho, el Pedro hermano de Clorinda terminaría siendo designado Juez de Paz de la Colonia Bustinza en 1877 (posteriormente llegaría a Intendente de la Ciudad de Rosario), así como Don Caracciolo termina siendo designado Juez de Paz de Colonia Amistad en 1885, pagos por donde la firma Echesortu y Casas terminaría comprando propiedades...
Caracciolo fue nombrada así en honor a un Caracciolo de apellido Larrechea.
La primera vez que leí esto no me llamó particularmente la atención. Fue con el tiempo, y algo más de lectura, circunvalando por el lado de Ciro Echesortu, el escribano del Rosario que realizó el loteo y venta de los terrenos del actual Pueblo Montes de Oca, que empecé a sonreir frente a la pantalla. El apellido Larrechea me sonaba. Así es: Larrechea era la famosa Hortensia, casada con Ciro...
Pero: ¿qué relación unía a Hortensia con Caracciolo?... Sabíamos que éste último había sido hijo de Pedro Tomás Larrechea (1776-1858), quien se desempañara como Gobernador interino de la Provincia de Santa Fé en 1815 y varias veces delegado del Gobernador Estanislao López.
En 1833 Don Pedro se retiró de la vida pública. Según Wikipedia :) pasó a estar "sostenido económicamente por los negocios de su hijo Caracciolo Larrechea, que más tarde se unió a los unitarios".
Bien. Pero ¿y Hortensia?
La genealogía de Hortensia fue más difícil. Hasta que se me ocurrió echar un vistazo al Censo Nacional de 1869. Alegremente la encontramos con 8 años, viviendo en Rosario. Y, para nuestra sorpresa, con un montón de hermanos, incluido uno de nombre... Caracciolo. Lamentablemente no aparecía en la planilla censal ningún adulto a cargo de los párvulos; no al menos ninguno de apellido Larrechea, ni tampoco de apellido Vera Mujica y Pintado, que por ahí habíamos leído era el apellido de la esposa de Pedro Larrechea.
No encontrar a Pedro era lógico, puesto que para el censo de 1869 ya estaba fallecido... Pero ¿y la madre también? ¿Con quién habían quedado los pequeños Larrechea?
Habiendo llegado a un aparente callejón, continuamos la búsqueda de los Larrechea y sus andanzas inmobiliarias por Santa Fé, hasta que, de pronto, nos encontramos con esta página de Zingerling, en la que nos relata la historia del llamado Paraje de Mihura y de cómo en el año 1864 un tal Julián de Bustinza había sido nombrado por el Juez de Paz para practicar la mensura y deslinde de terrenos que fueran de Don Pedro de Larrechea... Entonces, cuando leí de Bustinza, me acordé. Y volví a mirar el censo. Ahí estaban, en la planilla censal anterior a la que contenía la nómina de hijos de Larrechea, Julian de Bustinza y Clodomira de Bustinza...
Pero: ¿quiénes eran ambos para haber quedado a cargo de esos niños? Y: ¿por qué además estaba a cargo de hacer estas diligencias judiciales para la familia Larrechea? (incluidas las de Caracciolo Larrechea y las de su señora esposa, Mercedes Larrechea)
Llegar a esta respuesta no fue sencillo. Julián de Bustinza -que en operatorias similares a las del resto de la familia, vendió sus tierras a colonos- fundó en 1879 un Pueblo al que llamó Clodomira.
Gracias a Argentina Municipal, nos enteramos que la tal Clodomira era hermana de Pedro Larrechea. Por las fechas suponemos que este Pedro debió ser uno de los que figuran en el censo junto a Caracciolo y a Hortensia. De hecho, el Pedro hermano de Clorinda terminaría siendo designado Juez de Paz de la Colonia Bustinza en 1877 (posteriormente llegaría a Intendente de la Ciudad de Rosario), así como Don Caracciolo termina siendo designado Juez de Paz de Colonia Amistad en 1885, pagos por donde la firma Echesortu y Casas terminaría comprando propiedades...
La fundación de un pueblo argentino, en contexto II. Una visión menos romática.
En nuestro post anterior intentamos acercarnos a la persona del escribano del Rosario que estuvo encargado de operativizar, en 1892, el loteo y venta de las tierras que conformarían el Pueblo de Montes de Oca.
Resta ahora realizar una aproximación equivalente respecto de la persona del que fuera dueño de esas tierras. Nos referimos al tan mentado Don Francisco de Bustamante.
Si la información referida a la vida y obra de Don Ciro es escasa en internet, más lo es aquélla referida a Don Francisco.
Llegamos a Don Francisco a través de la persona de su padre: José Luis Bustamante, nacido en San Nicolás de los Arroyos el 24 de agosto de 1799.
Hijo de Estanislao José de Bustamante (hacendado de ilustre prosapia con múltiples intereses en la zona, que en 1803 fuera designado Alcalde de la Santa Hermandad por el Cabildo porteño) y de Claudia Carabajal, Don José Luis de Bustamante se dedicó a escribir, ser periodista, militar e, incluso, legislador. Por ejemplo, en el Congreso que 1826 promulgó la Constitución unitaria, Bustamante representó a la Provincia de Buenos Aires junto a Francisco Piñero y propuso a San Nicolás como capital de la Provincia.
En 1827 José Luis contrajo matrimonio con Manuela Beláustegui. Su padrino de bodas fue Salvador María del Carril.
Gran defensor del ideario unitario porteño en general, y del gobierno de Rivadavia en particular, José Luis manifestaba vehementemente su oposición a la ley de facultades extraordinarias y cuestionaba la capacidad de las Provincias argentinas de constituir una confederación.
En 1834 decide emigrar a Colonia y de allí a Montevideo en 1836, desde donde participa colaborando activamente en la conformación de la conocida como Logia de los Caballeros Liberales en Uruguay, junto a Rivadavia (residente en Colonia), Valentín Alsina (residente en Montevideo) y Salvador María del Carril (residente en Mercedes) , organización espejo de la que funcionaba en Buenos Aires bajo la dirección de Carlos de Alvear.
De 1841 a 1843 José Luis Bustamante fue secretario de Don Fructuoso Rivera, Presidente del Uruguay que llega al poder tras deponer a Manuel Oribe en 1838, con apoyo de los franceses y activa participación de los unitarios porteños.
Don José Luis regresa a Buenos Aires en 1853, luego de Caseros, pero fallece en 1857 en Montevideo.
Francisco Bustamante, hijo de Don José Luis, había nacido en 1840 en Montevideo. Regresada la familia a Buenos Aires, Francisco se fue perfilando como hombre de negocios. Casado con su prima, Magdalena Beláustegui, llegó a ser un exitoso banquero, fundador y presidente de la Compañía Primitiva de Gas por 30 años y fundador y director de la sociedad de seguros La Estrella por 49 años. Además, es recordado como fundador de la empresa Tramway de la Capital en la que actuó como director y del Banco Hipotecario Nacional.
También tuvo gran participación en los ingenios azucareros, siendo propietario del San Miguel en Tucumán, ocupando incluso la Presidencia del Centro Azucarero Argentino en 1901 y logrando la aprobación de la ley que restringió el uso de la sacarina.
Fue activo promotor del emprendimiento para construir el Gran Ferrocarril Interocéanico, de Buenos Aires a Yumbel (Chile) pasando por Antuco, para lo que la empresa Bustamante y Cía. contrató los servicios del Ingeniero Ricardo Duffy para delinear la propuesta, que fuera aprobada como concesión por ley 1907 del 27 de noviembre de 1886.
Hasta donde sabemos, la obra no se concretó :)
Por ese entonces es que Don Francisco decidide vender sus 43 mil hectáreas de campo en el Paraje de Las Tortugas ("tierras fiscales que habían pasado de mano en mano por distintos dueños, sólo interesados en bienes de renta"), iniciando los trámites para la conformación de un Pueblo al que denominó "Montes de Oca". El 18 de enero de 1888 el Gobernador José Gálvez, aprueba la traza del pueblo. La operatoria se concretaría recién en 1892 a través de la intervención de Ciro Echesortu, escribano del Rosario, que muy diligentemente se dedicó a encontrar compradores para su cliente. Y como buen agente inmobiliario, los terminó encontrando.
Para ponernos en contexto, leemos:
Ahora bien: hacia 1890 la burbuja inmobiliaria estaba próxima a estallar...como suele suceder y ha sucedido recientemente con varias burbujas... Cuando estalló, los grandes perdedores fueron los que no lograron vender sus tierras antes de que los precios cayeran en picada. La historia nos muestra cómo es que Francisco de Bustamante no estuvo entre los desafortunados del momento.
De allí el origen del Pueblo de Montes de Oca.
Resta ahora realizar una aproximación equivalente respecto de la persona del que fuera dueño de esas tierras. Nos referimos al tan mentado Don Francisco de Bustamante.
Si la información referida a la vida y obra de Don Ciro es escasa en internet, más lo es aquélla referida a Don Francisco.
Llegamos a Don Francisco a través de la persona de su padre: José Luis Bustamante, nacido en San Nicolás de los Arroyos el 24 de agosto de 1799.
Hijo de Estanislao José de Bustamante (hacendado de ilustre prosapia con múltiples intereses en la zona, que en 1803 fuera designado Alcalde de la Santa Hermandad por el Cabildo porteño) y de Claudia Carabajal, Don José Luis de Bustamante se dedicó a escribir, ser periodista, militar e, incluso, legislador. Por ejemplo, en el Congreso que 1826 promulgó la Constitución unitaria, Bustamante representó a la Provincia de Buenos Aires junto a Francisco Piñero y propuso a San Nicolás como capital de la Provincia.
En 1827 José Luis contrajo matrimonio con Manuela Beláustegui. Su padrino de bodas fue Salvador María del Carril.
Gran defensor del ideario unitario porteño en general, y del gobierno de Rivadavia en particular, José Luis manifestaba vehementemente su oposición a la ley de facultades extraordinarias y cuestionaba la capacidad de las Provincias argentinas de constituir una confederación.
En 1834 decide emigrar a Colonia y de allí a Montevideo en 1836, desde donde participa colaborando activamente en la conformación de la conocida como Logia de los Caballeros Liberales en Uruguay, junto a Rivadavia (residente en Colonia), Valentín Alsina (residente en Montevideo) y Salvador María del Carril (residente en Mercedes) , organización espejo de la que funcionaba en Buenos Aires bajo la dirección de Carlos de Alvear.
De 1841 a 1843 José Luis Bustamante fue secretario de Don Fructuoso Rivera, Presidente del Uruguay que llega al poder tras deponer a Manuel Oribe en 1838, con apoyo de los franceses y activa participación de los unitarios porteños.
Don José Luis regresa a Buenos Aires en 1853, luego de Caseros, pero fallece en 1857 en Montevideo.
Francisco Bustamante, hijo de Don José Luis, había nacido en 1840 en Montevideo. Regresada la familia a Buenos Aires, Francisco se fue perfilando como hombre de negocios. Casado con su prima, Magdalena Beláustegui, llegó a ser un exitoso banquero, fundador y presidente de la Compañía Primitiva de Gas por 30 años y fundador y director de la sociedad de seguros La Estrella por 49 años. Además, es recordado como fundador de la empresa Tramway de la Capital en la que actuó como director y del Banco Hipotecario Nacional.
También tuvo gran participación en los ingenios azucareros, siendo propietario del San Miguel en Tucumán, ocupando incluso la Presidencia del Centro Azucarero Argentino en 1901 y logrando la aprobación de la ley que restringió el uso de la sacarina.
Fue activo promotor del emprendimiento para construir el Gran Ferrocarril Interocéanico, de Buenos Aires a Yumbel (Chile) pasando por Antuco, para lo que la empresa Bustamante y Cía. contrató los servicios del Ingeniero Ricardo Duffy para delinear la propuesta, que fuera aprobada como concesión por ley 1907 del 27 de noviembre de 1886.
Hasta donde sabemos, la obra no se concretó :)
Por ese entonces es que Don Francisco decidide vender sus 43 mil hectáreas de campo en el Paraje de Las Tortugas ("tierras fiscales que habían pasado de mano en mano por distintos dueños, sólo interesados en bienes de renta"), iniciando los trámites para la conformación de un Pueblo al que denominó "Montes de Oca". El 18 de enero de 1888 el Gobernador José Gálvez, aprueba la traza del pueblo. La operatoria se concretaría recién en 1892 a través de la intervención de Ciro Echesortu, escribano del Rosario, que muy diligentemente se dedicó a encontrar compradores para su cliente. Y como buen agente inmobiliario, los terminó encontrando.
Para ponernos en contexto, leemos:
"Un pedazo de tierra en Lincoln, en Tapalqué o en otro punto más o menos desierto, pasando de mano en mano permitía se obtuviesen en pocas horas enormes beneficios, hasta que la operación terminaba con la creación de pueblos imaginarios... Preferentemente debían estar próximas a una estación ferroviaria existente o prevista... los trazados de estos pueblos se desarrollaban alrededor del espacio “estación”, al que se agregaban una o más plazas. La apertura de créditos hipotecarios les permitió financiar las “mejoras” en el sitio, tales como demarcaciones de calles y la construcción de iglesias y/o escuelas, todo aquello que les permitiera anunciar: “todo pronto”. Es justamente en las campañas publicitarias, sostenidas por semanas en grandes avisos, donde la imaginación de los especuladores convertía en verdes lomadas a los terrenos bajos, en amplias avenidas y parques a extensos pastizales; en hermosas iglesias a modestas capillas y en elegantes edificios a humildes construcciones de adobe y chapa de zinc..."Argentina, signada por el espíritu de quiénes anhelaban un país moderno y no dudaban, para alcanzarlo, en recurrir irrestrictamente al empréstito externo, a la emisión de papel moneda y la apertura al crédito (lógicamente, para el empresariado argentino), se estaba preparando animosamente para ingresar a la gran crisis de los noventa. Esta crisis se explica con relativa facilidad si pensamos que el empresariado argentino actuó entonces con lógica semejante a la que ha estado actuando en años más recientes: si el propósito de aquéllas medidas (empréstitos, créditos, emisión) tuvo como propósito declarado promover la inversión en actividades productivas, generadoras de riqueza genuina, lo cierto es que las empresas decidieron afectar estos dineros a otros negocios especulativos, entre los que, por ese entonces, destacaba el inmobiliario. Diferentes circunstancias (incluida la vocación emigrante de italianos, españoles y otras poblaciones de origen europeo) habían elevado el valor de la tierra de modo tal que no había inversión más sencilla, segura y rentable, que la inmobiliaria.
Ahora bien: hacia 1890 la burbuja inmobiliaria estaba próxima a estallar...como suele suceder y ha sucedido recientemente con varias burbujas... Cuando estalló, los grandes perdedores fueron los que no lograron vender sus tierras antes de que los precios cayeran en picada. La historia nos muestra cómo es que Francisco de Bustamante no estuvo entre los desafortunados del momento.
De allí el origen del Pueblo de Montes de Oca.
La fundación de un pueblo argentino, en contexto. El caso del Pueblo de Montes de Oca, Provincia de Santa Fe
Lo poco que se lee en internet respecto del origen del Pueblo de Montes de Oca, se limita a informarnos sobre la participación en el hecho de Don Francisco Bustamente como propietario de las tierras y de Don Ciro Echesortu, intermediario en la operatoria, en su carácter de escribano del Rosario.
Pero: ¿quiénes eran estos personajes?
Comencemos hablando de Don Ciro.
Primogénito de Lázaro Echesortu y de Felicia Arana, Ciro nace en Plentzia, Bilbao, en el año 1852. En 1860, la familia Echesortu emprende el cruce del Atlántico y se radica en Rosario, convocada por la familia Casas que venía instalada en Argentina desde el siglo XVIII.
Papá Lázaro, sastre de profesión, logró al tiempo de vivir en Rosario cierta estabilidad económica, además de un buen matrimonio para Adela, una de sus hijas, a la que casa con un Casas, de nombre Casiano. Es con su cuñado Casiano que Ciro se asocia para dar inicio a un emprendimiento inmobiliario (1876).
En 1889 vemos a Ciro ya casado con Hortencia Larrechea, hija de una familia de hacendados rosarinos, también de origen vasco, familia la cual, casualmente, estaba emparentada a su vez con los Casas. Los Larrechea eran propietarios de extensos campos en Salta y en Santa Fe, entre ellos los correspondientes a dos colonias agrícolas (Wheelright y Piamonte) que terminarían formando parte de la herencia de Hortensia e incrementando el patrimonio familiar de la familia Echesortu.
Durante los primeros años de la firma Echesortu y Casas, gran parte de la actividad inmobiliaria de la firma se concentra en operar como agentes inmobiliarios de familias terratenientes santafesinas y bonaerenses.
La primera gran inversión urbana tiene lugar en 1882 al comprar la firma tierras al oeste de la ciudad sobre la que luego construiría el barrio Echesortu. Para resolver la falta de conectividad con el centro, la firma encararía la conformación de una nueva empresa Tranways del Oeste, a la que se incopora como socio Aneto, hermano de Ciro.
La esposa de Ciro, Hortensia, habría sido determinante del despegue y éxito de los emprendimientos inmobiliarios de Echesortu, no sólo en lo económico, sino facilitando al marido toda una red de contactos y relaciones con personalidades prominentes, así como su ingreso a la elite provincial y los lazos con el poder político.
Leemos:
Para ponerle un rosto a estos personajes, incorporamos esta foto, del año 1915, que corresponde a las Bodas de Oro de Ciro y Hortensia.
Otro día hablamos de Don Francisco Bustamante. No se lo pierdan.
Pero: ¿quiénes eran estos personajes?
Comencemos hablando de Don Ciro.
Primogénito de Lázaro Echesortu y de Felicia Arana, Ciro nace en Plentzia, Bilbao, en el año 1852. En 1860, la familia Echesortu emprende el cruce del Atlántico y se radica en Rosario, convocada por la familia Casas que venía instalada en Argentina desde el siglo XVIII.
Papá Lázaro, sastre de profesión, logró al tiempo de vivir en Rosario cierta estabilidad económica, además de un buen matrimonio para Adela, una de sus hijas, a la que casa con un Casas, de nombre Casiano. Es con su cuñado Casiano que Ciro se asocia para dar inicio a un emprendimiento inmobiliario (1876).
En 1889 vemos a Ciro ya casado con Hortencia Larrechea, hija de una familia de hacendados rosarinos, también de origen vasco, familia la cual, casualmente, estaba emparentada a su vez con los Casas. Los Larrechea eran propietarios de extensos campos en Salta y en Santa Fe, entre ellos los correspondientes a dos colonias agrícolas (Wheelright y Piamonte) que terminarían formando parte de la herencia de Hortensia e incrementando el patrimonio familiar de la familia Echesortu.
Durante los primeros años de la firma Echesortu y Casas, gran parte de la actividad inmobiliaria de la firma se concentra en operar como agentes inmobiliarios de familias terratenientes santafesinas y bonaerenses.
La primera gran inversión urbana tiene lugar en 1882 al comprar la firma tierras al oeste de la ciudad sobre la que luego construiría el barrio Echesortu. Para resolver la falta de conectividad con el centro, la firma encararía la conformación de una nueva empresa Tranways del Oeste, a la que se incopora como socio Aneto, hermano de Ciro.
La esposa de Ciro, Hortensia, habría sido determinante del despegue y éxito de los emprendimientos inmobiliarios de Echesortu, no sólo en lo económico, sino facilitando al marido toda una red de contactos y relaciones con personalidades prominentes, así como su ingreso a la elite provincial y los lazos con el poder político.
Ciro ingresa entonces al Jockey Club y al Club Social de Rosario y como, en 1887 ya lo vemos entre los miembros fundadores de la Bolsa de Comercio de Rosario y de la Sociedad Rural de Rosario.
En 1887 aparece también como socio fundador del Banco Constructor Santafecino, primera sociedad anónima fundada por empresarios locales del sector inmobiliario, quiénes hasta ese momento operaban bajo la forma de sociedades familiares o de responsabilidad limitada. El Banco había sido creado con el objeto de comprar y vender fincas y propiedades para fraccionarlas en solares y venderlas, edificar casas para vender en remate público o alquilarlas y abrir una caja de ahorro para recibir depósitos.
Entre otros lugares destacados que ocupa, Ciro llega a ser consejero del Banco de la Nación Argentina, del que luego sería director, así como consejero del Banco Hipotecario Nacional, además de Vicepresidente de las obras del Puerto de Rosario y Concejal en 1890 y 1905. También fue presidente de la Fábrica de Cerámicas Alberdi y Director de la Compañía de Seguros La Royal.
Con el tiempo, Ciro decidiría diversificar sus intereses: por ejemplo, tras vender las tierras a los colonos, les vendería luego alimentos y les prestaría dinero. En cuanto a este último rubro, definido como un empresario exitoso, Ciro no recurrió jamás al préstamo hipotecario.
Leemos:
También fue propietario de inquilinatos, así como de criador de ganado vacuno y ovino."...Su capital inmobiliario, de origen familiar, se acrecentó mediante una política de alianzas matrimoniales que articularon su patrimonio con el de otras familias comerciantes y rentistas de la elite local. Más aún, la firma operó como oferente en el mercado informal de crédito desde sus comienzos... cobrando un alto interés contra garantía hipotecaria..."
Para ponerle un rosto a estos personajes, incorporamos esta foto, del año 1915, que corresponde a las Bodas de Oro de Ciro y Hortensia.
A Ciro se lo recuerda también como propietario del conocido como Palacio Echesortu (Villa Hortensia), en Rosario, propiedad perteneciente a José Puccio, a la que termina comprando en remate judicial. José Puccio era el agente inmobiliario más destacado del Rosario durante los ochenta, al que Echesortu terminaría desplazando del mercado, y de su casa. Todo un símbolo.
Agradecemos la información recopilada a muy pocas fuentes: De Europa a las Américas: dirigentes y liderazgos (1880-1960) y a interesantísimos trabajos de Norma Silvana Lanciotti, como éste, del que hemos tomado la cita que aparece más arriba.Otro día hablamos de Don Francisco Bustamante. No se lo pierdan.
El mejor pronóstico
Marido sigue convencido de que el mejor modo de saber si viene tormenta es consultar el Servicio Meteorológico: según él, cada vez que la página del SMN se cuelga , viene una tormenta fea.
En fin, cada uno tiene sus propios métodos. Yo sigo apostando al método Giuliano, que viene de la época en que no había ni Servicio Meteorológico ni internet, pero que sigue funcionando.
Hasta ahora no me ha fallado.
Pero el refrán sigue:
Veamos, por ejemplo, esta versión del Veneto:
En fin, cada uno tiene sus propios métodos. Yo sigo apostando al método Giuliano, que viene de la época en que no había ni Servicio Meteorológico ni internet, pero que sigue funcionando.
"Rossa alla sera bon tempo si spera" decían los Giuliano de Montes de Oca, Provincia de Santa Fé.Este refrán, al parecer de raíz occitana, significaría en buen criollo: cuando el cielo está rosa al atardecer se espera buen tiempo al día siguiente.
Hasta ahora no me ha fallado.
Pero el refrán sigue:
"Rossa alla matina mal tempo si avecina"Por ahí he encontrado variantes, no sólo en Italia, sino también en Francia y España, lo cual demuestra la importancia de observar los arreboles a la hora de lanzar un pronóstico del tiempo y lo exitoso del método (dada la amplia difusión territorial).
Veamos, por ejemplo, esta versión del Veneto:
"Nuvola rossa a sera, Bon tempo se speraO ésta, de Asturias:
Nuvola rossa a matina O vento o piovesina"
"Colorao al alba, o aire o agua;O ésta en provenzal:
colarao a la cena, bon tiempu spera"
"Rouge de sero, beu temps speroAhora: entiendo que el método sólo vale para el Hesmisferio sur, o que vale para ambos invirtiendo los términos (al menos, hasta que se inviertan los polos). Esto con base en proverbios equivalentes del Norte: por ejemplo éste:
rouge de matin, bagno lou camin"
"A red sunrise betokens a fine day: a red sunset, rain"En todo caso, nunca está demás mirar el horizonte. Al atardecer cuando menos: si no les sirve como pronóstico, les aseguro que les gratificará la vista, como este atardecer en Montes de Oca camino a Armstrong, que embellece este post y cuya imagen agradecemos a Montecos.
Llegando a Santa Fé: de Saluzzo a Montes de Oca, un recorrido con vistas
Si hiciéramos en cinco minutos el mismo recorrido que a los Giuliano les tomó 200 años hacer, y lo hiciéramos hoy, veríamos estos paisajes:
1) Saluzzo
1) Saluzzo
2) Cervignasco
3) Scarnafigi
4) Ruffia
5) Barge
6) Lagnasco
7) Villafranca Piemonte
Llegando desde aquí a Montes de Oca, Provincia de Santa Fe, Argentina.
No dudamos de que Italia haya cambiado mucho del 1700 a esta parte... Sin embargo, les propongo pensar que, cuando llegaron los Giuliano al Pago de las Tortugas hacia el 1880, Montes de Oca ni siquiera existía como pueblo.
Era un paraje en el medio de la extensa Pampa.
¿Qué cambio, no? Me refiero al que hicieron los Giuliano y al que, a ojos vista, ha hecho el Pueblo.
Agradecemos las imágenes que nos han permitido reconstruir este recorrido a los siguientes sitios en internet: 1) http://www.hotelcicerone.it/, 2) http://digilander.libero.it/, 3) http://www.comune.scarnafigi.cn.it/, 4) http://www.panoramio.com/, 5) http://www.leggievai.it/, 6) http://www.comune.lagnasco.cn.it/, y 7)http://www.comune.villafrancapiemonte.to.iti/
No dudamos de que Italia haya cambiado mucho del 1700 a esta parte... Sin embargo, les propongo pensar que, cuando llegaron los Giuliano al Pago de las Tortugas hacia el 1880, Montes de Oca ni siquiera existía como pueblo.
Era un paraje en el medio de la extensa Pampa.
¿Qué cambio, no? Me refiero al que hicieron los Giuliano y al que, a ojos vista, ha hecho el Pueblo.
Agradecemos las imágenes que nos han permitido reconstruir este recorrido a los siguientes sitios en internet: 1) http://www.hotelcicerone.it/, 2) http://digilander.libero.it/, 3) http://www.comune.scarnafigi.cn.it/, 4) http://www.panoramio.com/, 5) http://www.leggievai.it/, 6) http://www.comune.lagnasco.cn.it/, y 7)http://www.comune.villafrancapiemonte.to.iti/
Celia Tortul de Jordán
De chico a uno le pueden contar muchas cosas y uno puede entenderlas, pero a veces con el razonamiento no alcanza.
Eso me pasó a mi respecto de la existencia de mis abuelos maternos. Yo calculo que al día siguiente de nacida, mi mamá ya había empezado a hablarme de ellos. Para mis cinco años, Juan Giuliano y María Vaieretti eran tan reales como lo pueden ser las personas que uno no conoce porque viven lejos; no porque hayan fallecido.
De modo tal que, en ocasión de la primera visita a Montes de Oca de la cual tengo registro, no encontrarme con mis abuelos fue algo bastante consternante. Se ve que en algún rinconcito de la mente pululaba, alegre hasta ese momento, una fantasía en la que los abuelos aún estaban en Montes de Oca, tal como lo estaban en el recuerdo.
Los choques realidad / fantasía no son fáciles, pero siempre hay alguien que nos manda una ayuda desde arriba.
En este caso, la ayuda estuvo encarnada en la persona de Celia. Para decirlo fácil, Celia fue en ese momento, y en los sucesivos, testigo fiel y prueba viviente de que mis abuelos no eran una fantasía; de que habían existido y de que habían sido tal como mi mamá me relatara.
Ver a Celia fue y sigue siendo, ver a mis abuelos.
A ella y a su esposo Guillermo, que eran vecinos de Juan y María, les debo esto y muchos otros buenos recuerdos. Incluido aquél de una mesa en la que nos compartieran los mejores chorizos caseros que he probado. Compiten en la memoria con las vizcachas en escabeche de Zumelso Toia. Pero esa es, como tantas otras, otra historia.
Eso me pasó a mi respecto de la existencia de mis abuelos maternos. Yo calculo que al día siguiente de nacida, mi mamá ya había empezado a hablarme de ellos. Para mis cinco años, Juan Giuliano y María Vaieretti eran tan reales como lo pueden ser las personas que uno no conoce porque viven lejos; no porque hayan fallecido.
De modo tal que, en ocasión de la primera visita a Montes de Oca de la cual tengo registro, no encontrarme con mis abuelos fue algo bastante consternante. Se ve que en algún rinconcito de la mente pululaba, alegre hasta ese momento, una fantasía en la que los abuelos aún estaban en Montes de Oca, tal como lo estaban en el recuerdo.
Los choques realidad / fantasía no son fáciles, pero siempre hay alguien que nos manda una ayuda desde arriba.
En este caso, la ayuda estuvo encarnada en la persona de Celia. Para decirlo fácil, Celia fue en ese momento, y en los sucesivos, testigo fiel y prueba viviente de que mis abuelos no eran una fantasía; de que habían existido y de que habían sido tal como mi mamá me relatara.
Ver a Celia fue y sigue siendo, ver a mis abuelos.
A ella y a su esposo Guillermo, que eran vecinos de Juan y María, les debo esto y muchos otros buenos recuerdos. Incluido aquél de una mesa en la que nos compartieran los mejores chorizos caseros que he probado. Compiten en la memoria con las vizcachas en escabeche de Zumelso Toia. Pero esa es, como tantas otras, otra historia.
Montes de Oca, Caracciolo, Amistad, Tortugas... algo de su historia según un occitano en Argentina
Hace rato que venimos hablando del Pago de las Tortugas y de las Colonias Caracciolo y La Amistad, sin dar ninguna referencia histórica sobre ellas. Quizá sea hora.
Yo entré en contacto con estos parajes gracias a la memoria familiar. Pero pude conocer algo más de su historia de la mano de un Señor escritor e historiador occitano. Me refiero a Alejo Peyret.
Leemos:
A la colonia de Bernstadt le siguieron en fundación las colonias de Carcarañá, Cañada de Gómez y Tortugas, también en 1870. Cada una se componía de ocho leguas cuadradas a cada lado del ferrocarril, haciendo en cada una un pueblo delineado y una estación de tren. Tortugas como colonia, tenía una parte en territorio de la Provincia de Santa Fe y otra en la Provincia de Córdoba.
Respecto de Tortugas, Peyret afirma:
En su recorrido Peyret se encuentra con una serie de colonias "en formación" al norte de Tortugas: Amistad (1875), Caracciolo (1876), Montes de Oca (1883)... junto a Los Troncos, Casal y Lewel. Según Peyret, estas colonias pertenecían a los Señores Larrechea, Bustinza, Echeorsa, Casas... "individuos del Rosario".
Es decir, Peyret anduvo por nuestros pagos, y nos relata sus impresiones, un tiempo después de la realización del Primer Censo de la Provincia y cerca de la fecha de conformación de Montes de Oca como Pueblo. Interesante casualidad, ¿no?
Seguramente vamos a dedicar otro post a hablar un poco de este personaje tan interesante de nuestra historia.
La imagen que acompaña estas líneas la hemos tomado de Información Cultural de Santa Fe.
Yo entré en contacto con estos parajes gracias a la memoria familiar. Pero pude conocer algo más de su historia de la mano de un Señor escritor e historiador occitano. Me refiero a Alejo Peyret.
Leemos:
"Mi última excursión, por esta vez, en la provincia de Santa Fe, fué para las colonias del ferro-carril Central Argentino. La historia de esas colonias se relaciona con la del ferro-carril del Rosario á Córdoba... Vamos, pues, á recorrer ese ferro-carril" (Peyret, Una visita a las colonias de la República Argentina, 1889)El recorrido de Peyret (cuyo retrato vemos en la imagen de la izquierda) se inicia por colonia Bernstadt, también conocida como Roldan.
"Esta es la primera colonia fundada por la compañía...Cuenta Peyret que la primera remesa de colonos llega a Rosario en marzo de 1870 y las sucesivas en el transcurso de ese año. Los trabajos del ferrocarril correspondían al año 1863.mandó á su agente don Guillermo Perkins á Europa para contratar los colonos que debia establecer en Roldan, á cuatro leguas del Rosario, punto donde principia el derecho de la empresa á las tierras cedidas por el gobierno según contrato..."
A la colonia de Bernstadt le siguieron en fundación las colonias de Carcarañá, Cañada de Gómez y Tortugas, también en 1870. Cada una se componía de ocho leguas cuadradas a cada lado del ferrocarril, haciendo en cada una un pueblo delineado y una estación de tren. Tortugas como colonia, tenía una parte en territorio de la Provincia de Santa Fe y otra en la Provincia de Córdoba.
Respecto de Tortugas, Peyret afirma:
"El Pueblo de Tortugas está mal situado, en un paraje bajo, anegadizo y que debe convertirse en un pantano cada vez que llueve; podría haberse hecho una mejor elección..."Hace menos de un mes pudimos comprobar cómo siguen siendo acertadas estas palabras de Peyret.
En su recorrido Peyret se encuentra con una serie de colonias "en formación" al norte de Tortugas: Amistad (1875), Caracciolo (1876), Montes de Oca (1883)... junto a Los Troncos, Casal y Lewel. Según Peyret, estas colonias pertenecían a los Señores Larrechea, Bustinza, Echeorsa, Casas... "individuos del Rosario".
"... Allí los lotes son generalmente de 20 cuadras. La cuadra se ha vendido primitivamente á diez pesos oro; actualmente se vende á 40 pesos nacionales y aún cuarenta pesos oro... Los colonos no reciben anticipos, y deben pagar dentro de tres ó cuatro años, agregándose el interés á las cuotas vencidas... Se arriendan también terrenos; al principio el arriendo fué de un peso oro por cuadra, actualmente es de dos y dos medio nacionales. Los colonos no pueden criar vacas, como hicieron anteriormente, porque el terreno es demasiado caro; tienen, por consiguiente, que dedicarse á la agricultura, arando grandes estensiones de terreno, pero observando siempre que no varian bastante los cultivos, lo que puede con el tiempo tener serios inconvenientes. Trabajan con bueyes y caballos..."Específicamente hablando de Caracciolo, Peyret nos cuenta lo que le informa la autoridad en esta Colonia:
"El encargado de la colonia es un joven argentino, don Desiderio López, recien casado, juez de paz... Díceme que esta colonia ha dado mas que las otras, este año, habiendo producido diez fanegas por cuadra (de quince arrobas) por haber evitado la helada y la piedra. Sin embargo, el tiempo se ha vuelto amenazador; una tormenta parece prepararse; emprendemos la retirada, pasando al regreso á inmediaciones de la estancia del señor don Carlos Bouquet y de la cañada que forma el límite de ambas provincias, llegando á Tortugas á las cinco de la tarde, pocos momentos antes de la marcha del tren, que nos devuelve al Rosario á las nueve de la noche..."Terminaremos diciendo que esta publicación del año 1889 corresponde a una compilación de correspondencia que fuera publicada bajo tal formato en el Diario La Tribuna. El autor aclara, al final de la obra, que los primeros 26 capítulos (incluido aquel al que corresponden los párrafos que citamos -Capítulo XXVI) son el resultado de la compilación de la correspondencia referida a una excursión realizada desde diciembre de 1887 hasta principios de mayo de 1888.
Es decir, Peyret anduvo por nuestros pagos, y nos relata sus impresiones, un tiempo después de la realización del Primer Censo de la Provincia y cerca de la fecha de conformación de Montes de Oca como Pueblo. Interesante casualidad, ¿no?
Seguramente vamos a dedicar otro post a hablar un poco de este personaje tan interesante de nuestra historia.
La imagen que acompaña estas líneas la hemos tomado de Información Cultural de Santa Fe.
Montes de Oca en 1887: las familias según el Censo Provincial
Para el año en que se llevó a cabo el Primer Censo Provincial de Santa Fe (del 6 al 8 de junio de 1887), la actual Comuna de Montes de Oca aún no se había constituido como Pueblo. Esto tendría lugar recién a comienzos de 1888.
Leemos:
En nuestro post anterior listamos los apellidos correspondientes a familias que declararon, al momento del Censo, como lugar de procedencia, Italia. De esos apellidos, vamos a destacar, ahora, aquéllos que más se repiten en el Distrito conforme a ese Censo, tomando el número de cinco individuos como base mínima para la selección.
Ellos son, por orden alfabético y aclarando el número de censados con mismo apellido:
Mismo trabajo hemos efectuado para Caracciolo. Junto con La Amistad, Caracciolo era, a la par de Montes de Oca, una de las colonias que integraban el conocido como Pago de Las Torugas. Hoy ambos parajes integran el territorio que conforma Montes de Oca.
Para la época de este Censo, nuestros Giuliano estaban ya radicados en Caracciolo.
Nos llevó algo de tiempo y esfuerzo confirmar este dato.
Fue un gran estímulo para nosotros la lectura del párrafo que sigue, escrito por la Señora Nicastro, gran estudiosa de la historia del Pueblo de Montes de Oca:
Gracias al Censo Provincial hoy podemos decir que la memoria familiar era acertada: los Giuliano integraron el grupo de las primeras familias piemontesas en asentarse en el "Pago de las Tortugas", aún antes que otras de las que se mencionan en el trabajo que citamos. Con el aditamento que el apellido Giuliano es uno de los que aún están presentes en la actual Montes de Oca, junto a los otros que listamos.
Leemos:
"El 18 de enero de 1888 el Gobernador de la Pcia de Santa Fe, Doctor José Gálvez, aprobaba "la traza del pueblo y colonia de Montes de Oca" razón por la cual se toma dicha fecha como fundacional, a pesar de que el poblamiento se hubiera concretado con anterioridad. El Escribano Don Ciro Echesortu inició la venta de los campos y el loteo de la planta urbana, tras alentar a las familias piamontesas a adquirir las tierras, allá, en Irigoyen..."No es de extrañar, entonces, que toda la población censada en el Distrito de Montes de Oca (integrante, por ese entonces, del Departamento Iriondo), se encuentre consignada como población rural. El Primer Censo de la Provincia de Santa Fe nos está mostrando una foto de la conformación socio económica de la zona, previo a su reconocimiento como Pueblo y a la aparición de la población urbana.
En nuestro post anterior listamos los apellidos correspondientes a familias que declararon, al momento del Censo, como lugar de procedencia, Italia. De esos apellidos, vamos a destacar, ahora, aquéllos que más se repiten en el Distrito conforme a ese Censo, tomando el número de cinco individuos como base mínima para la selección.
Ellos son, por orden alfabético y aclarando el número de censados con mismo apellido:
Andisio (5), Bancotti (5), Bela (6), Bertino (8), Boetto (5), Bosso (5), Botallo (7), Chocolat (6), Desimondi (7), Escolani (6), Ghroin (7), Giordano (8), Grasso (5), Loetto (5), Magra (5), Marucco (22), Melano (5), Miotti (7), Munge (6), Ortis (5), Pali (5), Ramelo (7), Ramello (6), Robino (5), Simondi (8), Toia (30), Turai (5).A continuación, destacamos de todos los apellidos censados en Montes de Oca en 1887, los que siguen presentes hoy en ese Pueblo. Ellos son:
Alemandi, Barbero, Bertero, Bertino, Boetto, Bonavia, Botta, Bruera, Ferrari, Ferrero, Grasso, Marucco, Porta, Ramello, Sampietro, Toia.En 123 años, de 128 apellidos disitnos registrados en el Censo de 1887 en el Distrito de Montes de Oca, permanecen presentes sólo 16. Algo más del 12%.
Actualmente no hay presentes Soppo pero sí Suppo; puede tratarse de algún error en la consignación del apellido en la ficha censal.
Mismo trabajo hemos efectuado para Caracciolo. Junto con La Amistad, Caracciolo era, a la par de Montes de Oca, una de las colonias que integraban el conocido como Pago de Las Torugas. Hoy ambos parajes integran el territorio que conforma Montes de Oca.
Para la época de este Censo, nuestros Giuliano estaban ya radicados en Caracciolo.
Nos llevó algo de tiempo y esfuerzo confirmar este dato.
Fue un gran estímulo para nosotros la lectura del párrafo que sigue, escrito por la Señora Nicastro, gran estudiosa de la historia del Pueblo de Montes de Oca:
"Retomando el hilo del ayer, en el período fundacional recordamos que comenzaron a llegar, en la década de 1880, las familias al "Pago de las Tortugas"...No encontrar el apellido Giuliano entre los listados en este trabajo nos alentó a recurrir a las fuentes documentales, dado que por años se había repetido en la familia que Battista y su padre Chiaffredo habían sido unos de los primeros en llegar con su familia a la zona.
Algunos de sus nombres: los hermanos Francisco, Victorio, José, Juan, Lorenzo y Angela Toia; Juan, Domingo, Alfredo, Marcos y José Bertino; Andrés Rossa; Santiago Suppo; Felipe y Ambrosio Crosetti; todos piamonteses..."
Gracias al Censo Provincial hoy podemos decir que la memoria familiar era acertada: los Giuliano integraron el grupo de las primeras familias piemontesas en asentarse en el "Pago de las Tortugas", aún antes que otras de las que se mencionan en el trabajo que citamos. Con el aditamento que el apellido Giuliano es uno de los que aún están presentes en la actual Montes de Oca, junto a los otros que listamos.
1887: Apellidos italianos presentes en Montes de Oca, Caracciolo y Campo La Amistad
Quisiera compartir con ustedes un listado de los apellidos correspondientes a familias de procedencia italiana, que hemos encontrado ya estaban presentes en Montes de Oca, allá por 1887, cuando se realizó el Primer Censo de la Provincia de Santa Fé.
Los listaré por orden alfabético y tal como aparecen registrados en las fichas censales, aunque reconozco que varios presentan diferencias en cuanto al apellido italiano correcto (incluidos nuestros Giuliano).
Los que aparecen en tipo normal son los apellidos de aquellos censados que han declarado proceder de Italia. En cursiva y en negrita, los que han declarado lugar de nacimiento específico, que expresamos entre paréntesis. Esto sólo hemos podido hacerlo respecto de los censados en Caracciolo, dado que, para el resto, no hay aclaración de lugar de nacimiento más que "Italia" o ninguna.
Aquí van los apellidos, entonces:
Los listaré por orden alfabético y tal como aparecen registrados en las fichas censales, aunque reconozco que varios presentan diferencias en cuanto al apellido italiano correcto (incluidos nuestros Giuliano).
Los que aparecen en tipo normal son los apellidos de aquellos censados que han declarado proceder de Italia. En cursiva y en negrita, los que han declarado lugar de nacimiento específico, que expresamos entre paréntesis. Esto sólo hemos podido hacerlo respecto de los censados en Caracciolo, dado que, para el resto, no hay aclaración de lugar de nacimiento más que "Italia" o ninguna.
Aquí van los apellidos, entonces:
Acostello, Adria, Aimar, Alcantara, Alemandi, Aliani, Amato, Andisio, Andreas, Ariatelo, Armandi, Arnaldi, Arnardi, Avataneo, Aymone, Bacca, Baldi, Bancotti, Banroti, Barbani, Barbera, Barbero, Batistino, Bela, Bertero, Bertino, Bertorelo, Bodoni, Boetto, Bonavia, Bononini, Bosio, Bosso, Botali, Botallo, Botta, Bruera, Cabator, Cabroli, Calieri, Canlli, Capela, Capelini, Capra, Carelli, Carinto, Castaño, Chocolat, Croce, Crosio, Cumba, Damiano, Desimondi, Donadio, Escolani, Felice, Ferrari, Ferrero, Freisa, Galli, Gallina, Ghioni, Ghiraudo, Ghroin, Giordano, Gorria, Grandi, Grasso, Grato, Guadañini, Hunge, Jerrero, Lascano, Loetto, Magionino, Magra, Margaria, Marneo, Maruco, Marucco, Marucco Toia, Melana, Melano, Miotti, Moitre, Molinari, Monto, Munge, Nina, Noveli, Octaneo, Olivero, Ortis, Pali, Parucetia, Perasco, Peroni, Picato, Pietri, Pirata, Poccardi, Porta, Potero, Prase, Procetto, Rabino, Ramelo, Ramello, Remondi, Remoto, Robino, Rocha, Romani, Sagno, Sampietro, Santis, Sellara, Simondi, Soppo, Squerano, Sterpone, Testa, Toia, Torditi, Torri, Turai, Valero, ViliomcoDel mismo modo, listamos los apellidos correspondientes a familias de procedencia italiana que. según el Censo de 1887, estaban presentes en Caracciolo:
Acastello (Torino), Armandi, Audicio, Aymar (Cuneo), Balaria (Cuneo), Balario, Bartola (Cuneo), Bartole (Cuneo), Batista (Torino), Belmundo, Bertorello, Bianchi, Bollino, Bonaira (Cuneo), Bonalmen (Milano), Bonino (Cuneo), Bosso (Torino), Bovo (Torino), Bruno (Cuneo), Calandra (Torino), Canabesio (Torino), Capelo (Cuneo), Capello (Cuneo), Cavalera (Torino), Ceraseo (Torino), Contesa (Lombardía), Dalavianque (Lombardía), Duello (Cuneo), Enrrico (Cuneo), Estefano (Cuneo), Fantin (Cuneo), Ferrero (Torino), Ferro, Franco, Giuliano, Gramalla (Torino), Gramallo (Torino), Grande (Torino), Gribaude (Torino), Guerra (Alesandria), Julian, Lissiarde, Lunyo, Malaria (Cuneo), Marego (Cuneo), Martinotti, Mellano, Meloni, Miotti, Mondino (Cuneo), Monllero, Mura, Pajero (Cuneo), Panza (Cuneo), Peolande (Cuneo), Polano (Cuneo), Questa (Cuneo), Racca (Cuneo), Rillio, Risso, Riva (Cuneo), Rosson (Cuneo), Rossono (Cuneo), Tortone (Cuneo), Valiengo (Torino)A continuación, el listado correspondiente a los apellidos presentes en el paraje La Amistad:
Anjmar, Antonelli, Barbeiri, Beconti, Beltran, Cabiasa, Callieri, Caporni, Chivalero, Columbano, Depaolo, Dominici, Gabarni, Galian, Galiano,En otro post les acerco la relación entre censados italianos y censados con "nación a la que pertenece" diferente a Italia. De cualquier modo, valga este post para impulsar un hermanamiento para la Comuna de Montes de Oca con un par cuneesi. Ya lo hemos propuesto en otra oportunidad. Hoy sólo lo reiteramos.
Ghinaldo, Giordani, Granalli, Gribaldo, Guanini, Lorencino, Peretti, Prigiglio,
Pruccio, Quito, Risetti, Romano, Sola
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La rama Palmero de Morón
Desde que mi abuela era pequeña se escribía asiduamente con la Tía Margarita de Morón. Religiosamente llegaban a la casa de mi abuela, en Montes de Oca, cartas y primorosas tarjetas con remitente, Margarita Palmero de Palmero, Brown 492, Morón, Buenos Aires.
Lo curioso es que mi abuela no conoció hasta ya grande a esta tía. El encuentro se dió hacia fines de los cincuenta, poco antes de morir mi abuela, cuando mis papás le propusieron venir a Buenos Aires para consultar un especialista para su padecimiento del corazón. Como compensación, el viaje tuvo por propósito secundario llevar a mi abuela a conocer dos instituciones muy especiales para mi abuela: la Pirámide de Mayo, con la que había quedado fascinada, desde pequeña, gracias a la lectura de un libro de texto de sus primeros grados, y a la Tía Margarita de Morón.
Sabemos que Margarita quedó viuda de joven y que tuvo, al menos, cuatro hijos. Cuenta mi mamá que uno de ellos era un excelente nadador, Campeón varias veces, que, no obstante, terminó muriendo ahogado por causa de un calambre en una competencia en las aguas del Río de la Plata.
El otro hijo tenía una discapacidad de nacimiento, razón por la cual mamá recuerda que, en oportunidad de la visita, se asombró viendo como este muchacho arreglaba y podaba los rosales del jardín en la casa de Morón, utilizando, a los efectos, sus pies.
Margarita tenía también dos hijas mujeres, para ese entonces, solteras.
El contacto con esta rama de la familia se perdió cuando mi abuela falleció. Hace un tiempo tuvimos oportunidad de pasar por frente de Brown 492, descubriendo con cierta pena que, donde se levantaba la hermosa casa con el florido jardín, hoy hay un inmenso local, tipo galpón, en el que funciona una pinturería. Allí nada saben de la familia Palmero que solía vivir cincuenta años atrás en esa dirección.
Tengo la seguridad de que la Tía Margarita era una hermana de mi bisabuela Dominga que, ya casada al venir de Italia, se radicó en Buenos Aires, con la familia de su esposo.
De hecho, en el censo de la Provincia de Santa Fé del año 1887 (en San Genaro), Battista Palmero y Teresa Castagno figuran con 27 años de casados y 9 hijos, de los cuales sólo aparecen en la ficha censal 5 y, entre los cuales, no está Margarita.
Sí la encontramos en el Censo Nacional de 1895, con 17 años (nacida entonces, circa 1878), italiana, ya casada hacía un año.
En la ficha censal también aparece un Domingo Palmero, de 36 años, comerciante, casado hacía un año. Es probable que éste Domingo haya sido el esposo de la Tía Margarita.
Quizá este post sirva para reencontrarnos con esta rama de la familia Palmero en nuestro árbol.
Lo curioso es que mi abuela no conoció hasta ya grande a esta tía. El encuentro se dió hacia fines de los cincuenta, poco antes de morir mi abuela, cuando mis papás le propusieron venir a Buenos Aires para consultar un especialista para su padecimiento del corazón. Como compensación, el viaje tuvo por propósito secundario llevar a mi abuela a conocer dos instituciones muy especiales para mi abuela: la Pirámide de Mayo, con la que había quedado fascinada, desde pequeña, gracias a la lectura de un libro de texto de sus primeros grados, y a la Tía Margarita de Morón.
Sabemos que Margarita quedó viuda de joven y que tuvo, al menos, cuatro hijos. Cuenta mi mamá que uno de ellos era un excelente nadador, Campeón varias veces, que, no obstante, terminó muriendo ahogado por causa de un calambre en una competencia en las aguas del Río de la Plata.
El otro hijo tenía una discapacidad de nacimiento, razón por la cual mamá recuerda que, en oportunidad de la visita, se asombró viendo como este muchacho arreglaba y podaba los rosales del jardín en la casa de Morón, utilizando, a los efectos, sus pies.
Margarita tenía también dos hijas mujeres, para ese entonces, solteras.
El contacto con esta rama de la familia se perdió cuando mi abuela falleció. Hace un tiempo tuvimos oportunidad de pasar por frente de Brown 492, descubriendo con cierta pena que, donde se levantaba la hermosa casa con el florido jardín, hoy hay un inmenso local, tipo galpón, en el que funciona una pinturería. Allí nada saben de la familia Palmero que solía vivir cincuenta años atrás en esa dirección.
Tengo la seguridad de que la Tía Margarita era una hermana de mi bisabuela Dominga que, ya casada al venir de Italia, se radicó en Buenos Aires, con la familia de su esposo.
De hecho, en el censo de la Provincia de Santa Fé del año 1887 (en San Genaro), Battista Palmero y Teresa Castagno figuran con 27 años de casados y 9 hijos, de los cuales sólo aparecen en la ficha censal 5 y, entre los cuales, no está Margarita.
Sí la encontramos en el Censo Nacional de 1895, con 17 años (nacida entonces, circa 1878), italiana, ya casada hacía un año.
En la ficha censal también aparece un Domingo Palmero, de 36 años, comerciante, casado hacía un año. Es probable que éste Domingo haya sido el esposo de la Tía Margarita.
Quizá este post sirva para reencontrarnos con esta rama de la familia Palmero en nuestro árbol.
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