En nuestro post anterior hablábamos de la llegado de los Vaieretti a Montes de Oca. Nos quedó pendiente comentar algo más de la rama de Juan Vaieretti, ese que se casó como cuatro veces (con cada pariente que hablo termina sumándose otro matrimonio más...)
A Juan lo encontramos, contra toda expectativa, bajo apellido Vaevetti, en el Censo Nacional de 1895, radicado en Las Rosas. Así como Luigi tenía para ese entonces 42 años y mi bisabuelo Gerónimo 28, el hermano Juan tenía 23. Juan ya estaba casado con Dominga (21 años). Gracias a este Censo concluimos que casi sin lugar a dudas, la primera esposa de Juan fue Dominga Rubiano. Tenían cinco años de matrimonio y tres hijos, todos nacidos en Argentina: Juan (con 6 años), Luis (4 años) y Domingo (ilegible la edad).
La fecha de nacimiento del primer hijo nos lleva a pensar que la llegada a Argentina de esta rama tuvo que haberse producido antes o en torno a 1889...
Como se ve en el árbol genealógico de la familia que tenemos publicado en Geni, la descendencia de Juan fue extensa: a estos hijos se sumaron José 'Cusa', Eduardo (que fue Senador Provincial), Eugenio, Vicente 'Chiro', María, Teresa y Adela y otros al menos tres hijos que aún no tenemos identificados.
De Adela queremos comentar que era, según recuerda mi madre, una señora muy hermosa que siempre se arreglaba mucho. Pero no tanto como su hermana Teresa, que lucía como una artista de cine: labios pintados de rojo, sombreros importantes y zorros al cuello. Al fin y al cabo era la esposa del Jefe Político de Las Rosas, Don Carlos Romano.
Adela, por su parte, agrega como nota de color el hecho de haberse casado con un tal Antonio Palmero, cuyo nombre coincide con el de uno de los hermanos de mi bisabuela Dominga Palmero, casada en segundas nupcias con mi bisabuelo Gerónimo Vaieretti. Aún no hemos determinado si estos Palmero son parientes entre sí. Mi mamá dice que cree que no, pero, para estas cuestiones siempre aplicamos la duda metódica. Al fin y al cabo, en ésta rama, como en la de los Giuliano y en general, en las de todas las familias de la zona, eran habituales los casamientos entre parientes y paisanos. Una forma quizá de mantener la identidad. Quién sabe?
Sobre la llegada de los Vaieretti a Montes de Oca

La rama Vaieretti de nuestra familia ha sido una prolífera.
Cuenta la historia que el primero en llegar a Montes de Oca fue Luigi. Esta es la historia que cuentan descendientes de Luigi.
La otra historia cuenta que el primero en llegar fue Juan, que trajo luego al resto de la familia; entre ellos a su hermano Luigi que en Italia estaba estudiando para sacerdote. Esta es la historia que nos llega a través de desciendentes de Juan.
No hemos podido confirmar aún cuál es la historia cierta; ninguna de las ramas conserva documentos. Al parecer cada rama ha tenido un descendiente que tomó a su cargo emular a Nerón.
Como sea, el único Vaieretti del que tendríamos una fecha de llegada es el tal Abundio, hermano soltero de Luigi, Juan y Gerónimo, que habría llegado a Argentina el 13 de diciembre de 1890, con 35 años de edad, a bordo de la nave Umberto I. Este dato lo hemos obtenido de las bases de la Fondazione Agnelli, donde encontramos a un tal Abbondio Varetti, que suponemos es nuestro antepasado.
En esas bases también encontramos a una Domenica María V., con 52 años, llegada en la nave Duca di Galliera el 19 de diciembre de 1887. Por el nombre y la edad estimo que se trata de la madre de Juan, Luigi y Gerónimo, nacida circa 1834, según consta en la Partida de Nacimiento de mi bisabuelo Gerónimo.
Las ramas tampoco están de acuerdo respecto de quién trajo a Domenica Marchetti consigo, aparentemente ya viuda. Domenica habría fallecido en Montes de Oca y estaría descansando en el Cementerio del Pueblo. Esto lo estamos intentando confirmar vía los libros parroquiales, dado que los de la comuna de Montes de Oca se habrían perdido en oportunidad de una mudanza. Hoy por hoy, el pequeño Panteón de los Vaieretti ha sido tapiado, luciendo sólo una placa en la que figuran Luigi y su hijo, Félix, aquel que fuera el primer esposo de mi bisabuela Dominga Palmero.
El Censo Nacional de 1895 nos muestra a Luis Vaieretti (con 42 años) y a su hijo Félix (con 20 años, aún soltero), a María Vaieretti (Tavelli o Tavella de soltera, con 38 años, casada con Luigi), a Benedetta y a Dominga (hijas de María Tavelli o Tavella y de Luigi Vaieretti, aún solteras), a Miguel Micheloni (con 22 años, futuro esposo de Dominga, con la que se radicaría posteriormente en Mendoza) y a mi bisabuelo Gerónimo, aparentemente aún soltero, aunque la letra no es clara. Todos en Tortugas (Departamento Belgrano, Montes de Oca, población urbana), al parecer ya instalados en lo que luego se conocería cómo la cuadra de los Vaieretti, en la que durante años funcionó un local de ramos generales y fonda. De hecho, Micheloni y Félix figuran con profesión comerciante, Luigi como dependiente y mi bisabuelo Gerónimo como cocinero.
Hete aquí el por qué preparaba tan buena la Polenta Taragna :)
Sobre cómo ser familia
Increíblemente, nos hemos reunido por tercera vez, en menos de un año, con los que para mí son referentes indiscutidos de la rama Giuliano en Arequito. Pero esta vez fue especial: nos juntamos con ellos en el Pueblo de mis abuelos.
Esta gente se trasladó con casi cuarenta grados, desde Arequito hasta Montes de Oca, dándonos la alegría de verlos y la posibilidad de sentirnos en familia. Y aún con el calor, el sol rajante y el aire espeso, se trasladaron hasta el Cementerio para visitar a los que ya no están con nosotros.
Creo que los antepasados estarían contentos. O, por lo menos, satisfechos con la observación de que, aún con bemoles, en este Universo sigue funcionando la Ley de las Compensaciones. Esa Ley de la que siempre hablaba mi papá: la que dice que, cuando todo parece no funcionar o caerse a pedazos, algo sucede para poner un poco de orden y armonía en nuestras vidas.
Por hacernos sentir así, queridos y armonizados, nuestro agradecimiento a los que comparten con nosotros no sólo apellido y pasión por la genealogía, sino afecto y valor de sangre.
Esta gente se trasladó con casi cuarenta grados, desde Arequito hasta Montes de Oca, dándonos la alegría de verlos y la posibilidad de sentirnos en familia. Y aún con el calor, el sol rajante y el aire espeso, se trasladaron hasta el Cementerio para visitar a los que ya no están con nosotros.
Creo que los antepasados estarían contentos. O, por lo menos, satisfechos con la observación de que, aún con bemoles, en este Universo sigue funcionando la Ley de las Compensaciones. Esa Ley de la que siempre hablaba mi papá: la que dice que, cuando todo parece no funcionar o caerse a pedazos, algo sucede para poner un poco de orden y armonía en nuestras vidas.
Por hacernos sentir así, queridos y armonizados, nuestro agradecimiento a los que comparten con nosotros no sólo apellido y pasión por la genealogía, sino afecto y valor de sangre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)