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Enredados

Por razones de trabajo estoy cansada de leer respecto de la importancia de las redes... no ya de las que se arman ahora en internet, sino de las más abstractas... de las redes como concepto, como forma de encarar nuestra vida de relación en comunidad.
Todo mundo habla hoy de que moverse en red es estratégico. Como una ventaja competitiva para cada individuo y para cada grupo social. Se dice: la red multiplica, la red potencia...
Ahora: nadie dice, o por lo menos, nadie que yo haya leído, la clase de personas que hace falta para conformar estas redes: personas abiertas, solidarias, personas que tengan voluntad de compartir. Personas que tomen como propias las causas ajenas. Personas cuyo desinterés les permita interesarse en aquéllo que no les reditúa más que la satisfacción de ser útiles. De aportar constructivamente al conjunto del cual se sienten parte. Personas dispuestas a formar un conjunto valioso,  cuyo valor va siendo dado por la calidad humana de cada uno de los individuos que lo integran y por el efecto multiplicador que cada uno, funcionando en esa red, ejerce sobre el valor individual y lo convierte en uno de tipo colectivo.
Luego de casos como el de General Villegas y de la polémica que éste abrió en torno al uso de internet, así como el caso de los chicos que convocan por facebook a las rateadas masivas... me quedo pensando que la parte más importante de las redes hoy, no es la tecnología, no es siquiera la red. La parte más importante es, como siempre, la persona: tantas cosas buenas podemos hacer con buenas personas unidas, como cosas malas cuando, las que se unen, son personas que han perdido el norte en materia de valores.
Todo esto viene a cuento de La Mariolá, de la gente que andaba buscando la traducción de la letra de esta canción y del pedido de ayuda que lanzamos a través del blog. Del estimadísimo Hugo Alloa y de su siempre bien dispuesta actitud para colaborar con otros.
Ojalá algún día nos demos cuenta de que lo que más necesitan los hijos para crecer como buenas personas no son computadoras, no es alfabetización digital, no es educación sexual... Lo que más necesitan son ejemplos de personas cercanas y reales (padres, madres, padrinos, parientes, amigos de familia...), que les hagan ver que ser buenas personas es no sólo posible, sino imprescindible, para vivir en comunidad.
Para vivir en red, y no enredados.

Los viejos: lo que aportan y lo que reciben de la comunidad familiar, a propósito del próximo día internacional de la familia

Cuando Gio Battista Giuliano llegó a Argentina, lo primero que hizo fue comprar tierras en Santa Fé. Al menos eso es lo que se ha repetido en la familia desde que los hijos de Gio Battista aprendieron a hablar. 400 cuadras de campo. Así nomás.
Como esas tierras ya no estarían en manos de esta rama de la familia, no podemos saber con exactitud en qué año, ni si la tradición oral es exacta en el aporte informativo restante. Descubrir la historia de esas tierras es una tarea pendiente; cuando la termine, les cuento.
Hoy quisiera compartir algunas vivencias familiares vinculadas a esas tierras y a las familias que, alguna vez, las habitaron.
Se trata de dos momentos especiales en nuestra historia: uno, previo al nacimiento de mi madre. Otro acaecido más de diez años después. Este quedará para el siguiente post.
Cuando en 1927 fallece el bisabuelo Giuliano, la Marconetto, su esposa, quedó viviendo en sus cuadras, en la antigua casa del campo, rodeada por sus hijos, esposas de hijos e hijos de hijos, todos juntos, bajo un mismo techo. Excepción hecha de mi abuelo Juan, que al tiempo de nacer el hijo mayor, Ildo, había comprado su casa, Villa Edith, en el pueblo de Montes de Oca y allí se había mudado antes del nacimiento de su hija Nelly en 1930 y José, que vivía ya en Bouquet.

Al enviudar, la Marconetto convocó a todos sus hijos: a los que tuvo con el bisabuelo Bautista (Sebastián y Juan), a los que había tenido Bautista en su primer matrimonio  (Alfredo y José) y a los hijos de la Marconetto, fruto de su primer matrimonio con Don Marchisio (Rosa, Alfredo y Lorenzo).

En ese momento, todos recibieron la herencia en adelanto, algunos en tierra, otros en dinero, conforme el pedido de cada uno, con la condición de que los hijos de la Marconetto cuidaran de ella, cuatro meses cada uno. Me refiero a los dos hijos de su matrimonio con Bautista, Juan y Sebastián y a Alfredo, uno de los dos hijos de Bautista. Es así como la chacra primordial, obra del  Bautista, se divide por vez primera en su historia: Sebastián queda con una parte del campo, Juan con otra, Alfredo con otra... José, tiempo antes ya instalado en Bouquet a cargo del Almacen de ramos generales de ese pueblo, recibe el equivalente en dineros... los Marchisio otro tanto, momento en que parten con destino a General Roca.

La cosa es que una vez producido el adelanto, la Marconetto termina, casi de inmediato, viviendo con su hijo Juan. De hecho fallece en Villa Edith casi 10 años despues, siempre bajo los cuidados de mi abuela María Vaieretti. Y sí, es cierto: María era una mujer tan especial, que hasta su suegra la quería, prefiriéndola de entre todas su nueras. Para ese entonces la Marconetto tenía como noventa años y estaba casi ciega por causa de cataratas. Haberle pedido paciencia y consideración hacia el resto del género humano no hubiera sido demasiado justo, así como tampoco lo hubiera sido pedirle que se adaptara a vivir allí donde no se sintiera cómoda. De cualquier forma, cabe acotar que nadie se manifestó ni ofendido ni despreciado por el hecho de que la Marconetto terminara manifestando su voluntad de vivir en la casa de su hijo Juan.
María Marconetto falleció querida, acompañada y cuidada. Eso es lo que vale. Así como todas las anécdotas familiares que mi abuela terminó aprendiendo del lado Giuliano, durante esos años.
Pero: ¿de qué valen estos comentarios? En carácter de hija única, muchas veces me han manifestado la carga que debe representar ser único a la hora de cuidar a los padres, ya mayores.
En ese momento yo pienso que las mayores cargas no suelen estar representadas por  los mayores por causa de edad, sino por los menores por causa de espíritu. Una veintena de hermanos no alcanzan para cuidar a un solo viejo, cuando esos hermanos pierden de vista quién los trajo hasta aquí. Por el contrario: un sólo hijo es más que suficiente, siempre y cuando no se la pase mirando hacia los costados para ver quién está poniendo el hombro y cómo, además de él.

Racionalizando Vaierettis (vale para cualquier otro apellido)

Hay una treintena de Vaierettis en la guía telefónica y, les aseguro, son todos familia. ¿Por qué estoy tan segura de esto? Porque el apellido original de los Vaieretti en nuestra familia era Vajeretti y el grueso de los que llegaron a Argentina bajo este apellido fueron argentinizados bajo la forma Vaieretti.
Estos Vaieretti provienen todos del mismo antepasado lombardo común y no tienen nada que ver, también les aseguro esto, con personas de apellido Vairetti que viven en Argentina y que son, mayoritariamente, originarias del Piemonte.
Los Vaieretti son muchos todavía. Realmente han sido muy prolíficos y, por lo que sabemos, dados a contraer matrimonio más de una vez.
Sin embargo, hemos tenido poca suerte con que estos Vaieretti que sabemos que existen se sumen al árbol genealógico. Será que con la mayoría no nos conocemos, ni física ni virtualmente. Desde mi pequeño rincón en el mundo (algún pensador dijo, alguna vez, desde mi tonel) los Vaieretti son estricta y acotadamente, la familia de mi abuela materna. Son familia, pero en un sentido relativamente lejano, pese a mi gran admiración por los antepasados Vaieretti y mi simpatía de carácter intuitivo hacia sus descendientes.
Pero lo que más me llama la atención es la gran desconexión que parece haber entre ellos. Para ser absolutamente honesta y que esto que digo no suene a un comentario crítico restringido a los Vaieretti, cada día me asombra más cómo los vínculos familiares se han devaluado tanto en tan poco tiempo...
Ahora: cómo asombrarse de que los hijos de los hijos de primos segundos no se reconozcan como familia si a mí me cuesta que primos hermanos del lado paterno me devuelvan un correo o un llamado, o primos hermanos del lado materno me expliquen por qué, llevando en brazos a mi hija de un año de edad, para que la conocieran, fuimos dejadas en la puerta con la misma respuesta que la gente poco solidaria suele dar al que toca para pedir limosna?
Vaya a saber. Quizá nos hemos quedado en la historia. Quizá la familia no es lo que solía ser. Quizá lo es para las familias de otros y no para la más cercana que nos tocó en el reparto. O Cristo sabe.
Quizá nos tocó, junto con el resto del reparto, este gen que hace que uno insista e insista, convencido de que, a la larga, el que persevera triunfa. En todo caso: los intentos de buena fe siempre valen la pena.

Chucho Berlucho

Y si... la memoria familiar es una gran cosa, pero la transmisión oral tiene sus limitaciones.
Fíjense sino en la canción que hoy canta mi hija, porque se la he cantado yo desde beba, porque me la han cantado a mí y porque se la han cantado a mi mamá sus mayores.
130 años después de que mi familia la entonara en Cuneo (Italia), hoy suena así:
Chucho Berlucho avía una fía /Tara Banara la vulía...
Chucho Berlucho vulía pa deila / Tara Banara vulía rubeila...
Chucho Berlucho mandalo massé / Tara Banara tucai scapé.
Resumiendo: El tal Chucho tiene una hija que es pretendida por Banara. Papá Chucho se opone. El bandido Banara pretende robarla. Chucho amenaza con cosas malas. Banara huye.

Gracias a internet nos hemos enterado de otra versión, conforme ha sido publicada por alguien cuya nona, originaria de Mondovi (también Cuneo), se la cantaba.
Esta versión dice así:
Cicciu Balicciu avea na fja / Tara Manara la vuria
Cicciu Balicciu vuria nen deila / Tara Manara vuria pieila
Cicciu Balicciu avia rasun / Tara Manara furnia in prisun
Ambos recordadores nos hemos visto en la obligación de pedir disculpas por los errores que deben tener estos intentos de transcripción de antiguas canciones piamontesas, a cargo de quiénes no hablamos piamontés.

Debe sonar peor que un teléfono descompuesto... ¿no?

El caso es que, de un modo u otro, questa filastrocca se las ha arreglado para sobrevivir más de cien años, cambio de continente y transcurso de seis generaciones incluidos.

La imagen que adorna estas líneas la hemos tomado de Agenda Filastrocche, sitio en el que si bien no hemos encontrado referencia a la nuestra, contiene un montón de otras filastrocche como ésta que compartimos hoy.

Kunta Giuliano Kinte

No hay sitio de genealogía familiar que se precie que no dedique unas líneas a explicar cómo el autor entró en contacto con el tema y cómo, a partir de ahí, la genealogía se volvió para él algo muy importante en su vida.
He leído historias de lo más variadas: desde aquélla vinculada a la necesidad de obtener datos para tramitar la ciudadanía (muy común entre nosotros, los argentinos que vivimos la crisis del 2001), hasta la que refiere al abuelo que tenía escrito ya bastante sobre el tema y legó el mamotreto para que fuera continuado por las generaciones futuras. La que me pareció más graciosa: aquélla en la que el autor narra cómo, intentando obtener financiamiento para una beca de estudios, propuso como tema a Beccaria y terminó encarando una investigación y escribiendo un libro sobre la inmigración y la genealogía de las familias piamontesas en Argentina, tema que al gobierno italiano le parecía más relevante.
Hay de todo, y entre ese de todo, está mi caso.
Una de las ocupaciones centrales en mi vida ha sido la de entender. Concretamente: entender el por qué de nuestro aquí y ahora y, si se quiere, su propósito.
En algún momento algo me debe haber hecho pensar que mirando hacia atrás, hacia los abuelos y hacia los bis, quizá encontrara alguna pista para entender mejor esas cuestiones. Y así como una cosa lleva a la otra, los bisabuelos nos llevan a los tatara y, con un poco de suerte, a los choznos. Entonces uno se entusiasma y sigue, siempre tratando de poder ver un poco más atrás y de encontrar algo que nos ayude a entender mejor nuestra realidad.
Para ser honesta, desde esta perspectiva no he avanzado mucho. El aquí y el ahora me sigue pareciendo confuso y el propósito, tan en incógnita como al comienzo de la ricerca. Pero pienso que, como en otras tantas cuestiones en la vida, a veces lo importante no es el punto de llegada sino el camino que uno va recorriendo.
Y es así como hoy me encuentro valorando todo lo que me puede llevar a completar esos grandes blancos que quedan entre dos fechas (la de nacimiento y la de defunción), cuando uno descubre un nuevo antepasado en la lista.

Detrás de un árbol genealógico está siempre el legado que uno pretende dejarle a los hijos o a los más jóvenes de la familia. Yo he visto que un árbol no es tanto una gran cantidad de nombres y de fechas, sino una buena historia. Los nombres y las fechas son casi instrumentales.

Pienso en aquella novela que escribió Alex Hailey, la que dió lugar a la miniserie de Kunta Kinte. Alguna vez leí que lo que empujó al autor en su investigación y a la construcción de ese relato fue la sensación de soledad étnica. Esa soledad lo habría llevado a buscar sus raíces, su identidad, en otra parte.
Con el tiempo me he dado cuenta de que esa soledad de la que hablan los que saben tiene más de una faceta. No se reduce al sentimiento de desarraigo ni a la nostalgia por la que era la madre tierra. Al fin y al cabo, quién más, quién menos en Argentina, todos somos frutos de más de una madre y, aunque quisiéramos, nos costaría identificar cuál es la tierra por la cual tenemos que sentir la nostalgia.
Del concepto, yo me quedo con la parte de la soledad, esa parte que nos hace sentir extrañitis sin tener en claro respecto de qué la sentimos exactamente.
A estas alturas del trabajo pienso que la añoranza tiene que ver más con la falta de pertenencia a algo que nos supera y nos contiene que con algún objeto en particular. Algo que nuestros antepasados tenían y que nosotros hemos ido perdiendo con el transcurso del tiempo: la convicción y la conciencia de formar parte de una familia.
Reconstruir la historia familiar es como una vacuna para prevenir la tendencia a la disolución. Cuando recordamos que venimos de los mismos; cuando reparamos en que el legado que compartimos es común, sólo ahí podemos darnos cuenta de que lo que nos une y nos mantiene unidos no es la concesión graciosa de un llamado telefónico cada tanto, ni las visitas más o menos entusiastas. La unión está dada por lo que ya está ahí, incólume e inmodificable, pese a que decidamos ignorarlo o valorarlo.
La unidad se mantiene cuando aceptamos, que más allá de nuestros nombres y de nuestras fechas, somos, de algún modo, lo mismo. Los brotes de un tronco común.

Como parientes: el caso de Giacomo Ganza


Tengo un primo que siempre nos dice: "los aprecio, no porque sean parientes, sino como personas".
He hecho esfuerzos, pero nunca he podido llegar a entender a fondo esta frase.
Debe ser porque mi cabeza y mi corazón funcionan a la inversa: hay personas a las que las quiero como si fueran parientes. Porque las siento parientes, aunque no lo sean. Porque me encantaría que lo fueran. Porque pienso que tendrían que ocupar el lugar especial de compartir lazos tan fuertes, como los de sangre. Tal cuando uno dice "es un hermano para mí".
Como Giacomo, que apareció en mi vida cual pequeño ángel de internet, arrojando luz allí donde yo necesitaba ver.
Que, con un correo electrónico, me devolvió ese retrato de Gerónimo Vaieretti que había estado en la familia y ya no está. Que con sus mensajes me devolvió una parte de mi historia, casi sin conocerme.
Estaría honrada si Giacomo fuera parte de mi familia.
Pero a mi familia la quiero, por ser familia. Es el lugar especial que le corresponde a cada uno en el mundo. Los lazos de sangre no se pueden menospreciar ni ignorar porque, al hacerlo, nos estamos menospreciando e ignorando a nosotros mismos.
Somos parte de una familia y nos definimos a partir de ella y de cómo nos relacionamos con ella. Por lo menos, así lo veo yo, como decía Guillermo Nimo.

La imagen que ven corresponde a Villa di Tirano, dónde vive Giacomo.

El por qué de este blog

Hace años que estamos trabajando en la reconstrucción de la historia de nuestra familia.
Hemos avanzado mucho.
Hoy es un momento propicio para compartir parte de nuestro recorrido.
Te contamos que estamos construyendo junto a los parientes el árbol genealógico de las familias. Trabajamos en un sitio cerrado, al que se accede por invitación electrónica. Allí compartimos información sobre nuestros antepasados, documentos, fotos, anécdotas familiares. Si compartes alguno de los apellidos que hemos listado en nuestro blog (apellidos italianos, otros apellidos italianos, otros apellidos de Portugal y España) piensas que podemos estar emparentados y tienes ganas de compartir nuestro árbol, envía un correo a giulianovai@hotmail.com