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Algunos apellidos de familias presentes en Pianello Val Tidone en el 1700


Comparto hoy una serie de apellidos que he ido encontrando a lo largo de mi búsqueda de antepasados en Pianello.
Prometo actualizar la lista a medida que vayan surgiendo nuevos. Quizá a alguno de ustedes le sea de utilidad esta información.

Albertini, (1788); Arata (1772); Bagnalosta (1783); Baldini (1771); Barrocelli (1785); Barocelli (1792) ; Belleni (1759); Biani (1774); Bisi (1782); Boselli (1769); Bozzi (1798); Braga (1763); Braghieri (1799); Burroni (1793); Caroli (1783); Casazza (1746); Cassi (1778); Castagna (1744); Cavalli (1782); Chiapponi  (1784); Chinelli (1796); Costa (1799); Dapra' o Da Pra' (1747); Falsetti (1773); Filios o Figliozzi (1779); Fracassi (1798); Favari (1789); Gazzola (1769); Girometta (1791); Labo' (1746); Magistrali (1768); Magistrati (1879); Magnani (1793); Manzini (1789); Maserati (1784); Massari (1768); Molinari (1777); Molinelli (1773); Mozzi (1779); Pasquali (1795); Perina (1771); Pettegolli o Petegolli (1781); Peveri (1776); Poggi (1788); Pozzi (1797); Prati (1763); Razza (1779); Rocca (1771); Rocchi (1779); Rossi (1778); Savini (1794); Sbruzzi (1789); Schiaffonati (1790); Schinelli (1797); Speltini (1768); Spezia (1790); Trabucchi (1764); Travini (1770); Varesi (1762); Zucconi (1782)

En algunas casos dispongo de fechas de nacimiento o de matrimonio...

Es increíble, pero siendo apellidos no muy comunes, debo conocer y tener relación estrecha (o haberla tenido) con más de 10 personas que llevan apellidos que encuentro en Pianello, como alguno de estos apellidos... Arata, Baldini, Bozzi, Casazza, Chinelli,  Fracassi, Pozzi, Varesi...

Montes de Oca, Provincia de Santa Fé. Un desafío.

Una genealogía, un pueblo. ¿Por qué no? ¿Por qué no animarse y hacer punta siendo uno de los primeros pueblos en Argentina (anque en el mundo) en tener sus orígenes documentados a través de la ricerca genealógica?

¿Por qué no? Yo también me lo pregunto, aunque creo que lo mejor sería preguntarse: ¿por qué si?.

Porque sí. Porque vale la pena y no acarrea demasiada, al contrario. Podríamos hacerlo si un par se pusieran las pilas y convocaran a sus allegados. Podríamos hacerlo si viéramos todas las posibilidades que tiene el proyecto.

Altroqué podríamos hacerlo, como decían nuestros abuelos y aún se sigue diciendo en el pago... Pero no lo hacemos. Qué pena; sería un buen modo de preservar nuestra historia y la memoria viva... mientras queda. Sería un buen modo de estrechar lazos. Hasta sería un buen modo de hacer campaña pro Montes de Oca...

La base está: tenemos ya un buen número de apellidos vinculados a nuestro árbol familiar que crece y se expande de modo descontrolado. Tenemos Giuliano, tenemos Marconetto... Pero también tenemos Vaieretti y Palmero. Y Bruera y Bertino. Y Ribotta. Y Ramello... Beccaria, Bertero... Bello... Berchielli, Suppo... Boetto, Marucco, Botta, Cacciabue, Cardonato, Corneli, Dardanelli, Dietschi, Musso, Elli, Serra, Ferrero, Ferrato, Ferro... Grasso, Stalder... Los Nova! Los Re... Los Rossia... Los Toia... Los San Pietro... Y que no me olvide de los Crosetti... Y los que de seguro podrían sumarse por causa de matrimonio...
Yo creo que cualquier monteoquense que recuerde el nombre de su abuelo y de su bis, hoy por hoy, está en condiciones de engancharse al árbol sin mayores complicaciones...
Ojalá alguien escuche la propuesta y se enganche. Las construcciones colectivas son siempre interesantes y valiosas.

En todo caso: quizá la idea le sirva a algún otro paisano, en alguna otra parte del mundo. Cuenten con nuestra ayuda, si cabe.

El matrilinaje, Creta y el ADN mitocondrial

Quién más quién menos, todos en algún momento hemos oído acerca de una época remota y oscura en que las sociedades eran, mayormente, matriarcales.
Este período se asocia con una etapa primitiva de la humanidad. Una época en que la religión giraba en torno al arcaico Culto de la Diosa Madre.
Hay quienes consideran que este tipo de organización social, en el que las mujeres desempeñaban un papel tan relevante como centro de la vida comunitaria y familiar se explica en función del espíritu más libre de los hombres.
Dice asi Hayes:
 "... los núcleos de población se agruparon ante todo alrededor de las madres, pues las mujeres por su condición más sedentaria cultivaban con sus hijos los campos constituyendo, por tanto el protoplasma de la vida social..."
Otros han explicado esta etapa en función de la ignorancia.
Leemos:
"El sociólogo escocés (Mac Lennan) parte del supuesto de que la incertidumbre de la paternidad fue lo único que determinó la fase matriarcal..."
Por lo que se dice, el mundo primitivo era cosa de mujeres porque eran ellas las que tenían a su cargo funciones primordiales (tanto por su importancia como por su carácter esencial o primero). No sólo cultivaban los campos y se encargaban de brindar sustento a los hijos, sino que, además, transmitían el linaje, la propiedad y la herencia. Era, lo que se dice un mundo matrilineal. Un mundo que, naturalmente, replicaba esta idea en lo político: eran las mujeres las que se sentaban en los tronos o las que, eventualmente, habilitaban a que el consorte (hombre) pudiera sentarse en él.
Un mundo lejano, estrogenocéntrico y ginecocrático, que hasta Freud terminó reconociendo que pudo haber existido, generalizado, al menos en lo que se refiere a la transmisión matrilineal del linaje (cuestión no menor por cierto, habida cuenta de sus connotaciones).
Dice el buen hombre:
"Es muy probable que la transmisión materna haya sido en todas partes la primitiva, reemplazada más tarde por la transmisión paterna..."
Todo esto es cosa dicha, como también los es la más que agotadora vinculación del matriarcado y del matrilinaje con términos tales como primitivo y arcaico.
Hasta Herodoto se suma a este discurso, cuando describe a los licios:
"Los licios traen su origen de la isla de Creta, que antiguamente estuvo toda habitada de bárbaros. Cuando los hijos de Europa, Sarpedon y Minos, disputaron en ella el Imperio, quedó Minos vencedor en la contienda y echó fuera de Creta a Sarpedon con todos sus partidarios. Estos se refugiaron en Myliada, comarca del Asia menor, y la misma que al presente ocupan los licios. Sus habitadores se llamaban entonces los Solymos... estos vinieron con el tiempo a mudar de nombre, y tomando el de Lyco, se llamaron licios. Sus costumbres en parte son cretenses y en parte carias; pero tienen cierto uso muy particular en el que no se parecen al resto de los hombres, y es el de tomar el apellido de las madres y no de los padres; de suerte que si a uno se le pregunta quién es y de qué familia procede, responde repitiendo el nombre de su madre y el sus abuelas maternas. Por la misma razón, si una mujer libre se casa con un esclavo, los hijos son tenidos por libres de nacimiento; y si al contrario un hombre libre, aunque sea de los primeros ciudadanos, toma a una extranjera como esposa o concubina, los hijos que nacen de semejante unión son considerados como infames..." (el subrayado es nuestro)
Toda esta reflexión me surge a partir de los resultados que han arrojado los estudios relacionados con el ADN mitocondrial, la Eva mitocondrial y la genealogía basada en la matrilinealidad de la transmisión de ese ADN... Digo: qué cosa, ¿no?.. que los pueblos primitivos tuvieran un sistema político normativo de transmisión de linaje matrilineal... Y qué cosa, ¿no? que la más antigua de las siete evas mitocondriales de la que habla Sykes, haya vivido en lo que actualmente conocemos como Grecia hace unos 45 mil años...
Hace tiempo que Creta se me representa como uno de los vestigios más antiguos de una civilización pretérita, de lo más avanzada, a la que se ha catalogado, con toda razón, como la primera cultura urbana de Europa.
Un arte exquisito con frescos que no dejan de emocionarme cada vez que los observo... y palacios espectaculares... Pero no sólo eso: pavimentos en las calles, alcantarillados en perfecto funcionamiento hasta el siglo XX, acueductos, desagues cloacales, calderas, cañerías de cerámica y de plomo, duchas y retretes (éstos con sistema de autolimpiado base chorros de agua fría que se regulaba mediante palanquillas), sistemas de ventilación para habitaciones a través de chimeneas de aire...

Y, como colofón, un concepto abrumador, de base, que si no fuera por Plutarco, ni modo hubiera caído en la cuenta de su trascendencia.
Leemos:
"Sólo tu patria, o como los cretenses acostumbraban a decir, tu metrópoli, es mucho más vieja, y tiene todavía más privilegios que los padres..."
Metrópolis cretense: la ciudad madre (metris) y no Patria (de patris, padre)... Esto, de la mano del mito de Demeter y la inmortalidad del principio femenino... ¿Será que los cretenses y otros habitantes del mundo antiguo intuían (¿o quizá, recordaban?) la existencia de la genealogía mitocondrial?

En todo caso: chicas y muchachos, a ponerse las pilas con el lado materno del árbol familiar, lado que, por causa de las desviaciones culturales posteriores a los minoicos, es el que nos resulta siempre más difícil de rastrear, documentalmente hablando.

Sobre el valor terapéutico de la genealogía

Este post podría haberse intitulado Cómo está visto que nos empecinamos en no aprender nada. Pero me pareció hiriente. Así que hagan de cuenta que no he dicho palabra.

Leemos:
"La genealogía ayuda a resolver cantidad de interrogantes y, por eso, hace bien. "Un psicólogo que vino al curso de genealogía que dicto comentó que la genealogía era terapéutica, ya que para las personas que cortaron con sus antepasados, descubrirlos y volverlos a unir en un árbol genealógico era un medio psicológico para curar antiguas heridas"
Vivimos un momento decisivo de la historia, momento en que debiéramos poner un poco más de onda en esto de intentar ver las cosas de un modo diferente, de encarar la vida de un modo diferente. De valorar las cosas desde otro lugar, pensando no sólo en lo que nos hace sentir bien en lo individual e inmediato, sino en lo que nos hace ser mejores personas y, por tanto, mejores comunidades humanas.

Nadie discute que la genealogía sea terapéutica. Pero es lamentable que sigamos leyendo la realidad desde un individualismo tan extremo. Una visión que se limita a resumir la cuestión de la ricerca genealógica en términos tan limitados, además de mezquina, es lamentablemente risueña.

Puestos a ensalzar la genealogía desde el ángulo de que "hace bien", insisto en la necesidad de pensar más como los griots y menos desde la perspectiva que adoptan este conjunto de ideólogos del consumo que transforman la historia en algo bueno de ser aprehendido, porque "sana heridas".

Una cosa es volver a poner en el centro al hombre. Otra muy distinta es que "el hombre" y su placer o displacer se vuelvan una agujero negro que termine comiéndose el universo.

Corazón de Grillo

Hoy nos hemos despertado como el grillo de Conrado. No porque durante la noche hayamos adquirido la facilidad de interpretar la vida esta mañana, sino por la música sencilla y vana que comenzamos a entonar cuando, preguntándonos qué podía tener en común la genealogía y el antiguo culto a los antepasados, nos encontramos, cara a cara, con la poesía de los lares.
No sé por qué Dios ha querido que esta estrofa, dedicada a la quinta de la casa natal, no sea mía, sino de Rolando Cárdenas:
"Al fondo de la casa está arrugada y dura
sin frutos ni perfectos molinos.
Pero las raíces tejen sus mansiones secretas todas las estaciones.
Es su ternura fecundada
como amadas lámparas bajo tierra"
O esta otra:
"Y mi abuelo -que junto a la tierra envejecía-
era un antiguo vigilante de huertos y cosechas
levantándose antes que el rocío
con su pala y su cigarro a conversar con ella
para guardarla de las grandes escarchas"
Y en general, cuando dice:
"Pasa la tierra...
Pasan los que primero vivieron en ella
convertidos en bosques o en cerros,
y un día desaparecieron detrás de los planetas.
Pasan mis antepasados muertos
mis antepasados muertos hace años.
Son sus fantasmas que se mueven en un soplo.
Son los que siempre vagan entre el agua y el follaje..."
"Mientras se descansaba de la jornada
alrededor del pan y del vino,
me conversaron que todo lo que abarcaba la vista
era el fruto de largos y fatigosos años de trabajo.
O son tus antepasados - me decían
y los de los que están poblando estas colinas
quienes ayudan con su sangre a alzar estos cimientos..."
El poeta ha logrado plasmar, tan bello y tan sencillo, esto que se siente a veces, ¿no?: la presencia acompañante y solícita de nuestros lares.

Como Maximus Decimus Meridius, el personaje de Gladiador, con las estatuillas de sus antepasados acuestas, a las que saca para orarles en improvisado altar, así pienso yo que hacemos algunos con esto de la ricerca genealógica.

Para cerrar, agradezco al poeta su arte.
"El poeta no se siente solo, sino siempre rodeado de un mundo físico al cual pertenece y que le pertenece, y de antepasados que lo acompañan en su tránsito terrestre, así como se sabe que uno acompañará en venideros tránsitos a sus descendientes. Poesía genealógica, en el buen sentido de la palabra. Y los antepasados y los parientes aparecen en esta poesía naturalmente no en su condición de mero parentesco, sino elevados a la categoría de figuras míticas, transfigurados en ángeles guardianes..."
VROMA agradezco la imagen del lararium que acompaña este texto.

A propósito de la genealogía y el valor de la verdad

Hace unos días salió publicado en La Voz de Galicia una entrevista a Carlos de Aracil que, además de médico traumatólogo y diplomado en Heráldica y Genealogía, resulta ser Caballero de las Ordenes de Malta y del Santo Sepulcro.
Pese a ser una entrevista muy breve, varias palabras de este Señor me quedaron dando vueltas en la cabeza durante estos días… Hoy, mirando los tres votos que tenemos en la encuesta referida a valor de amigos vs parientes, me vuelven las palabras de este hombre que destaca el rol de la heráldica y de la genealogía. Y pienso: ¿por qué hay tanta gente a la que le interesa su genealogía? ¿Como puede ser que en un mundo en que no sólo los parientes en sentido lato, sino incluso el núcleo más pequeño de la familia cercana, están perdiendo tantos puntos, habemos tantos intentando encontrar a nuestros ancestros?

Cuando me pregunto esto, me vuelven las palabras de Aracil: “la historia no podemos olvidarla…La historia no puede borrarse. Por mucho que intenten ocultarla, la verdad acaba por salir a flote siempre…”

La verdad: yo no sé si la verdad sale a flote siempre. O sí. Pero quizá demanda mucho tiempo y esfuerzo y no siempre estamos dispuestos o en condiciones de ayudarla a salir… Además, seamos honestos, a veces la verdad incomoda: enfrentar la verdad tiene otros costos, además de tiempo, esfuerzo (y dinero).

Por ejemplo, ayudar a que la verdad salga a la luz puede significar estar colaborando con la muerte de una ilusión.

Dicen por ahí en la Biblia que la verdad nos hace libres.

En todo caso, me quedo pensando que si este buen hombre tiene razón, todos los que hacemos ricerca genealógica no sólo estamos intentando llegar a la verdad, sino, además, liberarnos. Cada quien sabrá de qué cosa.

Set básico del buen genealogista

Damos por sentado que los que hemos llegado hasta aquí tenemos un interés genuino por conocer nuestras raíces. Y que este interés va más allá de la urgencia o de la necesidad del momento.
Dicho esto, se me ha ocurrido que puede resultar de utilidad para otros que están en la misma, listar el staff que me ha acompañado a lo largo de este tiempo de búsqueda. Este post completa uno anterior, referido a algunas de las fuentes que hemos utilizado a lo largo de este tiempo.
El primer gran elemento, al que he dado en llamar, actitudinal, es en realidad un conjunto de virtudes básicas que acompañan a todo buen genealogista y que, de algún modo, deben estar presentes para sostener la motivación. Debo decir que algunas de estas virtudes no definían del vamos mi persona, razón por la cual me he encontrado en la necesidad de cultivarlas diariamente.
La primera: una actitud positiva y perseverante. No aflojar cuando se nos presenten escollos. Remontarse atrás en el tiempo puede ser tan difícil como predecir el futuro con cierto grado de éxito. Así que, a desarrollar una gran tolerancia a la frustración para lograr mantener el entusiasmo, aún ante la adversidad que nos impide avanzar en la ricerca. La segunda actitud: la celebración agradecida. Este agradecimiento debe incluir desde la persona que nos ha provisto del dato que anhelábamos, hasta a los antepasados que nos han ayudado, desde el más allá, generando una constelación favorable para que nuestro camino se cruzara con el de aquél que nos ha dado una mano. La tercera: solidaridad. Si es cierto que todos necesitamos de todos en la vida, en materia genealógica esta verdad es palmaria. Ser generosos genealógicamente hablando, además de definirnos como personas mejores, mejorará sin duda los resultados de nuestra búsqueda. La información que se comparte, necesariamente, crece porque se enriquece. Y, de últimas, como la tarea que usted ha decidido emprender es por demás solitaria, tendrá la suerte de rodearse de personas que, por compartir su interés y su pasión, sabrán apoyarlo ante la adversidad y se podrán felices con usted ante un descubrimiento. (Comentario al margen: ¿ha notado cómo algunos parientes lo miran cuando usted está deprimido y comenta que es porque no encuentra el nombre del tío segundo del chozno de su bisabuelo? ¿Ha reparado en sus caras cuando usted, feliz de la vida, sale a descorchar e invita ronda de tragos porque ha encontrado el nombre de la segunda esposa del hermano de su tatara? Pues bien, esta sensación de vivir alienado se termina cuando uno se da cuenta de que hay otras personas en el mundo que actuarían del mismo modo ante la misma situación).
El segundo gran elemento es uno conformado por una serie de habilidades, que hacen que el buen genealogista compita con los detectives y sea comparado con los historiadores.
Como detective, la primera de las habilidades es, ante la falta de certeza, vivir planteando hipótesis y tratar de ir contrastándolas con la información que vamos obteniendo. Por eso, para un genealogista, nada de lo que se sabe ni de lo que se va averiguando es descartable. Cada dato, cada punta, cada indicio es relevante. Porque puede estar abriendo la puerta para llegar a la información que nos interesa por un camino que, hasta ese momento, no habíamos explorado.
En este sentido, un buen genealogista valora en extremo la transmisión oral de la historia. Allí donde no hay papeles de seguro hay verdades que han sobrevivido en la memoria familiar, sin soporte papel ni digital. Y allí donde la documentación existe, estas verdades tienen la virtud de completar un panorama que, en su ausencia, sería bastante desolado en términos de una buena historia.
El genealogista debe ser ordenado, sistemático y contextualizado en el manejo de la información, tal como lo son los buenos historiadores. Debemos aprender a llevar nota de todo lo que vamos descubriendo, de las fuentes y de los recursos de búsqueda. Y, si somos adictos a la PC, tener back up/soporte papel de nuestro capital investigativo. Lo digo, lamentablemente, por experiencia propia.
Comentario especial merecen los recursos en internet: parta siempre de la convicción de que la información crece y se actualiza de modo constante. Si intentó una búsqueda y no obtuvo resultados, tómese la costumbre de repetirla al tiempo. Puede que se encuentre con que la información se ha actualizado y que lo que no encontró en la primera oportunidad termina apareciendo en la siguiente.
Lo de 'contextualizado' hace a la necesidad de investigar el momento histórico en el que vivieron nuestros ancestros. No podemos hacer historia familiar sin saber algo de la historia más amplia. Conocer esa historia siempre hace más efectiva nuestra búsqueda.

El tercer gran elemento es el de los recursos distintos a las actitudes y a las habilidades. Básicamente: tiempo y dinero. En nuestras sociedades, el tiempo (y el dinero) es siempre escaso. Pero también es cierto que uno va eligiendo, en cierta medida, a qué dedica el poco tiempo/dinero que le queda libre. Y tratándose de una actividad que uno no desarrolla apremiado por las circunstancias, tiene todo el tiempo que Dios le dé para ir dedicándole al tema. A veces basta con cinco minutos antes de dormirse o al despertarse, o incluso al concurrir al sanitario, minutos maravillosos en los que uno reflexiona sobre la información disponible y encuentra un nuevo camino por el que avanzar.
¿Hace falta dinero extra para hacer genealogía? Para todo hace falta dinero. Hasta para no hacer nada, salvo casos extremos. Pero dejando de lado esos casos, mi experiencia me indica que no. Llego a contabilizar una veintena de parientes que han viajado y han vuelto de Italia como cuando llegaron de España: sin nada nuevo que aportar en materia genealógica. Ustedes dirán: quizá no sea así; quizá no quisieron compartir lo que descubrieron. Siendo ese el caso, volvemos al párrafo en el que hablábamos de la solidaridad. Qué sentido tiene el descubrimiento si no se comparte?
Para cerrar, citare a mi marido, que me ha dado una frase estupenda para compartir con ustedes: de últimas, todos nos vamos a encontrar con nuestro árbol genealógico en los bosques de San Pedro. Así que a no desesperanzarnos: lo que no hayamos descubierto, tarde o temprano, nos será develado.

Kunta Giuliano Kinte

No hay sitio de genealogía familiar que se precie que no dedique unas líneas a explicar cómo el autor entró en contacto con el tema y cómo, a partir de ahí, la genealogía se volvió para él algo muy importante en su vida.
He leído historias de lo más variadas: desde aquélla vinculada a la necesidad de obtener datos para tramitar la ciudadanía (muy común entre nosotros, los argentinos que vivimos la crisis del 2001), hasta la que refiere al abuelo que tenía escrito ya bastante sobre el tema y legó el mamotreto para que fuera continuado por las generaciones futuras. La que me pareció más graciosa: aquélla en la que el autor narra cómo, intentando obtener financiamiento para una beca de estudios, propuso como tema a Beccaria y terminó encarando una investigación y escribiendo un libro sobre la inmigración y la genealogía de las familias piamontesas en Argentina, tema que al gobierno italiano le parecía más relevante.
Hay de todo, y entre ese de todo, está mi caso.
Una de las ocupaciones centrales en mi vida ha sido la de entender. Concretamente: entender el por qué de nuestro aquí y ahora y, si se quiere, su propósito.
En algún momento algo me debe haber hecho pensar que mirando hacia atrás, hacia los abuelos y hacia los bis, quizá encontrara alguna pista para entender mejor esas cuestiones. Y así como una cosa lleva a la otra, los bisabuelos nos llevan a los tatara y, con un poco de suerte, a los choznos. Entonces uno se entusiasma y sigue, siempre tratando de poder ver un poco más atrás y de encontrar algo que nos ayude a entender mejor nuestra realidad.
Para ser honesta, desde esta perspectiva no he avanzado mucho. El aquí y el ahora me sigue pareciendo confuso y el propósito, tan en incógnita como al comienzo de la ricerca. Pero pienso que, como en otras tantas cuestiones en la vida, a veces lo importante no es el punto de llegada sino el camino que uno va recorriendo.
Y es así como hoy me encuentro valorando todo lo que me puede llevar a completar esos grandes blancos que quedan entre dos fechas (la de nacimiento y la de defunción), cuando uno descubre un nuevo antepasado en la lista.

Detrás de un árbol genealógico está siempre el legado que uno pretende dejarle a los hijos o a los más jóvenes de la familia. Yo he visto que un árbol no es tanto una gran cantidad de nombres y de fechas, sino una buena historia. Los nombres y las fechas son casi instrumentales.

Pienso en aquella novela que escribió Alex Hailey, la que dió lugar a la miniserie de Kunta Kinte. Alguna vez leí que lo que empujó al autor en su investigación y a la construcción de ese relato fue la sensación de soledad étnica. Esa soledad lo habría llevado a buscar sus raíces, su identidad, en otra parte.
Con el tiempo me he dado cuenta de que esa soledad de la que hablan los que saben tiene más de una faceta. No se reduce al sentimiento de desarraigo ni a la nostalgia por la que era la madre tierra. Al fin y al cabo, quién más, quién menos en Argentina, todos somos frutos de más de una madre y, aunque quisiéramos, nos costaría identificar cuál es la tierra por la cual tenemos que sentir la nostalgia.
Del concepto, yo me quedo con la parte de la soledad, esa parte que nos hace sentir extrañitis sin tener en claro respecto de qué la sentimos exactamente.
A estas alturas del trabajo pienso que la añoranza tiene que ver más con la falta de pertenencia a algo que nos supera y nos contiene que con algún objeto en particular. Algo que nuestros antepasados tenían y que nosotros hemos ido perdiendo con el transcurso del tiempo: la convicción y la conciencia de formar parte de una familia.
Reconstruir la historia familiar es como una vacuna para prevenir la tendencia a la disolución. Cuando recordamos que venimos de los mismos; cuando reparamos en que el legado que compartimos es común, sólo ahí podemos darnos cuenta de que lo que nos une y nos mantiene unidos no es la concesión graciosa de un llamado telefónico cada tanto, ni las visitas más o menos entusiastas. La unión está dada por lo que ya está ahí, incólume e inmodificable, pese a que decidamos ignorarlo o valorarlo.
La unidad se mantiene cuando aceptamos, que más allá de nuestros nombres y de nuestras fechas, somos, de algún modo, lo mismo. Los brotes de un tronco común.

Sobre lo que traba el avance de nuestra ricerca


Escribo este post porque creo que puede ayudar en el avance de nuestra ricerca genealógica. En un par de los anteriores hemos hecho referencia a la rama Giuliano de Arequito y a cómo llegamos a la conclusión de que ambas familias (la Giuliano de Arequito y la de Montes de Oca) debían de estar emparentadas, no sólo por provenir ambas de Barge (Provincia de Cuneo), sino y muy especialmente, por compartir el mismo sopranome familiar: Buneva, Boneva.
Así las cosas, comenzamos a preguntarnos cuál sería el ancestro común a ambas ramas. Para ese entonces, nuestra única fuente de información era lo registrado en el Panteón de Montes de Oca y la memoria materna, fuentes ambas que nos permiten retrotraernos sólo hasta mi tatarabuelo Chiaffredo Giuliano, respecto del que sabemos habría fallecido el 17 de julio de 1897, a los 80 años (según consta en la placa, cuya imagen acompaña este post), habiendo nacido circa 1817.
Cruzando esta información con la que disponían los Giuliano de Arequito surgió que en su árbol genealógico había un Chiaffredo, hermano del Giovanni Battista que dió origen a esa rama en Arequito.
Todo mundo se puso muy contento, yo incluida, pese a la ausencia de prueba documental que avalara el hecho de que nuestro Chiaffredo es el mismo Chiaffredo que exhibe la rama arequitense. El pequeño problema es que si bien los Giuliano de Arequito disponen de la Partida de Nacimiento de su Chiaffredo (nacido en 1818, pero no en Barge, sino en Ruffia), nosotros ni siquiera estamos seguros del año.

Si bien esto no fue obstáculo para que todos festejáramos, reuniéndonos y llegando a reunirse para celebrar miembros de la familia que declaran no compartir interés especial por la genealogia, sí es un obstáculo considerable para retrotraernos en el tiempo y, de algún modo, apropiarnos de un árbol genealógico que se remonta a principios del siglo XVIII.

¿Qué necesitamos para confirmar nuestra hipótesis de conexión? Identificar el nombre del padre de nuestro Chiaffredo Giuliano, para ver si coincide con el nombre del padre del Chiaffredo Giuliano en la rama de Arequito. ¿Qué hemos hecho para lograrlo? De todo un poco. Hemos intentando dar con la Partida de Nacimiento de nuestro Chiaffredo en Barge y no la hemos hallado para los años 1817/1818. Hemos intentando también contactar a las Parroquias de Barge, para obtener la Fé de Bautismo de Gio Battista Giuliano, hijo de Chiaffredo, en el convencimiento de que de ella surgiría el nombre de los nonos. Lamentablemente, no hemos recibido respuesta. Lo propio hemos hecho respecto del casamiento de Chiaffredo y Caterina Bosio, con idéntico no resultado.

En paralelo, hemos intentando dar con la Partida de Defunción de Chiaffredo. Más triste aún, porque la comuna nos ha informado, en repetidas oportunidades, que los registros correspondientes se perdieron (sic) en oportunidad de una mudanza.
Este año, aprovechando que asumiera como nuevo Jefe Comunal el que sería chozno de Chiaffredo, hemos presentado una nota formal solicitando se nos brinde copia de la correspondiente Partida.
Esto para ver si se contesta que los libros están perdidos, y, en su caso, dar por agotada la vía y recurrir al nivel superior (Archivo General de la Ciudad de Santa Fe, el que informa en su sitio web que las inscripciones de defunciones anteriores a 1899 deberán solicitarse ante los cementerios donde falleció o se inhumó la persona).

Están siempre los libros parroquiales, dirán ustedes. Pero aquí también nos hemos enfrentado a problemas. No encontramos a Chiaffredo. Hemos obtenido una copia en la que la última defunción registrada en el libro antiguo corresponde al año 1896. Renglón seguido se observa una anotación del Párroco en la que se lee:
"Las partidas siguientes, correspondientes desde el año 1899 hasta el 1°de Marzo del año 1908 se hallan en la Parroquia de Las Rosas"

Por tanto, también hemos efectuado el pedido al Señor Párroco de Las Rosas, sin haber recibido aún respuesta. Nos seguimos preguntando qué habrá sido de la vida de los fallecidos entre setiembre de 1896 y fines de 1898 y porqué justo Chiaffredo y Caterina tuvieron que morirse en 1897 y 1898, respectivamente.
Si fuera fana de la teoría del complot, diría que acá opera uno.
Esperemos que este post sirva, de algún modo, para destrabar el avance. Finalmente, acceder a esta clase de información pública hace a nuestro derecho a la identidad.
No poder acceder a ella, nos afecta.

Fuentes para la ricerca

Voy a interrumpir esta saga de relatos para hacer el intento de contar algo respecto de las fuentes a las que hemos recurrido a lo largo de nuestra ricerca.
Como decimos en la portada de este blog, lo que sabemos respecto de nuestros antepasados, de ellos como personas, de su forma de ser, de sus vivencias y de sus anécdotas de vida, lo sabemos gracias a la transmisión oral de ese conocimiento.
Considerando que hay quiénes no han tenido la suerte de conocer siquiera el nombre de sus abuelos, la verdad es que sabemos mucho. Sin embargo no dejo de lamentar el hecho de no haber prestado más atención o no haber preguntado más a mi padre sobre su familia.
Este conocimiento familiar es irremplazable. Pero la memoria familiar tiene sus limitaciones. En el caso de otras familias, la falta de memoria es compensada por la amplia disponibilidad de documentos. No ha sido éste nuestro caso. Seremos ricos en anecdotario, pero la verdad es que cuando comencé a prestar atención a esto de la genealogía, me dí cuenta de que mi familia estaba por debajo de la línea de pobreza en materia de papeles.
Otra vez veo funcionar la Ley de las Compensaciones de la que hablaba mi papá: no tendrás papeles pero, al menos, tenés mucho dato y capacidad de procesamiento para llegar a ellos.
Más allá de las causas por las cuales carecemos de documentos originales a un lado y a otro de la familia (que es un tema que da para un par de posts más) lo cierto es que lanzados a su búsqueda, hemos dado con ellos. Y todo gracias a internet.
En este punto quisiera compartir cuáles han sido los recursos que mejor utilidad me han prestado y los criterios de búsqueda que mejor resultados me han dado.
Para comenzar les menciono este sitio: apellidos italianos. Es un muy buen lugar para dar con otros que comparten la misma búsqueda que nosotros y nos permite acceder a su dirección de correo para contactarlos.
En segundo lugar, el sitio Piemontesi nel mondo, que no sólo dispone de un espacio para dejar publicada nuestra búsqueda y dirección de correo, sino que es gerenciado por gente super amable que transmite respeto y valoración por nuestras inquietudes genealógicas.
A la hora de cuestionarse respecto del origen de nuestros apellidos, no he encontrado sitio que supere a L'origine dei cognomi. Trabajan el tema con gran seriedad y profesionalismo y, en muchos casos, cuando el apellido que buscamos no está presente en las bases y uno les envía correo y les pregunta, suelen cargarlo con la correspondiente explicación. Son realmente maravillosos. En este sitio suele colaborar nuestro amigo Giacomo Ganza, ofreciendo explicaciones alternativas respecto de los orígenes de algunos apellidos.
Otro sitio que funcionaba muy bien para pedir socorro en materia genealógica era Celtiberia, pero entiendo que ahora está cerrado a las intervenciones. De cualquier modo, hay cantidad de post referidos a apellidos y genealogía que aún pueden consultarse en línea.
Renglón seguido quisiera mencionar a la Fondazione Agnelli, con su sitio Cerca le tue radici. Con esta base tengo una relación especial porque si bien he encontrado la llegada de antenati respecto de todos los que me han pedido ayuda, sólo he encontrado, en principio un antepasado propio. Sería muy bueno que el buscador permitiera realizar otro tipo de búsquedas (como por barco, por fecha, por nombre...). De cualquier modo, existen otros dos recursos que podemos combinar para mejorar los resultados: la base del CEMLA por un lado y el trabajo realizado por Mauro Risani. Utilizando el primero podemos tener una idea de las variantes con que el apellido que buscamos puede haber sido volcado en los registros al momento de ingresar nuestro antepasado a Argentina. Gracias al segundo podemos buscar por año y por barco a nuestro antepasado aunque no lo hayamos encontrado en el buscador de Agnelli.
No podemos dejar de mencionar a Family Search. Aunque tampoco he encontrado a mis ancestros aquí (es evidente que tienen más dato cargados del Sur de Italia que del Norte) con el transcurso del tiempo me he dado cuenta que la carga continúa: hay apellidos que al inicio de mi ricerca no estaban cargados y hoy por hoy, aparecen.
Para cerrar, al menos por hoy, dos tips: aprovechar la búsqueda de google libros, tanto para dar con los apellidos como con los lugares que estamos ricercando y dejar en cuanto foro o espacio encontremos disponible los apellidos que estamos buscando.
En todo caso, la consigna es darle una mano a la buena suerte.
Más adelante hablaremos de otras cuestiones que ayudan en la ricerca.

Un intento de saludo en dos idiomas para questo Natale

Para las Navidades, cuando mis primos Giuliano eran pequeños, mis papás se tomaban el Micro y se iban a festejar la Navidad a Montes de Oca, con sus sobrinos, que en algún caso eran ahijados también.
Era lógico. Mi tío había enviudado recientemente y la familia vivía aún en la Chacra. Al principio, estas Fiestas se festejaron con la presencia de mi abuela María. Luego, con mi abuelo Juan ya viudo. Al tiempo, sólo con mi tío y primos.

Yo todavía no había nacido.

Mis papás no eran ricos. Al contrario. Por esos años mis padres estaban peleando el descenso, como se dice por estos pagos. Pero eran creativos, relativamente jóvenes y tenían fuerza, amor y esperanza. Entonces lograban suplir las carencias económicas, con habilidad y entusiasmo.

Eran artimañosos, como decía mi papá.

Así que los regalos que llevaban, mayormente eran regalos handmade, esos que hoy son casi un lujo, pero para aquellos años no tenían el marketing que tienen hoy (mis papás siempre estuvieron mínimo 20 años adelantados para su época). Mi mamá preparaba vestidos para las niñas, trajecitos para los varones. Y cuando llegaba, hasta los colchones que tenían que llevar a los internados mi madre les preparaba a los sobrinos.
Mi papá hacía los juguetes, al estilo Papá Noel. Y cuando dió para comprarlos hechos, como aquél metegol de mesa, que era boom del momento, se las arregló para construir una valija de madera en donde transportarlo.

En uno de esos viajes, hasta un árbol navideño se preparó mi papá, con pesebre y todo.

Ya han pasado muchos años de esto. Todos hemos armado muchos arbolitos, algunos nuevamente con los parientes. Otros en casa. Arbolitos más bonitos, quizá, que el que hizo mi padre para aquéllas Fiestas, pero llenos del mismo amor con que él pudo armarlo.

Recordando las Navidades pasadas es que quisiera hacerles llegar a todos este saludo, rescatando la importancia de la familia y del amor que uno le pone a las cosas que hace.

Esta Navidad va a ser diferente.
Esta Navidad vamos a tener un Arbol muy especial.
Un árbol que es nuevo, pero muy viejo a la vez.
Uno compartido por todos nosotros, hecho con el amor de nuestros antepasados.
Uno que crece con nosotros.
Uno que continuará, con Dios quiere (como decimos en el campo), luego de nosotros.
Llenos de estrellas especiales; los retoños de nuestras familias.
FELICIDADES!

Questo Natale sarà diverso.
Questo Natale avremo un albero molto speciale.
Un albero che è nuovo, ma anche molto vecchio.
Un albero condiviso da tutti noi, fatto con l'amore dei nostri antenati.
Un albero che cresce con noi.
Uno che continuerà, a Dio piacendo, dopo di noi.
Pieno di stelle speciali, ai bambini nelle nostre famiglie.

COMPLIMENTI!

No me voy a poner a brindar desde ahora por este Arbol, pero, la verdad, motivos no nos faltan.

Saludos muy especiales para todos los amigos italianos, a los que quisiera les llegara nuestros cariño, pese a las dificultades que tengo para comunicarme en el idioma. Caro Saluti e Buon Natale per tutti le amici e parenti italiani!

Sobre los detto Buneva


Por pedido del público adelantamos algo sobre el tema de los Buneva.
Ha contado siempre mi madre que, cuando ella era pequeña (y no tan pequeña), su madre le contaba anécdotas sobre la familia.
Sucede que mi abuela, María Vaieretti, tenía anécdotas sobre todas las ramas y subramas que vemos en el árbol. Siempre del lado Giuliano de mi familia, claro está. Y las transmitía asiduamente a su hija.
Entre estas anécdotas figura una referida a mi bisabuelo, Gio Battista Giuliano y a cómo lo llamaban (y porqué) en el Pueblo de Montes de Oca. Mi abuela le contaba a mi mamá que Gio Battista Giuliano era una persona muy buena, muy solidaria con sus vecinos y con la gente menos favorecida por la mano de Dios y del hombre. Por ejemplo, periódicamente acercaba a los vecinos más necesitados, comida, telas, y otros enseres para sus familias.
María Vaieretti consideraba que era por esta razón que a Gio Battista Giuliano le decían Buneva: "agua buena" o "bueno como el agua" en piamontés. Esto sucedía allá por 1940, cuando Bautista ya había fallecido y también la Marcontetto, su esposa.
La anécdota llega así hasta mí, cuando mi mamá comienza a transmitirme las historias familiares que le habían narrado a ella.

En un salto cuántico llegamos al 2000, momento en que mi ricerca genealógica se potencia gracias al uso de las nuevas tecnologías... Un día tengo la suerte de cruzarme en el ciberespacio con un tal Don Bertero de Arequito. Y la iluminación de comentarle, mientras intercambiábamos nombres de Giulianos sin ver antepasados comunes, que a mi bisabuelo lo conocían como Buneva en Montes de Oca.
Es increíble que gracias a esta anécdota, hallamos dado el primer paso para re-vincular la rama de Montes de Oca con otras ramas de Giulianos. Porque en ese momento Bertero me escribe que, en realidad, Buneva no era sólo un sobrenombre local de Bautista, sino, lo que en Italia se conoce como sopranome familiar. Algo así como un agregado al apellido, para distinguir a familias de mismo cognome.
Al parecer, los Giuliano de las ramas de Arequito y de Montes de Oca venían siendo inscriptos en las Parroquias de Cuneo como Giuliano detto Boneva desde comienzos del siglo XVIII.
La próxima la dedicamos a contar la historia del por qué de este sopranome familiar.

En memoria de nuestros ancestros: Chiaffredo Giuliano y Catterina Bosio de Giuliano


Hay un libro, "Mis Antepasados me Duelen. Psicogenealogía y Constelaciones familiares", de Maillard y van Eersel, que no he podido conseguir aún pero que la mera lectura de su título y de algunas reseñas críticas del texto casi me han hecho llorar.
El planteo del libro es bastante primario: se reduce a afirmar que todos estamos determinados por una cascada de influencias que decantan en nosotros desde todo nuestro árbol genealógico.
El lema de la psicogenealogía pareciera ser 'Ay mis ancestros!', mientras desde esta postura nos cuentan cómo la mayor parte de nuestros problemas se originan en nuestro árbol genealógico y nos proponen, entonces, talleres en los que se invita a los participantes a reconstruir su genealogía, para resolver sus traumas…
Decía que casi lloro con esto, porque la verdad, si yo tuviera algo más de tiempo y mucha más capacidad y conocimientos, escribiría un libro que se intitulara “Ay, mis descendientes me duelen”, poniéndome en el lugar de, por ejemplo, Chiafredo Giuliano, que con 66 pirulos, en 1883 dejó sus pagos en Italia, cargó sus bártulos, se atravesó el Atlántico, se radicó en medio de una nada chata y baja -violentamente distinta al paisaje de postal en el que vivía- y puso al servicio de su posteridad, la fortuna que tenía disponible, para comprar tierras que con el transcurso del tiempo se llenarían de soja.
Tomé conciencia por primera vez de que en el Panteón de Montes de Oca tenía parte de mi familia a los 9 años. Chiafredo y su esposa Caterina Bosio ya estaban en urnas.
Si por alguna de esas cosas del destino no hubiera estado conmigo mi mamá, no hubiera sabido nada de ellos. Nadie me hubiera explicado quiénes fueron, qué hicieron, cómo eran. Se hubieran borrado de la memoria de todos tal como se están borrando de la foto que nos llegó vía Tito Giuliano de Corral de Bustos. Y cuando alguien pasara a levantar el fruto de las que fueran sus tierras para convertirlos en prosperidad, nadie dedicaría ni un segundo para recordarlo y agradecerle que estamos en este mundo viviendo la vida que vivimos, gracias a que él existió.