Hablando de la capacidad de adaptación

El mundo que nos toca vivir es un mundo complejo. Cuánto más lo será para los más pequeños... y cuánto lo es ahora mismo. Ya. En este preciso momento. 
Y esto, no vale sólo para los niños que van por la vida desamparados... Hablo también respecto de los niños que, en el pasado, se hubiera dicho que iban "bien" acompañados por sus padres. Padres responsables, padres comprometidos, padres presentes... Padres que intenten hacer "lo mejor posible".
Pero hoy gente, "lo mejor posible" parece que ha dejado de ser "suficiente".
Es triste, pero en esta etapa de la vida me he dado cuenta de que no sólo no hay escuela para padres (aunque en algunos colegios "top", se esté experimentando con meetings que intentan salvar la "no preparación" con la que llegamos a desempeñar los "roles" paterno y materno) sino que, definitivamente, los padres hemos sido abandonados por la escuela. Es más: diría que no sólo las escuelas han abandonado a los padres, sino que, en su propia incapacidad de hacer frente a la realidad cotidiana y, en su propia incapacidad de reconocer su incapacidad, han optado también por abandonar a los niños.
En más de una oportunidad me he visto en la obligación de parafrasear el lema institucional actual y enviar notas a la escuela diciendo: "Estimada escuela: los padres sólos, sin el apoyo y el compromiso de la escuela, no podemos".
Está absolutamente ausente del marco teórico (al menos yo no lo he encontrado) el análisis del método de atrincheramiento al cual han recurrido las instituciones académicas, incluso desde los niveles iniciales, al menos en nuestro país. Cero autocrítica. Cero capacidad de repensar las instituciones desde la perspectiva de aquéllos para los cuales están pensadas y cero también, desde la perspectiva de los idearios e ideales que todas, públicas y privadas, declaran y declaman estar comprometidas en cumplir.
Nuestras escuelas gente, lamentable pero inexorablemente, han caido en el autismo. Necesitan ayuda. Y, para peor, no están dispuestas a recibirla.
Esto, que puede sonar a afirmación generalizada con alto grado de injustificación, puede ser en realidad, una voz que, a través de la generalización injustificada, intenta hacer llegar una palabra de acompañamiento a otros padres que, dispuestos a "hacer lo mejor posible" para el bien de sus hijos, se encuentran con escuelas que, como el monito de la tira cómica, no ven, no escuchan y no hablan, excepto para reproducir el casset institucional que se tragan a la hora de salir al ruedo y enfrentar la vida.

Hablando de mares

Hubo una época en que Santa Fé era el lecho de un mar cálido y poco profundo: el llamado Mar Paranaense o Mar Bravard. Sí, Santa Fé estaba bajo el agua, tal como lo estaba gran parte del territorio argentino. Desde Buenos Aires hasta llegar a parte de Salta, Misiones y Río Negro. Así era el mapa de ese paisaje hídrico:
En ese mar habitaban delfines, tiburones, rayas... hasta focas
Dicen que la última gran ingresión atlántica a nuestro territorio fue hace, promedio, 10 millones de años... Pero hubo ingresiones 'menores' que llegaron a Santa Fé más recientemente: hace 'poquitos' cinco mil años y que se retiran hace sólo 4 mil.
Todos estos avances y retrocesos seguidos de nuevos avances del mar se explican como consecuencia del proceso que dio lugar a que emergiera la Cordillera de los Andes.
Parece ser que la denominada placa sudamericana sufría de contracciones y extensiones que elevaban y hundían el terreno intermitentemente provocando el avance y la retirada de las aguas del mar. Y, como consencuencia, la formación de humedales y lagos en las zonas más deprimidas.
En el intermedio, los expertos relatan también un tiempo en que en la zona sur de Santa Fé se conformó un mar, pero ésta vez, de dunas de arena. Lo llaman "mar de arena pampeano" . Al parecer, la formación de este desierto estuvo relacionada con el último máximo glacial que se verificó hace 18 mil años y con vientos fríos y secos que arrastraban material desde la Cordillera hacia el este, sumándose a los sedimentos arrastrados por el mar en sus periódicos avances.

Mares que avanzan y retroceden, hundimientos y afloramientos de tierras; glaciaciones y deshielos. Si bien muchos explican los procesos que dan lugar a las grandes ingresiones marítimas en términos de eventos geológicos, otros suman y consideran centrales en esos procesos a los cambios climatológicos que marcan la interrupción de los períodos glaciales y la aparición de los veranos interglaciales.

A lo largo de los últimos cien mil años, Santa Fé fue desierto durante los largos inviernos glaciales y zona inundada durante los veranos en el inter glaciaciones.

La pregunta del millón: ¿hoy estamos en primavera o en otoño?

Entre colinas y mares

A veces, mientras nos entretenemos buceando por los Mares de la Depresión, se da el caso que están lloviendo buenas nuevas en la Colina de la Felicidad. Y ni nos enteramos. Porque estamos buceando.

En fin, esta es una imagen nomás, que espero sirva para retomar el contacto y contarles que, durante este tiempo ausente, llovieron buenas nuevas en mi propia colina, muchas de ellas relacionadas con este blog y varias, con nuevos datos para proseguir la ricerca.

Y yo en el mar.

Moraleja: cuando nos cansemos de permanecer en la colina esperando que caiga una alegría, no nos vayamos tan lejos.

Evitemos siempre el Mar de la Depresión o, si no podemos evitarlo, procuremos que el chapuzón sea breve. Preferible quedarse en el Valle de la Esperanza. Desde allí podremos ver mejor qué esta pasando en la colina, que lo que veríamos desde el fondo del mar.

Para Malena y para la Susi

Hace un tiempo escribí un post en el que mencioné la historia de esta familia Toia, historia que aparece publicada en una nota del El Litoral.
Reparé en esa historia simplemente por causa del apellido (presente en nuestro árbol) y por la referencia que en ella se hacía a la Abadía de Staffarda.
"...entre las localidades de Villafranca y Cavour, provincia de Torino, en el Piamonte italiano... un 30 de junio del 1799 nació Juan Lorenzo, mi tatarabuelo... durante una estadía en Cavour, Juan Lorenzo conoció a Ángela Martino, una joven de apenas 17 años, con quien contrajo matrimonio... Apenas ocho años después del nacimiento de su último hijo, el 23 de mayo de 1862, dejó de existir Juan Lorenzo Toja. Años más tarde, el 11 de febrero de 1868, Ángela con seis de sus hijos se marcharon de Villafranca hacia Revello, provincia de Cuneo. Su destino: la Abadía de Santa María de Staffarda. Al día siguiente, se reencontraron con Francisco, quien ya estaba casado desde hacía cuatro años con Magdalena Marucco, y con sus dos pequeños hijos, Ángela y Lorenzo, nacidos en Villafranca en 1865 y 1866, respectivamente. Dos años antes se habían marchado a Cavour. El mismo día 12 de febrero, toda la familia Toja ingresó a la antigua Abadía para desempeñar tareas agrícolas. Durante casi un año estuvieron viviendo y trabajando en este sitio, quizá ya con sus mentes puestas en América, dado que en este lugar se perfeccionarían en todo lo referente al manejo agrícola. Hacia mediados del otoño, el 11 de noviembre, abandonaron Staffarda con rumbo a Saluzzo..."
En ese momento no tenía ningún dato que me permitiera confirmar que esta historia se vinculaba más que directamente con la historia de los Giuliano. Sin embargo, ese trocito me quedó bien presente: el que menciona a Magdalena Marucco.
Hete aquí que hoy podemos afirmar que esa Magdalena de Toia es la madre de 'Madelin' casada con José Bautista Giuliano. Ambos nacieron en Santa Fe, pero sus familias evidentemente se cruzaron varias veces antes, quizá hasta en Staffarda.
¿Por qué vuelvo sobre esto? Porque, durante años, he escuchado varias veces la frase "hasta donde sé no son de la misma familia" pese a compartir el mismo apellido... Es increible cómo, con retroceder una sola generación, uno puede comprobar que, para el caso de las familias monteoquenses... a mismo apellido mismo origen común. Pero más increible es que, con el transcurso de un par de generaciones, la memoria de la vinculación se haya perdido.
Dedique este post a Malena porque cuenta un trocito de historia de sus... bisabuelos. Y a la Susi, para ejemplificarle con un caso concreto por qué es tan relevante ir un poquito más atrás, si se puede, en la historia del árbol propio. Tenemos por ahí a una Ribotta con su padre que, hasta el momento parece nacido de un repollo, sin ninguna posibilidad de vincularlo al resto de los Ribotta por ausencia de datos. Una pena.