¿De dónde procedo yo?: la respuesta de la llamada genealogía genética

Tengo un par de parientes tan fanáticos de la genealogía que, en su entusiasmo, han decidido participar del Proyecto Genográfico que impulsan la National Geographic e IBM.

Es evidente que mi entusiasmo no llega a tanto. Pero entiendo a los que se suman, porque la propuesta es desafiante. Al participar uno colabora con la realización del "estudio más grande del mundo de muestras de ADN para trazar la forma en que la humanidad pobló el planeta".

Leemos:
"Los miembros del público general están participando en el proyecto comprando un Kit de Participación Pública del Proyecto Genográfico y presentando su propio raspado bucal. Esto les permite conocer su propia historia migratoria y si lo desean, contribuir al progreso general del proyecto. Estos resultados personales son almacenados anónimamente para proteger la privacidad de los participantes. A medida que se publiquen artículos científicos en publicaciones evaluadas por gente del medio, el Proyecto Genográfico actualizará regularmente en línea las conclusiones del proyecto a través de su página de Internet y otros medios..."
Como siempre, yo prefiero la lectura a andar raspándome la lengua y encías para enviar el producido a quién sabe qué manos y para Cristo sabe qué propósitos extraños... Mi cepillo de dientes se pondría celoso y mi trastorno, insobrellevable.

Pero no dejan de asombrarme las conclusiones a las que se está arribando a través de estudios de esta naturaleza. Por ejemplo, aquéllas presentadas por Bryan Sykes en su libro Las siete hijas de Eva.
Sykes es un profesor de Genética de la Universidad de Oxford y una de las mayores autoridades mundiales entre los estudiosos del ADN mitocondrial. El propio Sykes describe su obra diciendo:
"Guiados por los intactos hilos genéticos que nos conectan con nuestros antepasados podemos viajar en el tiempo hasta una época anterior al alba de la historia, hasta un mundo de hielo y nieve, de montañas peladas e interminables llanuras, para conocer a aquellas notables mujeres: las siete hijas de Eva..."
Sykes, fundador de la empresa Oxford Ancestors, que realiza análisis del ADN mitocondrial (el heredado de madre a madre, a diferencia del de núcleo, en el que está mezclado el de padre y madre) a particulares que deseen saber más acerca de sus orígenes, es el mismo que hace unos años predijo que el hombre (en el sentido de macho) corre peligro de extinción, arrastrando con él a todo el género humano. Pero esa es otra historia.

La primera de las frases del prólogo de Las siete hijas... resume perfectamente el espíritu de la investigación del autor, que es idéntico a la obsesión de cualquier genealogista: ¿De dónde procedo yo?

Leemos:
"¿Cuántas veces se ha hecho usted esa pregunta? Podemos saber quiénes fueron nuestros padres, e incluso nuestros abuelos; un poco más allá, la pista de casi todos nosotros empieza a perderse en la niebla. cada uno de nosotros lleva un mensaje de sus antepasados en todas las células de su cuerpo. Está en nuestro ADN, el material genético que se transmite de una generación a otra. En el ADN no sólo están escritas nuestras historias individuales, sino la historia de toda la especie humana..."

En lo que respecta a Eva y sus siete hijas, Sykes afirma en Europa existen siete grupos de ADN mitocondrial cuyas portadoras vivieron hace 45.000 años y proceden de alguno de los tres linajes que existen actualmente en África. Según Sykes, al menos el 95% de los europeos provienen de siete mujeres, a quiénes les dio los nombres de Tara, Helena, Katrine, Xenia, Jasmine, Velda y Ursula y las catalogó como las siete hijas de Eva. Para los que gusten, en el sitio de Oxford Ancestors pueden encontrar una descripción de los siete linajes.
Más allá de lo interesante de estas investigaciones, en lo personal me he quedado enganchada con dos temas: uno, el postulado de que nuestra especie no desciende del hombre de Neanderthal, sino del de Cromagnon y, más que nada, con la imagen que aparece en la tapa de la obra de Sykes: la llamada Dama de la Capucha, también conocida como Venus de Brassempouy.
Me he puesto como muy contenta porque con marido hemos hecho, hace tiempo, un intento de investigación realmente entusiasta sobre los orígenes de esta pequeña Gran Dama y de su vinculación con los neanderthales. Me encantaría continuar este post compartiendo con ustedes algunas de las cosas que hemos leído, porque realmente son fascinantes. De esas que nos abren la cabeza.
¿Podrá ser mañana?

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