Para Malena y para la Susi

Hace un tiempo escribí un post en el que mencioné la historia de esta familia Toia, historia que aparece publicada en una nota del El Litoral.
Reparé en esa historia simplemente por causa del apellido (presente en nuestro árbol) y por la referencia que en ella se hacía a la Abadía de Staffarda.
"...entre las localidades de Villafranca y Cavour, provincia de Torino, en el Piamonte italiano... un 30 de junio del 1799 nació Juan Lorenzo, mi tatarabuelo... durante una estadía en Cavour, Juan Lorenzo conoció a Ángela Martino, una joven de apenas 17 años, con quien contrajo matrimonio... Apenas ocho años después del nacimiento de su último hijo, el 23 de mayo de 1862, dejó de existir Juan Lorenzo Toja. Años más tarde, el 11 de febrero de 1868, Ángela con seis de sus hijos se marcharon de Villafranca hacia Revello, provincia de Cuneo. Su destino: la Abadía de Santa María de Staffarda. Al día siguiente, se reencontraron con Francisco, quien ya estaba casado desde hacía cuatro años con Magdalena Marucco, y con sus dos pequeños hijos, Ángela y Lorenzo, nacidos en Villafranca en 1865 y 1866, respectivamente. Dos años antes se habían marchado a Cavour. El mismo día 12 de febrero, toda la familia Toja ingresó a la antigua Abadía para desempeñar tareas agrícolas. Durante casi un año estuvieron viviendo y trabajando en este sitio, quizá ya con sus mentes puestas en América, dado que en este lugar se perfeccionarían en todo lo referente al manejo agrícola. Hacia mediados del otoño, el 11 de noviembre, abandonaron Staffarda con rumbo a Saluzzo..."
En ese momento no tenía ningún dato que me permitiera confirmar que esta historia se vinculaba más que directamente con la historia de los Giuliano. Sin embargo, ese trocito me quedó bien presente: el que menciona a Magdalena Marucco.
Hete aquí que hoy podemos afirmar que esa Magdalena de Toia es la madre de 'Madelin' casada con José Bautista Giuliano. Ambos nacieron en Santa Fe, pero sus familias evidentemente se cruzaron varias veces antes, quizá hasta en Staffarda.
¿Por qué vuelvo sobre esto? Porque, durante años, he escuchado varias veces la frase "hasta donde sé no son de la misma familia" pese a compartir el mismo apellido... Es increible cómo, con retroceder una sola generación, uno puede comprobar que, para el caso de las familias monteoquenses... a mismo apellido mismo origen común. Pero más increible es que, con el transcurso de un par de generaciones, la memoria de la vinculación se haya perdido.
Dedique este post a Malena porque cuenta un trocito de historia de sus... bisabuelos. Y a la Susi, para ejemplificarle con un caso concreto por qué es tan relevante ir un poquito más atrás, si se puede, en la historia del árbol propio. Tenemos por ahí a una Ribotta con su padre que, hasta el momento parece nacido de un repollo, sin ninguna posibilidad de vincularlo al resto de los Ribotta por ausencia de datos. Una pena.

Un Bugoni en adopción

Por una cosa o por otra, la rama Bugoni es la más descuidada de mi árbol.
Y no se vaya a pensar que es por falta de voluntad o por poco esfuerzo... No quiero entrar en detalles respecto de la cantidad de años que hace que estoy dando vueltas en torno a los mismos antepasados.
Hay muchas explicaciones lógicas para esto. La primera: gracias a que Don Bugoni abuelo tuvo a bien dejarle un certificato di nascita al primo Antonito Vezzato y gracias que éste tuvo la gentileza de darme una copia... es con esto que pude retroceder a padre y madre de abuelo. No more.

Por causa de esto, en más de una oportunidad se me reclamó haberme quedado con el papel y el pasaporte del nono, documento este último que en la vida tuve oportunidad de ver. Vaya a saber, lo habrán perdido. O estará guardado junto con las medallas y demás efectos personales que, para variar, quedaron en otro sector más favorecido de la familia.

Ahora sí: gracias a la intervención divina, pude dar con este señor del grupo Pandora que contactó al Párroco de Pianello Val Tidone y, sin obligación de ningún tipo, por pura generosidad, me hicieron llegar copia de las actas de bautismo tanto de mi abuelo, como de su hermana Paola Rosa Bugoni. Documentos a partir de los cuales pude subir un nivel más y llegar a los que serían tataras.
And that's all folks...
Ahora: no vayan a pensar que no queda nadie en la familia local que sepa algo de nuestros orígenes. Los hay, pero evidentemente no comparten el mismo entusiasmo. O no gustan compartir información, o no gustan de hablar.
Y tampoco vayan a pensar que no ha quedado familia en Pianello: la hay, pero, o no comparten el mismo entusiasmo, o tengo serias dificultades para darme a entender en italiano. Básicamente, las palabras que utilizo son aiuto, ricerca, antenati, parenti... Es gracioso, pero ni siquiera he logrado determinar cómo es que estoy emparentada con esta gente... simplemente porque esta gente no se ha preocupado por llegar más arriba de la altura de su respectivo nono... Y eso que están en Pianello... ¿será de Dios que Dios le de banquetes al que tiene dientes pero prefiere morir por inanición?
Dice mi marido: los caminos de Dios son inexcrutables. En realidad, él que decía esto era el Pastor Miguel Angel Robles, que fue él que nos casó. Si él lo decía, así será. No le vamos a andar discutiendo a un Pastor.
Pero la situación no deja de resultarme, como mínimo, asombrosa.
Asombrosa en especial porque la mayor parte de la ayuda que he obtenido, no la obtuve de la familia. Asombrosa, porque el entusiasmo y las alegrías no las pude compartir con familia, por la sencilla razón de que la familia no responde...ni en sentido figurado ni en sentido literal.
En más de una oportunidad tuve el impulso de llamar a la Tía Blanca y preguntarle... Y la he llamado... pero, promediando la conversación, me queda claro que no es posible superar la parte en que ella (o sea, yo) saluda y responde preguntas sobre la situación económica en la que quedamos fallecido padre...

No me queda más que confiar, entonces, en que, algún día, alguien, de apellido Braghieri, Dapra, Costa, Badavelli, Rocca... o Perina... o cualquiera de los apellidos que aparecen vinculados al nuestro en las bases de Family Search, se apieden de este paria genealógico y lo adopten en su árbol.

De la Benedetta, para Ely

Va pasando el tiempo y a uno le van quedando promesas en el tintero digital. Pero, como le decía a Ely, hija de mi prima tercera y prima cuarta de mi hija (por el lado de los Vaieretti) esto de escribir en genealógico se ha tornado errático y extremadamente dependiente del estado de ánimo, más que de la información.
Ely me recuerda que en algún momento prometí escribir un post sobre la Nona Benedetta.  Así que, nobleza obliga, aquí va este intento de honrar la palabra.
Para los Vaieretti, la Nona Benedetta es el equivalente al soprannome Buneva o al dan da lan le mort del can del lado Giuliano de la familia, las orejas raras de los Boullón o el gesto adusto de los Pereira.

Así como un día nos dimos cuenta de que, para determinar si entre Giulianos eramos parientes, lo que había que hacer era preguntar si alguna vez el presunto pariente Giuliano había escuchado la palabra Buneva u oído cantar aquella filastrocca, del lado Vaieretti comprobé que había que mencionar a Benedetta, cual santo y seña, para que el otro te reconociera como pariente.

La Benedetta representa un hito genealógico comparable a los urbanísticos. Así como uno se referencia en el centro de la Ciudad de Buenos Aires diciendo, a cuántas cuadras del Obelisco vivís... en el caso de los Vaieretti tenés que decir, a cuántos parientes de la Benedetta estás ubicado en el árbol...

En mi caso, la Benedetta fue, además, una gran sorpresa. Mi mamá siempre hablaba de la Nona Benedetta llamándola Tía Benedetta y, a su hermana, la Meneguina. Deducción lógica: como ellas no eran hermanas de mi abuela Maria Vaieretti (de eso estábamos, yo y mi madre, bien seguras), la Benedetta y la Meneguina debían ser hermanas de mi bisabuelo Gerónimo. Tema resuelto, no?
No.

Con el tiempo y con el aporte de esos familiares que pasan por la vida de uno cual estrellas fugaces que iluminan el firmamento para luego desaparecer, pudimos descubrir que la Nona - Tía Benedetta y su hermana, la Meneguina, no eran hermanas de mi bisabuelo Gerónimo, sino sus sobrinas. Este descubrimiento generó una gran conmoción microfamiliar, habida cuenta de que la Benedetta, en el registro mental actual de mi madre, era mayor que mi bisabuelo Gerónimo.
Fue entonces también que descubrimos que mi bisabuelo Gerónimo había tenido un hermano más de 10 años mayor que él: Luigi.  Luigi es el padre de nuestra Benedetta, la más pequeña de los tres hijos que Luigi tuvo con la abuelita Tavelli: Félix, el mayor; la Meneguina (Domenica) en el medio, y Benita (la Benedetta), la menor.
A partir de ese descubrimiento tuvimos que ponernos a reordenar nuestra constelación familiar. Pero eso no cambió en nada la entidad de la Benedetta, que, en el recuerdo de los Vaieretti de mi edad, o mayores, sigue grabada a fuego como la Nonabesadora empedernida de los niños pequeños en la familia, según descripción de los Vaieretti que tenemos hoy viviendo en el Sur de nuestro país... Este relato (la propia Benedetta en verdad) continúa manteniendo unida la familia.

Al decir de mi madre (que, para más dato, era ahijada de bautismo de la Benedetta) ella era como una madraza, al mejor estilo gran gallina, que extendía sus alas y daba cobijo a todos los polluelos a su alrededor... La Benedetta es sinónimo de familia unita, pero en un sentido más que activo y comprometido con la causa de la unidad... Con el tiempo, toda una manzana en Montes de Oca pasó a estar ocupada por los Vaieretti (la cuadra de los Vaieretti), que vivían uno al lado de otro, con sus esposas e hijos, bajo la protección de la Benedetta que, con gran alegría y excelente disposición de ánimo lograba concentrar a la familia conviviendo en armonía y paz.

Tiempo antes, cuando su hermano Félix fallece y deja viuda a mi bisabuela Domenica Palmero, mi bisabuelo Gerónimo casa con ella. Así, Gerónimo, además de ser tío de la Benedetta, se transforma en su cuñado, tiempito después de que la Meneguina se casara con el Micheloni que dio lugar a la familia de Mendoza... Con el tiempo, esta rama de la familia volvió a unirse gracias al matrimonio de Anita Micheloni, hija de la Meneguina, con su primo Fidel Luis Vaieretti, hijo de Fidel Vaieretti y de la Benedetta.
Hay que considerar que para mi abuela Maria Vaieretti, que perdió a su mamá Dominga de muy pequeña, la Benedetta era la figura de madre más cercana que tenía.
Mirando el árbol, la historia de los Vaieretti es una historia sembrada de pérdidas pese a las cuales, la unidad familiar logró mantenerse. En gran parte, la Nona Benedetta fue artífice de ese milagro.
Aprovecho este post para recordar que aún no hemos logrado identificar el parentesco que unía a la Benedetta con su esposo Fidel Vaieretti. Pese a que algunos familiares señalan que el apellido de Fidel era Vairetti (sin la e del triptongo), sus hijos fueron anotados Vaieretti y en la placa del Cementerio en Montes de Oca también figura escrito de este modo. Me encantaría dar en algún momento con alguna pista que me permitiera descubrir quiénes eran los padres de Fidel.
De la rama del matrimonio Fidel - Benedetta descienden los hijos, nietos, bis y subsiguientes... de los matrimonios entre: Felix Chufa Vaieretti y Regina Bello, Domingo 'Mingo' Vaieretti y Lucía Lucioli, Juan Vaieretti e Ilda Santi. De la hija de Fidel y Benedetta, María Felisa Vaieretti, nacida el 16 de octubre de 1900, nada sabemos y nada sabíamos hasta el momento en que la encontramos en Family Search. Y, por último, Antonia Vaieretti, casada con Felix Vaieretti, su primo (hijo del matrimonio entre Felix Vaieretti padre y el primer matrimonio de mi bisabuela Dominga Palmero). De este matrimonio no hay descendencia puesto que su hijita Nives Dominga Liberata (que tendría hoy la edad de mi madre), falleció de pequeña, al tiempo de tomar su primera comunión, por causa de una afección cardíaca.
Para terminar este post con Nives, pero de otro modo, diré que de muy pequeña aprendí a incluir a Nives en las oraciones de antes de irnos a dormir. Y no estando muy segura de cómo era esto del parentesco con nuestra familia, recuerdo haberle rezado como si se tratara de una especie de Angel de la Guarda, pero de tipo personal - familiar. Quizá estaba más en lo cierto antes, de lo que estoy en lo cierto ahora.
Mi recuerdo de la Benedetta: tendría yo unos tres, no más de cuatro años, cuando, en una de los viajes a Montes de Oca, fuimos de visita a lo de la Nona Benedetta... Todos sentados en la galería de la casa, charlando. Yo, paralizada, observando, cientos, miles de cascarudos, enormes y marrones, en el piso, en las paredes... volando en derredor de las lámparas... Es el día de hoy que no les perdono a estos Kraken monteoquensis no haberme permitido concentrarme en la figura de la Benedetta. Y es el día de hoy que estos bichos siguen aterrorizando niños, incluida a mi hija. La diferencia: yo soporté estoicamente la experiencia: sin llorar, sin protestar... Mi hija no me hubiera permitido estar en el lugar más de 3 nanosegundos.

Buscando descendientes de José Ma. SOLA

Hola!
Hemos escrito un par de líneas ya sobre el Maestro Solá de Montes de Oca. De esas líneas traigo a cuento unas hoy, tomadas de mano de otro Maestro de ese Pueblo, Don Jesús Villareal, que fuera Maestro de mi madre, así como Solá lo fue de mi abuela. Decía Villareal en 1943:
"Como maestro me hago un deber en rendirle desde estas columnas, mi modesto homenaje anticipándome al que quizá algún día le rindan quienes deben hacerlo"
¿En quién estaría pensando Villareal cuando, hace más de sesenta años, escribió esta frase?  ¿Pensaría en la posteridad? Puede ser, porque habla de que, con el deber que él toma a su cargo, se anticipa a un homenaje, futuro y eventual... a cargo de otros diferentes a él mismo.
Sin embargo, a la hora de señalar ese deber, Villareal utiliza un 'deben' absoluto y actual. Como si los obligados moralmente ya estuvieran presentes, y a ellos, no a la posteridad, les estuviera hablando.
Es llamativo que este párrafo esté incluido en una columna intitulada: "El problema cultural de Montes de Oca"... En general, nada en toda la Revista sugiere que Montes de Oca tuviera problemas, excepto éste sobre el que Villareal no se extiende más.

Reconocer. Reconocer es una palabrita interesante. Para empezar es eso que los griegos llamaban un palíndromo. En cristiano: una palabra capicúa: una de esas que se leen igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda... Una palabra circular.

Pero, además de ser circular por ser palíndromo, reconocer es circular en su esencia: es repetir el acto de conocer, pero esta vez, saliéndonos de la cerrazón en la que se encuentra uno, que se cree centro, y abriéndose y encontrándose con el otro, el que, a su vez, nos devuelve conocimiento sobre nosotros mismos. Como un espejo.

Eso es lo que hizo Villareal: un acto de reconocimiento respecto de José Ma. Solá, pese a que él mismo comenta:
"...no son pocos los padres de familia de hoy, que en este pueblo pueden decir de su obra con más conocimientos que el que escribe, a travéz de lo que he podido recoger de boca de los propios beneficiados en este y otro pueblo..."
Hoy, ya en el Centenario de su llegada al Pueblo, se aproxima la oportunidad de rendirle homenaje a Solá. Quizá el Día del Maestro. Quizá reencontrándonos con sus descendientes... aunque, hasta dónde sabemos José Ma. Solá no tuvo hijos... pero sí una hermana, de nombre Eulogia...Y toda una familia en Buenos Aires que, cuando gracias a la intervención del hermano de mi abuela Maria Vaieretti, tomó conocimiento del estado de salud del Maestro Solá, fueron a buscarlo a Montes de Oca y lo llevaron consigo de regreso a Buenos Aires.

Como fuere, homenaje y reconocimiento, para cumplirle a Villareal, debieran ir de la mano. Homenaje es un acto solemne: un discurso emotivo, una placa, flores... Reconocimiento es eso y algo más. Quizá, examen de conciencia y contrición.

Un bodrio giulianesco para pasar el rato

Acabo de leer un artículo en el que un pensador contemporáneo destaca la importancia de la información para la investigación seria... Por si acaso, les dejo el hipervínculo a la nota. Si bien parte de la exposición de Murmis gira en torno a darle de palos al INDEC... lo que dice Murmis en materia de datos es cierto, comparta  uno (o no) su interpretación de lo que está pasando hoy con ese organismo.
Resumiendo: sin datos, no somos nada... O mejor: no hacemos nada de nada y menos aún en materia de ricerca genealógica.
Cuando uno se pone a cuestas esta tarea de recuperar del olvido a los antepasados, sea por causa del  karma (para los que creen en el karma) o sea por causa de algún trastorno (para los que prefieren una explicación psicoanalítica)... uno...¿con qué se encuentra? Con un panorama deplorable, plagado de escasez: información incompleta, cuestionable y de difícil acceso.
Luego de clavarle los ojos a la pantalla del computador que nos está mostrando alguna de las pocas bases a las que se puede acceder en línea, uno vuelve otra vez a los pocos papeles que la familia supo conservar y los que uno pudo conseguir, casi suplicando a los ancestros que intermedien, para que se opere un milagro y la mente se ilumine.
Hasta puede que nos demos permiso para enojarnos y decir: "en fin, si no colaborás, la verdad, no te busco más".
El que pretende hacer genealogía así, termina exprimiendo de la información disponible hasta la última gota de conocimiento...
Como con nuestros Giuliano.
Mi bisabuelo Gio Battista no aparece en las entradas de inmigrantes. Causa?
Leemos:
"Existe un período de tiempo (1872-1881) del que no se conservan registros"
Y justo Gio Battista llegó en 1879...  Y así con una serie de eventos de la vida familiar, como el fallecimiento de su padre, Chiaffredo (ver la sección lateral "Humor Genealógico), que por una u otra causa, no han quedado registrados en ninguna parte.

Pero, superemos. ¿Qué sí sabemos? Sabemos que Gio Battista se estaba preparando para partir de Italia, rumbo a las Américas, hacia fines de 1879, porque le extendieron el Certificado de Buena Conducta en el mes de Setiembre. También sabemos que era residente de Villafranca Piemonte, dado que dicho documento se lo extendieron en esa comuna. También, que era agricultor y experto, dado que todos sus ancestros habían sido masseros, muchos de ellos bajo el manto protector de Staffarda...
Sabemos que Gio Battista llegó hacia fines de 1879 y, ni bien llegado, tuvo su primer hijo, Chiafredo Giuliano... el que sería abuelo del Orestín de Montes de Oca... Esto lo sabemos no porque alguien nos haya dicho la fecha de nacimiento del tal Chiafredo, sino porque algún santo operó un milagro y yo logré dar con Gio Battista en el Primer Censo de la Provincia de Santa Fé, pese a figurar como Batista de apellido y Julian de nombre... Y allí encontramos a su primer hijo, declarado nacido en Santa Fé, Argentina, año 1879.
Gracias al mismo Censo descubrimos que la primera esposa de Gio Battista falleció entre los años 1883 y 1887... dado que el segundo hijo, José Bautista, figura nacido en 1883, pero su padre aparece viudo para el Censo de 1887.
Como gracias a Malena de Bouquet sabíamos que José Bautista, su bisabuelo paterno, nació en marzo, deducimos que el matrimonio compuesto por Gio Battista, su esposa (que se dice era de nombre, Maria Giuliano) y sus dos hijos, transcurrieron hasta noviembre de 1883 un tiempo solos. Hasta que en ese mes arriba, el que con toda seguridad fuera su hermano mayor, Sebastiano, acompañado por sus tres hijos mayores, posiblemente su señora, Magdalena Cogno y seguramente el padre de Sebastiano y Gio Battista, Chiafredo Giuliano. Esto último lo sabemos gracias a las bases de la Fondazione Agnelli, que nos muestran a este trozo de la familia arribando a Argentina a bordo de la nave Leibnitz.
A la esposa de Chiafredo Giuliano (Caterina Bosio), aún no la hemos encontrado en los arribos. O viajó con su hijo Gio Battista... o figura mal registrada en las bases de arribos.
Volviendo al Censo de 1887, sabemos que Chiafredo y Caterina tuvieron 4 hijos... Al momento creemos haber descubierto una tercera hija, Beatriz Giuliano, a la que encontramos casi por milagro, porque en el Censo de 1887 figura como Gramallo, casada con José Gramaglia (que figura como Gramalla). Recién en el Censo de 1895 la encontramos con su apellido de soltera (figura como Giliano), mientras a su esposo lo encontramos como Gramalia... El cuarto hijo o hija es, todavía, incógnita.
Nuevamente por la Fondazione Agnelli sabemos que Beatríz llegó casada y con los primeros hijos nacidos en Italia, pero recién en 1886.
Es así como hoy sabemos que Chiafredo padre, Caterina Bosio, su hijo Gio Batista y su familia vivían todos en Colonia Caracciolo, Provincia de Santa Fé, patrones en su tierra y casi pegados a Beatriz, su esposo Gramaglia e hijos... y que también en Caracciolo vivían Sebastiano y familia...
La cosa se nos complica un poco con el Censo de 1895, porque mientras Gio Battista figura censado en Campo La Amistad (Tortugas), Beatríz y familia siguen en Caracciolo y Sebastiano Giuliano, por su parte, aparece en Las Rosas, población rural. Calculo que no es que hayan estado desplazándose. Calculo que, simplemente, la división administrativa más moderna terminó separando lo que se intentó mantener unido, pese al cambio de continente.
Cosas de la vida y de los funcionarios públicos.
Y para los Giuliano de Arequito: nosotros llegamos primero, a menos que me demuestren lo contrario, con papeles. Porque vuestros Giuliano llegaron recién en 1882. Pito catalán.

Montes de Oca, Provincia de Santa Fé. Un desafío.

Una genealogía, un pueblo. ¿Por qué no? ¿Por qué no animarse y hacer punta siendo uno de los primeros pueblos en Argentina (anque en el mundo) en tener sus orígenes documentados a través de la ricerca genealógica?

¿Por qué no? Yo también me lo pregunto, aunque creo que lo mejor sería preguntarse: ¿por qué si?.

Porque sí. Porque vale la pena y no acarrea demasiada, al contrario. Podríamos hacerlo si un par se pusieran las pilas y convocaran a sus allegados. Podríamos hacerlo si viéramos todas las posibilidades que tiene el proyecto.

Altroqué podríamos hacerlo, como decían nuestros abuelos y aún se sigue diciendo en el pago... Pero no lo hacemos. Qué pena; sería un buen modo de preservar nuestra historia y la memoria viva... mientras queda. Sería un buen modo de estrechar lazos. Hasta sería un buen modo de hacer campaña pro Montes de Oca...

La base está: tenemos ya un buen número de apellidos vinculados a nuestro árbol familiar que crece y se expande de modo descontrolado. Tenemos Giuliano, tenemos Marconetto... Pero también tenemos Vaieretti y Palmero. Y Bruera y Bertino. Y Ribotta. Y Ramello... Beccaria, Bertero... Bello... Berchielli, Suppo... Boetto, Marucco, Botta, Cacciabue, Cardonato, Corneli, Dardanelli, Dietschi, Musso, Elli, Serra, Ferrero, Ferrato, Ferro... Grasso, Stalder... Los Nova! Los Re... Los Rossia... Los Toia... Los San Pietro... Y que no me olvide de los Crosetti... Y los que de seguro podrían sumarse por causa de matrimonio...
Yo creo que cualquier monteoquense que recuerde el nombre de su abuelo y de su bis, hoy por hoy, está en condiciones de engancharse al árbol sin mayores complicaciones...
Ojalá alguien escuche la propuesta y se enganche. Las construcciones colectivas son siempre interesantes y valiosas.

En todo caso: quizá la idea le sirva a algún otro paisano, en alguna otra parte del mundo. Cuenten con nuestra ayuda, si cabe.

El matrilinaje, Creta y el ADN mitocondrial

Quién más quién menos, todos en algún momento hemos oído acerca de una época remota y oscura en que las sociedades eran, mayormente, matriarcales.
Este período se asocia con una etapa primitiva de la humanidad. Una época en que la religión giraba en torno al arcaico Culto de la Diosa Madre.
Hay quienes consideran que este tipo de organización social, en el que las mujeres desempeñaban un papel tan relevante como centro de la vida comunitaria y familiar se explica en función del espíritu más libre de los hombres.
Dice asi Hayes:
 "... los núcleos de población se agruparon ante todo alrededor de las madres, pues las mujeres por su condición más sedentaria cultivaban con sus hijos los campos constituyendo, por tanto el protoplasma de la vida social..."
Otros han explicado esta etapa en función de la ignorancia.
Leemos:
"El sociólogo escocés (Mac Lennan) parte del supuesto de que la incertidumbre de la paternidad fue lo único que determinó la fase matriarcal..."
Por lo que se dice, el mundo primitivo era cosa de mujeres porque eran ellas las que tenían a su cargo funciones primordiales (tanto por su importancia como por su carácter esencial o primero). No sólo cultivaban los campos y se encargaban de brindar sustento a los hijos, sino que, además, transmitían el linaje, la propiedad y la herencia. Era, lo que se dice un mundo matrilineal. Un mundo que, naturalmente, replicaba esta idea en lo político: eran las mujeres las que se sentaban en los tronos o las que, eventualmente, habilitaban a que el consorte (hombre) pudiera sentarse en él.
Un mundo lejano, estrogenocéntrico y ginecocrático, que hasta Freud terminó reconociendo que pudo haber existido, generalizado, al menos en lo que se refiere a la transmisión matrilineal del linaje (cuestión no menor por cierto, habida cuenta de sus connotaciones).
Dice el buen hombre:
"Es muy probable que la transmisión materna haya sido en todas partes la primitiva, reemplazada más tarde por la transmisión paterna..."
Todo esto es cosa dicha, como también los es la más que agotadora vinculación del matriarcado y del matrilinaje con términos tales como primitivo y arcaico.
Hasta Herodoto se suma a este discurso, cuando describe a los licios:
"Los licios traen su origen de la isla de Creta, que antiguamente estuvo toda habitada de bárbaros. Cuando los hijos de Europa, Sarpedon y Minos, disputaron en ella el Imperio, quedó Minos vencedor en la contienda y echó fuera de Creta a Sarpedon con todos sus partidarios. Estos se refugiaron en Myliada, comarca del Asia menor, y la misma que al presente ocupan los licios. Sus habitadores se llamaban entonces los Solymos... estos vinieron con el tiempo a mudar de nombre, y tomando el de Lyco, se llamaron licios. Sus costumbres en parte son cretenses y en parte carias; pero tienen cierto uso muy particular en el que no se parecen al resto de los hombres, y es el de tomar el apellido de las madres y no de los padres; de suerte que si a uno se le pregunta quién es y de qué familia procede, responde repitiendo el nombre de su madre y el sus abuelas maternas. Por la misma razón, si una mujer libre se casa con un esclavo, los hijos son tenidos por libres de nacimiento; y si al contrario un hombre libre, aunque sea de los primeros ciudadanos, toma a una extranjera como esposa o concubina, los hijos que nacen de semejante unión son considerados como infames..." (el subrayado es nuestro)
Toda esta reflexión me surge a partir de los resultados que han arrojado los estudios relacionados con el ADN mitocondrial, la Eva mitocondrial y la genealogía basada en la matrilinealidad de la transmisión de ese ADN... Digo: qué cosa, ¿no?.. que los pueblos primitivos tuvieran un sistema político normativo de transmisión de linaje matrilineal... Y qué cosa, ¿no? que la más antigua de las siete evas mitocondriales de la que habla Sykes, haya vivido en lo que actualmente conocemos como Grecia hace unos 45 mil años...
Hace tiempo que Creta se me representa como uno de los vestigios más antiguos de una civilización pretérita, de lo más avanzada, a la que se ha catalogado, con toda razón, como la primera cultura urbana de Europa.
Un arte exquisito con frescos que no dejan de emocionarme cada vez que los observo... y palacios espectaculares... Pero no sólo eso: pavimentos en las calles, alcantarillados en perfecto funcionamiento hasta el siglo XX, acueductos, desagues cloacales, calderas, cañerías de cerámica y de plomo, duchas y retretes (éstos con sistema de autolimpiado base chorros de agua fría que se regulaba mediante palanquillas), sistemas de ventilación para habitaciones a través de chimeneas de aire...

Y, como colofón, un concepto abrumador, de base, que si no fuera por Plutarco, ni modo hubiera caído en la cuenta de su trascendencia.
Leemos:
"Sólo tu patria, o como los cretenses acostumbraban a decir, tu metrópoli, es mucho más vieja, y tiene todavía más privilegios que los padres..."
Metrópolis cretense: la ciudad madre (metris) y no Patria (de patris, padre)... Esto, de la mano del mito de Demeter y la inmortalidad del principio femenino... ¿Será que los cretenses y otros habitantes del mundo antiguo intuían (¿o quizá, recordaban?) la existencia de la genealogía mitocondrial?

En todo caso: chicas y muchachos, a ponerse las pilas con el lado materno del árbol familiar, lado que, por causa de las desviaciones culturales posteriores a los minoicos, es el que nos resulta siempre más difícil de rastrear, documentalmente hablando.

Los Arroyuelo vienen marchando

Los Arroyuelo se vinculan a nuestra familia por el lado Giavelli: tenemos a Marcelino Damiano Arroyuelo (1905), casado con Teresa Giavelli, la mayor de las hijas del matrimonio Giavelli - Arozamena.
Marcelino, al que llamaban Pichin, pertenecía a una familia avellanedense de larga data... Hijo de Pedro Arroyuelo (1872) y de Maria Orsi, ha sido recordado siempre como hombre de campo... O, al menos, hombre cuya familia estaba vinculada al campo.

Aqui en la foto, de izquierda a derecha: Francisco Boullon, Marcelino Damiano Arroyuelo y Alberto Giavelli. Foto conocida como "Los Nadadores", tomada en Mar del Plata en el año 1942

Hoy contamos con información suficiente para suponer que la familia Arroyuelo transitó un camino que la llevó desde la Buenos Aires colonial pasando por las Barracas al Sud, a los pagos del interior de la provincia de Buenos Aires...

Damiano Arroyuelo (que en el Censo de 1869 figura viviendo junto a su familia en Barracas al Sud, de profesión,  carnicero) y Carmen Cesar (ambos, padres de Pedro Arroyuelo) tuvieron varios hijos: los primeros, desde 1850 hasta mediados de los setenta de ese siglo, nacieron en Avellaneda y allí continuaron sus vidas; pero los subisguientes, fueron naciendo en Magdalena.

A su vez, Damiano Arroyuelo, el más chico de los hijos de Juan Bautista Arroyuelo Reynoso (1802) y de Gegoria Sosa, nació en Avellaneda, pero los hijos mayores de ese matrimonio fueron bautizados y residían, al parecer, en la zona en torno a la Iglesia de la Inmaculada Concepción de la Ciudad de Buenos Aires.

Hemos retrocedido hasta el matrimonio de Torivio Arroyuelo con Jacinta Reynoso, padres de Juan Bautista, lo que nos ha permitido ubicar a la familia en la Ciudad de Buenos Aires, hacia fines del 1700.

Por el lado de Carmen sabemos que la familia hunde raíces en Villa María, Provincia de Córboba. Estamos hablando de fechas anteriores al 1800.
Al parecer, también la familia Cesar se radicó luego en Barracas al Sud y de allí también se transladó a Magdalena.

Hoy por hoy contamos con más de 200 Arroyuelo en nuestro árbol. Rama frondosa, si las hay.

Montes de Oca: un pueblo con historia

Cuando comenzamos nuestra ricerca genealógica, nuestras expectativas eran muy modestas... se reducían a un intento de reconstruir la historia familiar que había sido expoliada en lo documental, a partir de la memoria materna.
Hace menos de un año decidimos compartir el fruto de nuestra investigación a través de internet. Nos pareció un modo de ayudar a otros que, además de compartir las mismas inquietudes, pudieran encontrarse en la misma situación que nos encontrábamos nosotros al comienzo de esta historia.
En estos días, personas que aprecian el trabajo realizado, nos han hecho notar que nuestro árbol ha trascendido la familia directa. Si esta afirmación es cierta respecto de todas las ramas en nuestro árbol, lo es muy particularmente;respecto del lado materno de mi familia: más que un árbol de los Giuliano de Montes de Oca, nuestro árbol evidencia vocación de transformarse en un mapa familiar de las primeras familias monteoquenses... Lo cual, de lograrse, sería maravilloso.
Montes de Oca, nuestro querido pueblo, lugar natal de Nelly Giuliano, no ha tenido ni tiene hasta el momento, un sitio propio en internet en donde se comparta esta clase de enfoque, que tanto se propugna, como modo alternativo y novedoso de encarar la reconstrucción de la historia de una comunidad. No a través del relato oficial de la vida de un pueblo, sino a través del relato individual y familiar de las historias vividas, cuya sumatoria logra pintar un panorama social e histórico rico en experiencia y sentimientos.
Muchos se preguntarán el por qué de la imagen que acompaña este post, la del Maestro Solá... Hace tiempo dedicamos uno a mencionarlo. Hoy, al escribir estos párrafos, recodamos una anécdota que nos compartiera Ferdi Bello, con relación a los últimos años de este Maestro. Al parecer, ya enfermo, Solá no quería que su familia en Buenos Aires, supiera de su estado. Una persona, emparentada a la rama de nuestros Vaieretti, muy preocupada por su situación, en oportundad de un viaje a Buenos Aires ubicó a esta familia (muy acaudalada por cierto), y les informó del caso. Fue así como un buen día apareció en Montes de Oca una extensa comitiva de parientes porteños de Solá, a prestarle su asistencia y, dadas las circunstancias, llevarlo de regreso a su hogar familiar.
Estas son historias de vida de personajes que, más que importantes, han sido decisivos en la vida de nuestro pueblo. Estamos convencidos de que es una pena que se pierdan.
Sirva esto para simbolizar lo que pretendemos lograr con este espacio. Sumar voluntades, para que la historia viva, siga así por mucho tiempo. Lo actual, lo reciente, la última novedad social en una comunidad es importante porque hace a nuestra vida cotidiana.
Sin embargo, sería bueno que dejemos algún espacio, también, para recordar a los que nos permitieron llegar al día de hoy.
Invitamos a todos los que compartan este sentir a sumarse a esto que, desde un principio, ha tenido vocación de ser una creación colectiva.
Hay varios post que hemos dedicado a la historia del Pueblo de Montes de Oca. Pueden consultar algunos referidos a los apellidos más antiguos presentes en la zona, aquí y aquí.
Los que estén interesados pueden dejar sus comentarios, aquí en el blog o escribirnos a giulianovai@hotmail.com.

Un Boullón "histórico" para la amiga Barca

Nuestra amiga Mirta estaba queriendo averiguar el nombre de los padres del que fuera, allá por los primeros años del siglo pasado, Obispo de Tuy: Manuel María Vidal Boullón.
Pues bien, como dicen los chicos: lo pedís, lo tenés. Aquí va el dato: Don Manuel María era hijo de Francisco Vival y de Doña Juliana Boullón.
Para reforzar nuestra afirmación acompañamos la fuente documental que nos sustenta: una imagen de "El Eco de Uxama", Semanario Católico Independiente, edición del 22 de Mayo de 1915.
Mirta: esperamos sirva.

Un recuerdo para las familias Ribotta y Crosetti de Montes de Oca

Hola!
Como la mayor parte de las cosas que hacen a la vida de relación, la genealogía es algo que se disfruta más en compañía, que a solas.
A lo largo del camino que emprendimos hace más de diez años, hemos tenido la suerte de encontrarnos con personas que comparten nuestro cariño por la familia y por los antepasados, nuestro interés por ricercar e intentar saber un poquito más sobre ellos, sobre nuestros orígenes y, fundamentalmente, las ganas de relacionarse y establecer contacto con otros.
No siempre hemos tenido la suerte de que esas personas fueran familia en sentido estricto. Si dar con alguien que se entusiasma con lo mismo que se entusiasma uno es bueno, dar con alguien que se entusiasma con lo mismo y comparte antepasado, es genial. En fin, todo no se puede pedir, no?
En el caso de la rama Marconetto - Marchisio hemos transitado un camino un tanto solitario. Tenemos toda la vinculación con la descendencia de los Marchisio por entablar...
Nuestro fuerte sigue siendo Rosa Marchisio, casada con Emilio Corneli. En esta oportunidad queremos compartir dos imágenes. Una correspondiente a una de las hijas de Rosa, Ernestina Corneli (casada con Felipe Crosetti) y una familiar, correspondiente a la familia Crosetti - Ribotta. 
Ribotta es un apellido muy caro (en el sentido de querido) para nuestra familia. No sólo porque la esposa de mi tío abuelo Sebastián casó con Isabel Ribotta, y porque el apellido aparece varias veces en nuestro árbol, sino también por los buenos recuerdos que conservamos de muchos Ribotta... Por ejemplo, Juan José Ribotta, que pese a ser bastante más joven que mi papá, lo apreciaba mucho y compartía con él sentido del humor y bonhomía. Todavía recuerdo frases crípticas como esa de "todas las vacas son tuyas excepto la colorada...", que los hacía reir tanto. Y aquélla otra que, decían, explicaba la buena estrella de los Ribotta en materia agropecuaria: "cuando hay sequía, los Ribotta tienen una nube abonada encima del campo"
Nada más, entonces, que compartir recuerdos con aquél que pase y guste hacerlo.
La que vemos es una foto de la hija de Rosa Marchisio, de nombre Ernestina Corneli. Su papá, Emilio Corneli, aparece en la foto más abajo.
Ernestina Corneli casó con Felipe Crosetti. Luego de muchos años lograron tener una hijita, a la que llamaron Rosa María.

Ernestina Corneli de Crosetti

A continuación una foto publicada en la Revista "La Juventud", edición del Domingo 20 de junio de 1943.

"Bodas de Oro del Hogar Ribotta - Crosetti
5 de Noviembre de 1932
DE IZQUIERDA A DERECHA
Al pié: Luisita Operti (fallecida), Lea Ribotta, Vilma Ribotta, Hércules Ribotta, Elena Ribotta.
Sentados: Emilio Corneli, Antonia Ribotta de Operti, Francisco Ribotta, Dominga Crosetti de Ribotta (fallecida), José Ribotta (fallecido), José Elly, Antonia J. de Ribotta y Gloria Ribotta.
Parados: primera fila - Melchor Serra, Ana Ribotta de Corneli, José Operti, Luis Operti, Magdalena C. de Ribotta, Sivestre E. Ribotta, Catalina Ribotta de Elly, José Ribotta, Rosa C. de Ribotta y Juan B. Ribotta.
Arriba. Amalia Elly, Dominga Operti (fallecida), Herminio J. Ribotta, Dominga R. de Ravera, Guillermo Cardonatto, Esterina R. de Perassi, Antonio Operti y María O. de Sanmartino"

Una cortita pero efectiva para los Boullon de nuestra amiga Cuba

Seguimos acumulando Boullones.
Tanto darle, hemos dado con un nuevo e interesante dato que, además de esclarecernos a nosotros, puede ser de gran ayuda para el conjunto de Boullones que andan perdidos buscando sus raíces.
Hete aquí que hemos encontrado un Edicto de 1996, que fuera publicado en el Diario Oficial de Galicia con fecha 23 de diciembre de ese año, a través del cual se hace saber que Don Serafín Boullón Gómez andaba promoviendo una declaración de fallecimiento respecto de Don Manuel Boullón Gómez, nacido el 5 de mayo de 1900 en Pedreira, Parroquia de Luaña, Ayuntamiento de Brion, hijo de Don José Boullón y de Doña María Josefa Gómez.
Parece ser que Don Manuel Boullón Gómez, que había emigrado a Cuba en el año 1918, desde 1942 no dió más señalas de vida...
Me pregunto: ¿Habrán publicado el edicto en Cuba?
Para los que se sientan tocados en su fuero más íntimo, les digo, no está sólos. Los consuelo diciendo que a nosotros nos sucedió con nuestra familia más que cercana, con la cual manteníamos hasta contacto teléfonico, dentro mismo del país en que vivíamos. Pasa en las mejores familias.

Un Giavelli del 1400

Hemos señalado ya que los Giavelli en nuestra familia proceden de la Comuna de Argentera, en la Provincia de Cuneo, Piemonte.
Lo que no hemos hecho, hasta ahora, es dedicar un post al origen de este apellido, o, al menos, intentar vincular el apellido con orígenes más remotos.
Hoy intentaremos hacerlo.
A lo largo de nuestra ricerca nos hemos encontrado con que el apellido Giavelli convive en Argentera y actualmente , con uno muy similar: Javelli. Esto nos llamó la atención... cosa peligrosa, si las hay, en materia de búsqueda de antepasados... Digo peligrosa en sentido risueño y no tanto, porque esa atención es el trampolín sobre el que solemos pararnos un segundo antes de dar el salto cuántico... al vacío.
Como sea, una simple búsqueda en google books nos arrojó en brazos de Giovanni Crisostomo Giavelli.
¿Qué sabemos de él y de sus orígenes? Leemos de Louis Mayeul Chaudon:
"dotto Domenicano, soprannomato in latino Canapicus, perché nato del Canavese provincia del Piemonte, e detto ancora Fra Grisostomo da Casale, forse pel Convento, a cui fu ascritto, insignó con molto successo la filosofía y la teología in Bologna, ove mori verso il 1540. Lasció I. Una Filosofia: II. Una Politica: III Un' Economia Cristiana..."
Por otras fuentes sabemos que nació en torno a 1470 (hay dudas si en Giorgio Canavese o a en Casale Monferrato) y que su fallecimiento se habría producido en Piacenza.

Hete aquí un plato fuerte para cualquier amigo amante de la onomástica, de las lenguas, de la historia... Veamos todas las variantes con las que aparece, nominado, este Giavelli, el más antiguo que hemos encontrado hasta el momento.
Giavelli (o Giavello), Grisostomo 
Giavelli Canepizzi Giovanni Crisostomo,
Javelli, Crisostomo
Javello, Crisostomo
Javellus, Chrysostomus
Iavelli, Crisostomo
Iavelli Canapitii, Chrysostomi
Iavellus Canapicius, Chrysostomus
Iauelli Canapicci, Chrysostomi
Y, también, simplemente, como Chrisostomos de Casali.

Una nota de color: parece ser que Crisostomo era, además de domenicano de Bologna, inquisidor. Y que fue encargado de la Inquisición de Cremona y de Piacenza, a partir de 1515 (un año antes de graduarse en Teología) y hasta 1543.

Las imagenes que acompañan este blog las agradecemos a la Comuna de Sarnano.

Los Bugoni de Nibbiano y la conexión con los Costa - Bianchi

Hace tiempo que intentamos retomar un contacto que generamos hace como diez años con gente de apellido Bugoni que habita en el Litoral de nuestro país.
En ese momento nos enteramos de que estos Bugoni provenían de Nibbiano, un pueblito casi aledaño a Pianello Val Tidone, en Piacenza, Italia.
Recuerdo que en este momento intercambiamos opiniones respecto de si los Bugoni eran o no originarios de Nibbiano...
Hoy queremos intentar contactar con este post a los descendientes de Dora Margarita Bugoni, Viuda de Bianchi. Sus hijos Mario, Noemí, Carlos y Susana.
Les hacemos llegar nuestro afecto.

Dado el éxito que tuvimos con los Gramaglia, insistimos con los Marchisio

Hola! Esto es así, como el cuento de la piojosa, que se está ahogando e insiste con sus piojos... otro día entro en detalles.
Lo que quiero ahora es pasar a contarles algo de lo que sé respecto de la rama Marchisio en nuestra familia.
Hemos dicho ya que la bisabuela Marconetto estuvo casada en primeras nupcias con un tal Giovani Marchisio. De ese matrimonio nacieron, hasta donde sabemos, tres hijos: Lorenzo, Alfredo y Rosa. Estimamos, por haber encontrado en el Censo de 1895 a un Lorenzo Marchisio en Tortugas, que éste nació en torno a 1870, en Italia. En dicho censo Lorenzo aparece casado con una Viotti, de nombre Catalina. Sus hijos, hasta donde llegamos con el censo: Dominga, Lorenzo y Magdalena.
De Alfredo, creemos que nació en torno a 1879. Aún no hemos identificado a su descendencia.
De Rosa Marchisio sí que tenemos mejores datos, puesto que ella permaneció viviendo con su madre, María Marconetto, hasta que contrajo matrimonio con Emilio Corneli.
Nuevamente, tenemos todos los hijos de este matrimonio, pero no logramos contactar a los descendientes de aquéllos: María Corneli, casada con Luis Meroni, padres de Elfo; 'Midin' Corneli, casado con Lucía Suppo; Josefina o Ernestina Corneli casada con Felipe Crosetti, padres de Rosa María Crosetti; Atilio 'Tilin' Corneli, casado con María Teresa Colomé, padres de Omar, Hugo y Raúl Corneli; Juan 'el zorro' Corneli, casado con Luisa Toia y Emilia 'la Iota' Corneli, casada con Pedro Fernández, padres de Osvaldo Fernández. 
Nuevamente: esperamos que alguien lea este mensaje (cual el del tema de The Police...) y mande refuerzos.
Para darle suerte al post, hemos incluido una foto de la bella Rosa Marchisio (la niña de blanco) junto a su madre (La Marconetto, con, a upa, el que estimanos es Sebastián Giuliano, hermano del abuelo Juan) y el resto de la familia que la Marconetto conformó al casarse con mi bisabuelo Bautista.
Delante, los que serían nuestros tataraabuelos, Caterina Bosio y Chiafredo Giuliano, ese respecto del cual hemos iniciado en enero un trámite ante la Comuna de Montes de Oca para obtener su certificado de defunción, a la espera de tener la suerte de obtener una respuesta. Mientras tanto, y como decía el amigo Tato: vermouth con papas fritas y GOOD SHOW!

Cuantos Boullones que tengo

Fernando Boullónel marino jefe de máquinas del Acorazado Rivadavia allá por 1911, llegó a Argentina ya casado con Josefa Lozano. Ellos son los bisabuelos de marido.

Pensábamos que, junto con su hijo José, Fernando y Josefa eran los únicos Boullón de la familia, llegados desde San Miguel de Boullón (Brion, La Coruña, Galicia).

Sabíamos ya que Fernando Boullón era hijo de José Boullón, hijo éste a su vez de Fernando Boullón San Martín. Y también sabíamos que el bisabuelo Fernando había tenido dos hermanos: Ramona y Francisco Boullón.

Pero hace unos días nos enteramos de que estábamos equivocados en cuanto a cuántos Boullones de la familia llegaron a Argentina. Al parecer también se vino para estos pagos un primo de Fernando, de nombre José Boullón, hijo de Francisco Boullón (el hermano del bisabuelo Fernando).

Este José fue uno de los 14 hijos nacidos del matrimonio de Francisco Boullón y una ilustre desconocida (por ahora...); al parecer, el único de esa rama que decidió abandonar Galicia para venir a nuestro país.

La crónica familiar reciente nos relata que este José se habría radicado en Santa Rosa, Provincia de La Pampa, en fecha incierta. Allí habría tenido tres hijos, con otra Señora ilustre y también desconocida... Por suerte sabemos el nombre de sus retoños: Benito, Héctor y Alicia. Todos de apellido Boullón, claro está.
Esperamos que este post sirva para que estos Boullón, si lo desean, se reencuentren con esta rama. Los descendientes estarían emparentados con nosotros como en cuarto o quinto grado.

Sabemos que hay muchos Boullón en La Pampa. Incluso hemos contactado a algunos que se establecieron en Lonquimay. Afirman que sus antepasados (Constantino y José María Boullón) fueron "fundadores" de ese pueblo y que se habrían establecido allí en torno a 1892, en una posta que tenían los familiares del lado materno. ¿Seremos parientes? Con el tiempo, quizá nos enteremos.

Enredados

Por razones de trabajo estoy cansada de leer respecto de la importancia de las redes... no ya de las que se arman ahora en internet, sino de las más abstractas... de las redes como concepto, como forma de encarar nuestra vida de relación en comunidad.
Todo mundo habla hoy de que moverse en red es estratégico. Como una ventaja competitiva para cada individuo y para cada grupo social. Se dice: la red multiplica, la red potencia...
Ahora: nadie dice, o por lo menos, nadie que yo haya leído, la clase de personas que hace falta para conformar estas redes: personas abiertas, solidarias, personas que tengan voluntad de compartir. Personas que tomen como propias las causas ajenas. Personas cuyo desinterés les permita interesarse en aquéllo que no les reditúa más que la satisfacción de ser útiles. De aportar constructivamente al conjunto del cual se sienten parte. Personas dispuestas a formar un conjunto valioso,  cuyo valor va siendo dado por la calidad humana de cada uno de los individuos que lo integran y por el efecto multiplicador que cada uno, funcionando en esa red, ejerce sobre el valor individual y lo convierte en uno de tipo colectivo.
Luego de casos como el de General Villegas y de la polémica que éste abrió en torno al uso de internet, así como el caso de los chicos que convocan por facebook a las rateadas masivas... me quedo pensando que la parte más importante de las redes hoy, no es la tecnología, no es siquiera la red. La parte más importante es, como siempre, la persona: tantas cosas buenas podemos hacer con buenas personas unidas, como cosas malas cuando, las que se unen, son personas que han perdido el norte en materia de valores.
Todo esto viene a cuento de La Mariolá, de la gente que andaba buscando la traducción de la letra de esta canción y del pedido de ayuda que lanzamos a través del blog. Del estimadísimo Hugo Alloa y de su siempre bien dispuesta actitud para colaborar con otros.
Ojalá algún día nos demos cuenta de que lo que más necesitan los hijos para crecer como buenas personas no son computadoras, no es alfabetización digital, no es educación sexual... Lo que más necesitan son ejemplos de personas cercanas y reales (padres, madres, padrinos, parientes, amigos de familia...), que les hagan ver que ser buenas personas es no sólo posible, sino imprescindible, para vivir en comunidad.
Para vivir en red, y no enredados.

La Mariolá

Hace un tiempo nos visitó la gente de la Sociedad Italiana de Río Cuarto y nos dejó esta inquietud:
Hola! pertenezco al coro "Gaudeamus" de la Sociedad Italiana de Río Cuarto. Estamos ensayando "La Mariolá" y nos gustaría tener la fonética y la traducción. Gracias!!! Mi mail: normendez55@yahoo.com.ar
No teniendo referencias sobre la citada pieza musical ni habiendo encontrado pistas por mis propios medios, recurro a la ayuda de ustedes para ver si podemos dar una mano:
Marieme, veui marieme veui fé 'na mariolá
ca cousta l'on ca cousta basta ch'i sia mariá.
ohe! Ciribiribin tantu cuntent impertinent
cala giú dal regimento Feramieu cá munta su.
Cala giú!
Veui pié 'na monfrinotta ch'la vegna dal Monfrá
ch'la venda le castagne bele caude brusatá.
Seguimos buscando.

PD: Si nuestro amigo Hugo piensa que éste es un mensaje especial para él... está totalmente en lo cierto!!!!!!!!

Dos son compañía... Arozamena es multitud

Hay ramas muy pobladas en nuestro árbol... la de los Vaieretti, la de los Pereira, la de los Giuliano. Estos últimos arriba de cien... Pero la verdad, los Arozamena son un caso extraño.
Todo parece haber comenzado cuando, mirando la foto de Angela Arozamena, la tataraabuela de marido, se me ocurrió decir: Qué señora más bonita! Se ve que Angela conserva, aún hoy, el gusto por los piropos bien intencionados. Digo esto porque, a partir del halago, los Arozamena comenzaron, como decimos en el campo, a brotar como la humedad.
De contar sólo con su nombre y el de sus padres, hoy hay como cincuenta Arozamenas con sus matrimonios y descendencia conexa, saturando el espacio de Geni... Y eso, a pesar de todas las variantes con las cuales los Arozamena aparecen registrados en los censos y documentos parroquiales, aquí y en España (Arotzamena, Arotzomeno, Arosarena, Arrosareno, Arozumena...)

Pues bien; es gracias a Angela que hemos podido llegar al origen de los Arozamena en nuestra familia: con toda alegría podemos decir que ellos son oriundos de un pueblo llamado Lesaka, en la Comunidad Foral de Navarra, España. Dedicaremos otro post, seguramente, a compartir algo sobre este pueblo, su nombre y su historia.

Hoy simplemente queremos dejar dicho hasta dónde hemos llegado en nuestra ricerca (aunque esta vez haya sido en España). Y también, dejar una valiza encendida para marcar el camino a aquéllos que estén en la búsqueda de estos apellidos: Arozamena, Apetezguia, Oronoz, Picondo, Erramuzpe, Mendia, Urdanibia, Echeverría, Barreneche, Ochoteco, Oyarzabal, Ordozgoiti, Ameztoy, Echinqui, Ubiria, Zubigaray, Ochandorena, Cena... y todas las variantes con las que, de seguro, estos nombres han sido transcriptos y modificados a lo largo del tiempo.

Esperamos que este post ayude a muchos a reencontrarse con sus ancestros y sus raíces y, a nosotros, a hacer lo propio con la descendencia emparentada a nuestro árbol.

Por un Bicentenario con orgullo y paz, para todos.

Los viejos: lo que aportan y lo que reciben de la comunidad familiar, a propósito del próximo día internacional de la familia

Cuando Gio Battista Giuliano llegó a Argentina, lo primero que hizo fue comprar tierras en Santa Fé. Al menos eso es lo que se ha repetido en la familia desde que los hijos de Gio Battista aprendieron a hablar. 400 cuadras de campo. Así nomás.
Como esas tierras ya no estarían en manos de esta rama de la familia, no podemos saber con exactitud en qué año, ni si la tradición oral es exacta en el aporte informativo restante. Descubrir la historia de esas tierras es una tarea pendiente; cuando la termine, les cuento.
Hoy quisiera compartir algunas vivencias familiares vinculadas a esas tierras y a las familias que, alguna vez, las habitaron.
Se trata de dos momentos especiales en nuestra historia: uno, previo al nacimiento de mi madre. Otro acaecido más de diez años después. Este quedará para el siguiente post.
Cuando en 1927 fallece el bisabuelo Giuliano, la Marconetto, su esposa, quedó viviendo en sus cuadras, en la antigua casa del campo, rodeada por sus hijos, esposas de hijos e hijos de hijos, todos juntos, bajo un mismo techo. Excepción hecha de mi abuelo Juan, que al tiempo de nacer el hijo mayor, Ildo, había comprado su casa, Villa Edith, en el pueblo de Montes de Oca y allí se había mudado antes del nacimiento de su hija Nelly en 1930 y José, que vivía ya en Bouquet.

Al enviudar, la Marconetto convocó a todos sus hijos: a los que tuvo con el bisabuelo Bautista (Sebastián y Juan), a los que había tenido Bautista en su primer matrimonio  (Alfredo y José) y a los hijos de la Marconetto, fruto de su primer matrimonio con Don Marchisio (Rosa, Alfredo y Lorenzo).

En ese momento, todos recibieron la herencia en adelanto, algunos en tierra, otros en dinero, conforme el pedido de cada uno, con la condición de que los hijos de la Marconetto cuidaran de ella, cuatro meses cada uno. Me refiero a los dos hijos de su matrimonio con Bautista, Juan y Sebastián y a Alfredo, uno de los dos hijos de Bautista. Es así como la chacra primordial, obra del  Bautista, se divide por vez primera en su historia: Sebastián queda con una parte del campo, Juan con otra, Alfredo con otra... José, tiempo antes ya instalado en Bouquet a cargo del Almacen de ramos generales de ese pueblo, recibe el equivalente en dineros... los Marchisio otro tanto, momento en que parten con destino a General Roca.

La cosa es que una vez producido el adelanto, la Marconetto termina, casi de inmediato, viviendo con su hijo Juan. De hecho fallece en Villa Edith casi 10 años despues, siempre bajo los cuidados de mi abuela María Vaieretti. Y sí, es cierto: María era una mujer tan especial, que hasta su suegra la quería, prefiriéndola de entre todas su nueras. Para ese entonces la Marconetto tenía como noventa años y estaba casi ciega por causa de cataratas. Haberle pedido paciencia y consideración hacia el resto del género humano no hubiera sido demasiado justo, así como tampoco lo hubiera sido pedirle que se adaptara a vivir allí donde no se sintiera cómoda. De cualquier forma, cabe acotar que nadie se manifestó ni ofendido ni despreciado por el hecho de que la Marconetto terminara manifestando su voluntad de vivir en la casa de su hijo Juan.
María Marconetto falleció querida, acompañada y cuidada. Eso es lo que vale. Así como todas las anécdotas familiares que mi abuela terminó aprendiendo del lado Giuliano, durante esos años.
Pero: ¿de qué valen estos comentarios? En carácter de hija única, muchas veces me han manifestado la carga que debe representar ser único a la hora de cuidar a los padres, ya mayores.
En ese momento yo pienso que las mayores cargas no suelen estar representadas por  los mayores por causa de edad, sino por los menores por causa de espíritu. Una veintena de hermanos no alcanzan para cuidar a un solo viejo, cuando esos hermanos pierden de vista quién los trajo hasta aquí. Por el contrario: un sólo hijo es más que suficiente, siempre y cuando no se la pase mirando hacia los costados para ver quién está poniendo el hombro y cómo, además de él.

Sobre el valor terapéutico de la genealogía

Este post podría haberse intitulado Cómo está visto que nos empecinamos en no aprender nada. Pero me pareció hiriente. Así que hagan de cuenta que no he dicho palabra.

Leemos:
"La genealogía ayuda a resolver cantidad de interrogantes y, por eso, hace bien. "Un psicólogo que vino al curso de genealogía que dicto comentó que la genealogía era terapéutica, ya que para las personas que cortaron con sus antepasados, descubrirlos y volverlos a unir en un árbol genealógico era un medio psicológico para curar antiguas heridas"
Vivimos un momento decisivo de la historia, momento en que debiéramos poner un poco más de onda en esto de intentar ver las cosas de un modo diferente, de encarar la vida de un modo diferente. De valorar las cosas desde otro lugar, pensando no sólo en lo que nos hace sentir bien en lo individual e inmediato, sino en lo que nos hace ser mejores personas y, por tanto, mejores comunidades humanas.

Nadie discute que la genealogía sea terapéutica. Pero es lamentable que sigamos leyendo la realidad desde un individualismo tan extremo. Una visión que se limita a resumir la cuestión de la ricerca genealógica en términos tan limitados, además de mezquina, es lamentablemente risueña.

Puestos a ensalzar la genealogía desde el ángulo de que "hace bien", insisto en la necesidad de pensar más como los griots y menos desde la perspectiva que adoptan este conjunto de ideólogos del consumo que transforman la historia en algo bueno de ser aprehendido, porque "sana heridas".

Una cosa es volver a poner en el centro al hombre. Otra muy distinta es que "el hombre" y su placer o displacer se vuelvan una agujero negro que termine comiéndose el universo.

Cambio climático: una mirada desde la historia (familiar)

Tiempo atrás compartimos una historia de vides, de Marconettos y de Giulianos... En otra hablamos de las vides y los vinos de Saluzzo.
Es así que hoy tenemos la oportunidad de reflexionar sobre el tema del cambio climático, vinculándolo con la historia de nuestra familia.
Vivimos en un periodo en el que, se nos dice, estamos siendo afectados por el calentamiento global. Todo mundo parece estar más o menos de acuerdo en que ese calentamiento coincide con incrementos en los niveles de CO2 en la atmósfera.
Sin embargo, los expertos no se ponen de acuerdo en torno a las causas principales que provocan el fenómeno: algunos vienen señalando que es atribuible a la actividad humana, mientras que otros (que tildan a los primeros de, calentólogos), afirman con vehemencia (diría, con tono desesperado) que ese calentamiento es parte de un proceso de tipo cíclico natural, en el cual tendrían la mayor influencia factores ajenos a la intervención y decisión humanas, como la actividad solar.
Para éstos últimos y en general para todos los estudiosos del paleoclima, la normalidad terrestre está dada por largos períodos de frío, interrumpidos por breves episodios cálidos, a los que llaman veranos interglaciares. Estos expertos mencionan como antecedente más cercano al actual, un verano interglaciar que tuvo lugar en la Edad Media: el llamado por los climatólogos cálido medieval. 
Aproximadamente en el año 950, la Tierra hizo un pico de temperatura, tras un período de incremento que le llevó 150 años. Para algunos, ese pico fue superior al que está haciendo nuestro planeta ahora.

También conocido como óptimo climático medieval o anomalía climática medieval,   este veranito del 700 al 1300 DC fue sucedido por la denominada pequeña edad de hielo, que se extendió hasta el siglo XIX, cuando inicia la actual etapa de calentamiento en la que vivimos. Fue allí cuando a los Giuliano y a los Marconetto se le empezaron a chamuscar las vides con heladas fuera de época, a dañarse con el granizo abundante y a empestar las plantas jóvenes por causa de la gran humedad.

Hasta la llegada de los calentólogos, los períodos cálidos interglaciares fueron calificados por los climatólogos siempre como óptimos climáticos, debido al impacto positivo de un clima más suave sobre la actividad económica regional. Por ejemplo: se dice que durante el óptimo climático medieval los vikingos se aprovecharon de la desaparición del hielo en los mares para colonizar Groenlandia y otras tierras aún más lejanas. También, el cultivo de la uva y la producción de vino crecieron tanto en el norte de Europa como en el sur de Bretaña. En general, toda la agricultura se expandió notablemente... Se afirma que durante este período la población de Europa se multiplicó por tres o por cuatro.
Coincidiendo con el cálido medieval, la humanidad se lanzó a una etapa de inmenso desarrollo tecnológico y científico: los caballos fueron reemplazados por arados, comenzaron a utilizarse las bridas, se introdujo el concepto del barbecho y de la rotación de los cultivos, se incrementó y varió en composición la producción alimentaria… se expandió la frontera agrícola, se comenzaron a desmontar bosques y a drenar pantanos… se extendieron carreteras y puentes, surgieron centros textiles de tipo preindustrial, se comenzó a desarrollar la industria metalúrgica, con acero a la cabeza… Surgieron numerosos centros urbanos que fueron interconectados gracias al aumento creciente de la producción y del intercambio comercial.
La arquitectura se desbocó junto con la actividad de construcción de las grandes catedrales… aparecieron y se consolidaron grandes centros de estudio y de generación de conocimiento y saber en manos de nuevas órdenes monásticas como las del Cister… Comenzaron a acumularse fortunas y aparecieron los primeros bancos modernos y los primeros centros financieros del mundo…
Entonces: ¿por qué solemos pensar en la Edad Media en términos de edad oscura?
Por oscurantismo se entiende, en general, una postura de oposición sistemática al progreso. Básicamente: rotunda negación al cuestionamiento de dogmas y, concomitantemente, una profunda aversión a la difusión del conocimiento más allá de determinados límites.

En este sentido, la Edad Media puede seguir siendo calificada como oscura, pese al óptimo climatológico, a la revolución agrícola y a todo el resto de los avances sociales que se verificaron en esa época. Veamos: procesos de deforestación masiva, masivos también procesos de migración rural como consecuencia de la pérdida de fuentes de trabajo, desarraigo; centros urbanos colapsados, en especial en lo que respecta a su infraestructura, condiciones habitacionales y sanitarias… enfermedades, pestes y epidemias… fragmentación creciente de los centros de poder, de disputas entre esos centros, de abandono de ciertos avances del conocimiento, en especial del filosófico y del jurídico, de concentración de la riqueza y, paralelamente, de hermetización del saber y del conocimiento… redundando en pobreza e ignorancia de una masa que conforma la base de una pirámide social edificada sobre estamentos con poca chance de movilidad ascendente.
Si bien  el cálido medieval coincidió con una época de florecimiento en algunos ámbitos del quehacer humano, también coincidió con una etapa de estancamiento y retroceso en otros planos: proliferación del pensamiento único, nuevas y mejores formas de hacer la guerra, precarización de las condiciones y de la calidad de vida, inseguridad, temor, fanatismo, superstición… grandes brechas, gran polarización.
Casual o causalmente, fue un momento histórico en que el hombre dejó de ser considerado centro y en que la relación del hombre con la naturaleza se desbalanceó y terminó quebrándose.
Quizá es en este sentido que se habla de la Edad Media como una época de decadencia. De pérdida del humanismo y del valor de lo humano, que luego se propone recuperar el Renacimiento. Pensar que en este proceso han tenido influencia determinante las condiciones climatológicas parece un concepto demasiado decimonónico como para plantearlo hoy día. Sin embargo, es interesante reflexionar en torno a un período que quizá comparta alguna nota común con el que nos toca vivir hoy y plantear, a modo de interrogante, si así como tuvo lugar un Renacimiento luego de la Edad Media, para que el hombre pudiera volver a ser puesto en el centro de la escena, no estaremos a las puertas de un nuevo renacimiento para nuestra sociedad actual, renacimiento que acompañe procesos de democratización de acceso a los beneficios de los avances científicos y tecnológicos, de promoción de la diversidad y de pensamiento crítico, de cuestionamientos, de movilidad y de dinamismo cultural. De confianza en el hombre y en su capacidad de hacer grandes y buenas cosas.
Si para eso dependemos de una nueva pequeña edad del hielo, como la que atravesó el mundo para renacer tras la época medieval, bienvenida aquélla sea.

Aquí nuestro agradecimiento al sitio de donde hemos tomado las imágenes que acompañan este post.

Marchisio: otra rama perdida, al menos hasta ahora

Hoy nos proponemos dar con los descendientes de Alfredo y Lorenzo Marchisio, hijos de Giovani Marchisio y de María Marconetto. No sabemos qué fue de la vida de estos parientes. Sí sabemos que su hermana, Rosa Marchisio, casó con un tal Emilio Corneli, cuyos hijos tenemos cargados ya en el árbol junto con alguno de los descendientes de Rosa y Emilio.
Sobre Alfredo y Lorenzo creemos que nacieron en Italia en la Provincia de Cuneo. También creemos haberlos encontrado solteros y viviendo ya sin sus padres, en el Censo de 1895, en los alrededores del Pueblo de Montes de Oca, Provincia de Santa Fé. Hasta donde sabemos, luego se habrían trasladado a General Roca (entendemos, Provincia de Córdoba).
Estaríamos muy felices si, a través de este medio, pudiéramos dar con sus descendientes y sumarlos a nuestra familia.

Nuestra fuerza radica en ...¿en dónde radica nuestra fuerza?

El 20 de abril pasado se murió Sotigui Kouyaté. Quién quiera saber quién era este personaje lo invito a leer esta entrevista y una nota que salió publicada en La Nación con motivo de su fallecimiento.

Desde ya les anticipo que Koyauté no era pariente nuestro. Lamentablemente.
"El día que no sepas a dónde vas... acuérdate de dónde vienes"
Hete aquí una de las afirmaciones de Kouyaté, del cual se dice, era un griot.

Hasta que leí la nota referida a Kouyaté, no tenía la menor idea de que los griots existían. Es lógico: si de todo sé practicamente nada, de cultura africana sé menos.

En fin. El caso es que me puse a buscar qué era ser griot y si ser griot era lo que explicaba que una persona pudiera decir algo tan simple y maravillosamente exacto en su simpleza.
"El día que no sepas a dónde vas... acuérdate de dónde vienes"

Un griot es definido como un heredero guardián de la cultura de su pueblo, maestro de la palabra. También se los llama jeli.

Leemos:
"Los griots son los herederos y guardianes de la historia mandinga en el oeste africano y tienen una gran importancia dentro su cultura. Querían conservar en la memoria de los pueblos el linaje, los mitos, los cuentos, las batallas históricas, así como las tradicionales músicas y canciones ceremoniales. Es por ello que idearon un instrumento, la kora mandinga, para que las leyendas, historias y proverbios pasaran oralmente de generación en generación..."
En otro sitio los definen como "la memoria de un continente".

Pienso: menudo trabajo el de un griot. Pero: qué falta nos hace en nuestras sociedades y qué bien nos vendría disponer de algunos!

Dice Kouyaté en la entrevista que mencionamos: "Nuestra fuerza radica en nuestra cultura". Me viene a la mente la frase esta de los maestros jedi en la Guerra de las Galaxias... cuando se saludaban para despedirse: que la Fuerza te acompañe.

Ahora: ¿si la fuerza radica en nuestra cultura, y nadie está ahí para que la cultura se mantenga viva, cómo nos ha de acompañar su fuerza a alguna parte?

Es increible lo que han hecho nuestras sociedades modernas con la idea de cultura. La han vaciado y vuelto a llenar de vacuidades. Humildemente propongo: volvamos a darle sentido al concepto de cultura. Que rebose de contenidos que nos sean útiles para nuestra supervivencia espiritual. Que la cultura vuelva a ser el canto a nuestros antepasados y al tiempo pretérito que se proyecta, como espiral de energía, como remolino, generando una fuerza incalculable para ayudarnos a llegar al porvenir.

En mi caso: quiero en mi cultura a la polenta taragna, a la mortadela, a las vacas empestadas, al criollo sanador, a los bordados de Ana, a los faudales, a las carpas de chala, a las abadías cistercenses... a los urs cruzándose por los caminos lombardos, a las casas con sus huertas en Santa Fé, a los campos con maíces y con trigos, a los pretéritos con sus vides, castaños y hongos. Quiero a los Cavalieri de Veneto, al Doctor Molino, al Doctor Maradona y a Ramón Carrillo. Al Cynar y a los perugina. A mi amiga la vinchuca, de la que me habló tanto mi papá. Quiero al Padre Fíz de Montes de Oca, a la Moretina Bella, a todas las filastroccas que pueda y aún más a la López Pereyra. Al radioteatro y a las fotos de Kegahl. Junto a todas las novelas y comics que leía Bugoni, el Teatro Maipo y el Club de los Friulanos.

Si en mi bolsa de viaje no tuviera esto, con más otras cosas que aún no comparto, no podría avanzar. Así que, don Kouyaté: muchas gracias. Me ha hecho entender mejor, ya muerto, el porqué de este blog. Y de dónde vienen las fuerzas, cuando uno las necesita.
En la foto: Sotigui Kouyaté, pero no conmigo... a ver si se piensan que soy tan mayor...
Es una foto que agradecemos a The Independent, en la que el actor aparece con Brenda Blethyn in London River.

Nacimiento: un reconocimiento a la familia Micheloni

Hola amigos. Simplemente para contarles que, gracias a internet y gracias a esto de los blogs, nuestra familia ha retomado contacto con una rama del árbol que creo dejó de verse allá por la década del cincuenta... Increible.
Increible, no tanto el reencuentro sino más bien la pérdida del contacto. O más que increible... iba a decir inexplicable. Pero tampoco me sirve esta palabra. Porque explicaciones para todo hay. La distancia física. El transcurso del tiempo. Las cosas que le van sucediendo a la gente.

Más que nada, el debilitamiento de los lazos familiares.

Una y otra vez vuelvo a lo mismo. Así que no voy a insistir con esto. Nomás compartir la cara que pone hija cuando mira el árbol y dice: ¿todos éstos son tus parientes? Míos y tuyos, le digo. Y entonces me quedo mirando la pantalla y pienso, con todo respeto realmente: hemos parido este árbol.

Es gracioso, porque la palabra pariente, me fijo y comparte la misma familia etimológica que la del verbo parir, engendrar... Somos parientes porque nuestros ancestros parieron, generación tras generación, hijos hasta llegar a nosotros. Pero también somos parientes porque decidimos parir, en un sentido más voluntarioso y personal, nuestra propia vinculación con el resto de la descendencia que se mantiene viva.

Con los Micheloni, nos acaba de pasar eso. Acabamos de parir, o dar nuevamente a luz, nuestro parentesco. No se sientan obligados a enviar regalitos de recién nacido... Sí aceptamos felicitaciones y buenos deseos. Estos últimos, en particular, nunca están demás.

Sobre las malas palabras y las vacas en el campo de los Giuliano

Este post está dedicado a todos los que en algún momento han sentido ganas de lanzar un improperio pero se han sofrenado, para no pasar por mal hablados.
A ellos les voy a compartir la expresión que utilizaba mi abuelo Giuliano en esas ocasiones. El decía, por lo bajo: ¡Porca vaca empestada!.
Era raro escuchar a mi abuelo decir malas palabras. En realidad, era raro escucharlo hablar. Mi abuelo era un hombre muy bueno, muy sociable, dado a cantar y bailar, pero de muy pocas palabras en momentos de enojo. De hecho, gran parte de sus procesiones iban por dentro y se le terminaban congestionando todas en el estómago. Como el tráfico en una rotonda. Cuestión que el abuelo Giuliano tenía que ponerse a masajearlas, para que cada una tomara su rumbo, lo más pacíficamente posible.
La vaca empestada era la única válvula de escape que se permitía.
Yo no conocí a mi abuelo, pero siempre me dio mucha gracia esto de que manifestara sus exabruptos aludiendo a una vaca.
Con el tiempo fui entendiendo algo del tema. El caso es que las vacas empestadas eran todo un tema en el campo.
Gracias a Dios existían por ese entonces personajes como el Ñaña, amigo de Don Ciríaco y Doña Virginia, los que vivían al lado de Villa Edith antes de que se mudaran Guillermo y su señora Celia... El Ñana y Don Ciríaco eran criollos, hombres de a caballo que, además de tomar mate en la enramada del fondo de la casa, tenían sus contactos.
Entre ellos, el Criollo que andaba por los campos, curandero de animales y de personas, que no cobraba nada por sus trabajos, excepto quizá la propina que los gringos quisieran acercarle.
Una vaca empestada es, sencillamente, uno de los tantos animales que padecían el agusanamiento de heridas en el cuero. Quizá por la mordida de otro animal. Quizá por haberse lastimado contra el alambrado.
El caso es que el Criollo venía y curaba a los animales de palabra. Se paraba enfrente  y, sin tocarlos, murmuraba, quizá rezando, vaya Cristo a saber qué. Y entonces los gusanos se despegaban e iban cayendo uno a uno contra el suelo.
Pero el Criollo no sólo hacía esto. Su accionar más destacado era arriar la manga de langostas. El buen hombre preguntaba a qué lugar prefería el chacarero que se las dirigiera. Por lo general se las mandaba a un potrero, lleno de barro y bosta. Entonces el hombre se paraba frente al campo infectado, decía sus palabras, y las langostas se trasladaban, como las ovejas en la película de Babe, el Chanchito Valiente, abandonando el campo de alfalfa o el del trigo recién crecido y se iban, suave y obedientemente, al potrero.
Allí se las eliminaba, con defensas y fuego. De esto se encargaba, por supuesto, el langostero científico, hombre que enviaba el gobierno para hacer el trabajo sucio con las langostas.
Todo esto pasaba en el pequeño pueblo de Montes de Oca, Provincia de Santa Fé, hace más de setenta años.

Ya nadie recuerda el nombre del Criollo. Y en poco tiempo, ya nadie va a recordar que hubo una vez en que los gringos tenían vacas en el campo.

Una época en que los gusanos y las langostas eran obedientes. No había soja, ni transgénicos, ni agroquímicos, ni defoliantes, ni Monsantos, ni pulles... El mundo, hasta donde puedo ver, era un lugar mucho mejor y la gente, también.
Quizá, porque el gringo creía. En el Criollo, en el trabajo, en el esfuerzo. No estaba tan preocupado por si ese año iba a poder visitar dos veces, o sólo una, Disney. Ustedes dirán: es que no había Disney adónde ir. Igual, yo creo que muchas ganas de viajar no debían tener. Recién habían desembarcado y había que ponerse a laburar.