Racionalizando Vaierettis (vale para cualquier otro apellido)

Hay una treintena de Vaierettis en la guía telefónica y, les aseguro, son todos familia. ¿Por qué estoy tan segura de esto? Porque el apellido original de los Vaieretti en nuestra familia era Vajeretti y el grueso de los que llegaron a Argentina bajo este apellido fueron argentinizados bajo la forma Vaieretti.
Estos Vaieretti provienen todos del mismo antepasado lombardo común y no tienen nada que ver, también les aseguro esto, con personas de apellido Vairetti que viven en Argentina y que son, mayoritariamente, originarias del Piemonte.
Los Vaieretti son muchos todavía. Realmente han sido muy prolíficos y, por lo que sabemos, dados a contraer matrimonio más de una vez.
Sin embargo, hemos tenido poca suerte con que estos Vaieretti que sabemos que existen se sumen al árbol genealógico. Será que con la mayoría no nos conocemos, ni física ni virtualmente. Desde mi pequeño rincón en el mundo (algún pensador dijo, alguna vez, desde mi tonel) los Vaieretti son estricta y acotadamente, la familia de mi abuela materna. Son familia, pero en un sentido relativamente lejano, pese a mi gran admiración por los antepasados Vaieretti y mi simpatía de carácter intuitivo hacia sus descendientes.
Pero lo que más me llama la atención es la gran desconexión que parece haber entre ellos. Para ser absolutamente honesta y que esto que digo no suene a un comentario crítico restringido a los Vaieretti, cada día me asombra más cómo los vínculos familiares se han devaluado tanto en tan poco tiempo...
Ahora: cómo asombrarse de que los hijos de los hijos de primos segundos no se reconozcan como familia si a mí me cuesta que primos hermanos del lado paterno me devuelvan un correo o un llamado, o primos hermanos del lado materno me expliquen por qué, llevando en brazos a mi hija de un año de edad, para que la conocieran, fuimos dejadas en la puerta con la misma respuesta que la gente poco solidaria suele dar al que toca para pedir limosna?
Vaya a saber. Quizá nos hemos quedado en la historia. Quizá la familia no es lo que solía ser. Quizá lo es para las familias de otros y no para la más cercana que nos tocó en el reparto. O Cristo sabe.
Quizá nos tocó, junto con el resto del reparto, este gen que hace que uno insista e insista, convencido de que, a la larga, el que persevera triunfa. En todo caso: los intentos de buena fe siempre valen la pena.

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