Mostrando entradas con la etiqueta historia familiar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia familiar. Mostrar todas las entradas

Montes de Oca: un pueblo con historia

Cuando comenzamos nuestra ricerca genealógica, nuestras expectativas eran muy modestas... se reducían a un intento de reconstruir la historia familiar que había sido expoliada en lo documental, a partir de la memoria materna.
Hace menos de un año decidimos compartir el fruto de nuestra investigación a través de internet. Nos pareció un modo de ayudar a otros que, además de compartir las mismas inquietudes, pudieran encontrarse en la misma situación que nos encontrábamos nosotros al comienzo de esta historia.
En estos días, personas que aprecian el trabajo realizado, nos han hecho notar que nuestro árbol ha trascendido la familia directa. Si esta afirmación es cierta respecto de todas las ramas en nuestro árbol, lo es muy particularmente;respecto del lado materno de mi familia: más que un árbol de los Giuliano de Montes de Oca, nuestro árbol evidencia vocación de transformarse en un mapa familiar de las primeras familias monteoquenses... Lo cual, de lograrse, sería maravilloso.
Montes de Oca, nuestro querido pueblo, lugar natal de Nelly Giuliano, no ha tenido ni tiene hasta el momento, un sitio propio en internet en donde se comparta esta clase de enfoque, que tanto se propugna, como modo alternativo y novedoso de encarar la reconstrucción de la historia de una comunidad. No a través del relato oficial de la vida de un pueblo, sino a través del relato individual y familiar de las historias vividas, cuya sumatoria logra pintar un panorama social e histórico rico en experiencia y sentimientos.
Muchos se preguntarán el por qué de la imagen que acompaña este post, la del Maestro Solá... Hace tiempo dedicamos uno a mencionarlo. Hoy, al escribir estos párrafos, recodamos una anécdota que nos compartiera Ferdi Bello, con relación a los últimos años de este Maestro. Al parecer, ya enfermo, Solá no quería que su familia en Buenos Aires, supiera de su estado. Una persona, emparentada a la rama de nuestros Vaieretti, muy preocupada por su situación, en oportundad de un viaje a Buenos Aires ubicó a esta familia (muy acaudalada por cierto), y les informó del caso. Fue así como un buen día apareció en Montes de Oca una extensa comitiva de parientes porteños de Solá, a prestarle su asistencia y, dadas las circunstancias, llevarlo de regreso a su hogar familiar.
Estas son historias de vida de personajes que, más que importantes, han sido decisivos en la vida de nuestro pueblo. Estamos convencidos de que es una pena que se pierdan.
Sirva esto para simbolizar lo que pretendemos lograr con este espacio. Sumar voluntades, para que la historia viva, siga así por mucho tiempo. Lo actual, lo reciente, la última novedad social en una comunidad es importante porque hace a nuestra vida cotidiana.
Sin embargo, sería bueno que dejemos algún espacio, también, para recordar a los que nos permitieron llegar al día de hoy.
Invitamos a todos los que compartan este sentir a sumarse a esto que, desde un principio, ha tenido vocación de ser una creación colectiva.
Hay varios post que hemos dedicado a la historia del Pueblo de Montes de Oca. Pueden consultar algunos referidos a los apellidos más antiguos presentes en la zona, aquí y aquí.
Los que estén interesados pueden dejar sus comentarios, aquí en el blog o escribirnos a giulianovai@hotmail.com.

Vinos de Saluzzo

Para la época en que estaba por nacer mi bisabuelo Bautista Giuliano (Gio Battista Giuliano, Barge, 1851), Vittorio Angius publicaba su Dizionario Geografico-Storico- Statistico-Commercile degli Stati de S.M. il re di Sardegna (vol. XVII, Torino,1848) Respecto de Saluzzo y la vitivinicultura, Angius decía (pag. 135 y ss):
“...El producto no tiene ningún resultado sobre los montes altos, es mediocre en las colinas bajas y valles, muy importante en las colinas, y suficiente en las tierras bajas… En las colinas, las mejores expuestas al sol… la abundancia es general y los viñedos generalmente se mezclan con árboles frutales de diversas especies, e incluso verduras… El tipo de plantación de vid es de lo más variado en la Provincia... En Barge el modo de disponer la vid es casi igual al de la Provincia de Pinerolo, pero con bases no tan altas, las ramas no son tan largas y la vigas tampoco... La propagación y los injertos se hacen con gran cuidado y en cantidades considerables. Las enfermedades de la vid en el saluzzese provienen casi siempre de la humedad, por la que nacen ciertas plantas parásitas que hacen que las vides se marchiten por completo. Respecto de éstas son extremadamente nocivas las heladas extraordinarias…El granizo también, que no sólo destruye la cosecha del año sino la del que viene, si precipita grande y abundante en los meses de agosto y setiembre... Muchas son las especies de vid que se cosechan en esta Provincia, por la bondad de los vinos que se ofrecen... il puerperio, il tadone, In montanera, il dolcetto, la fresia, ed il nebbiolo pero este último no prospera tanto cuando la estación se vuelve demasiado húmeda… Entre la uva blanca se destacan il moscadelio, il bianchetto, la passerina, la bollana, il brossolà , la malvasia, il cascherolo, l'ostenga, il mescatellone, la passeretta. El mejor nebbiolo es aquel de la Colina de Castellar... Son preferibles para nuestra salud los vinos hechos con la uva llamada quajano y con aquélla llamada di avarena, y di avarenzo…Justamente resaltada es la uva que se llama pellaverga, que produce un vino diurético, un poco colorado y muy suave y dulce al paladar…”
Valgan estos párrafos para hacernos un panorama de las vides y el vino en Saluzzo, para la época en que nuestros Giuliano estaban aún en el Piemonte.

Kunta Giuliano Kinte

No hay sitio de genealogía familiar que se precie que no dedique unas líneas a explicar cómo el autor entró en contacto con el tema y cómo, a partir de ahí, la genealogía se volvió para él algo muy importante en su vida.
He leído historias de lo más variadas: desde aquélla vinculada a la necesidad de obtener datos para tramitar la ciudadanía (muy común entre nosotros, los argentinos que vivimos la crisis del 2001), hasta la que refiere al abuelo que tenía escrito ya bastante sobre el tema y legó el mamotreto para que fuera continuado por las generaciones futuras. La que me pareció más graciosa: aquélla en la que el autor narra cómo, intentando obtener financiamiento para una beca de estudios, propuso como tema a Beccaria y terminó encarando una investigación y escribiendo un libro sobre la inmigración y la genealogía de las familias piamontesas en Argentina, tema que al gobierno italiano le parecía más relevante.
Hay de todo, y entre ese de todo, está mi caso.
Una de las ocupaciones centrales en mi vida ha sido la de entender. Concretamente: entender el por qué de nuestro aquí y ahora y, si se quiere, su propósito.
En algún momento algo me debe haber hecho pensar que mirando hacia atrás, hacia los abuelos y hacia los bis, quizá encontrara alguna pista para entender mejor esas cuestiones. Y así como una cosa lleva a la otra, los bisabuelos nos llevan a los tatara y, con un poco de suerte, a los choznos. Entonces uno se entusiasma y sigue, siempre tratando de poder ver un poco más atrás y de encontrar algo que nos ayude a entender mejor nuestra realidad.
Para ser honesta, desde esta perspectiva no he avanzado mucho. El aquí y el ahora me sigue pareciendo confuso y el propósito, tan en incógnita como al comienzo de la ricerca. Pero pienso que, como en otras tantas cuestiones en la vida, a veces lo importante no es el punto de llegada sino el camino que uno va recorriendo.
Y es así como hoy me encuentro valorando todo lo que me puede llevar a completar esos grandes blancos que quedan entre dos fechas (la de nacimiento y la de defunción), cuando uno descubre un nuevo antepasado en la lista.

Detrás de un árbol genealógico está siempre el legado que uno pretende dejarle a los hijos o a los más jóvenes de la familia. Yo he visto que un árbol no es tanto una gran cantidad de nombres y de fechas, sino una buena historia. Los nombres y las fechas son casi instrumentales.

Pienso en aquella novela que escribió Alex Hailey, la que dió lugar a la miniserie de Kunta Kinte. Alguna vez leí que lo que empujó al autor en su investigación y a la construcción de ese relato fue la sensación de soledad étnica. Esa soledad lo habría llevado a buscar sus raíces, su identidad, en otra parte.
Con el tiempo me he dado cuenta de que esa soledad de la que hablan los que saben tiene más de una faceta. No se reduce al sentimiento de desarraigo ni a la nostalgia por la que era la madre tierra. Al fin y al cabo, quién más, quién menos en Argentina, todos somos frutos de más de una madre y, aunque quisiéramos, nos costaría identificar cuál es la tierra por la cual tenemos que sentir la nostalgia.
Del concepto, yo me quedo con la parte de la soledad, esa parte que nos hace sentir extrañitis sin tener en claro respecto de qué la sentimos exactamente.
A estas alturas del trabajo pienso que la añoranza tiene que ver más con la falta de pertenencia a algo que nos supera y nos contiene que con algún objeto en particular. Algo que nuestros antepasados tenían y que nosotros hemos ido perdiendo con el transcurso del tiempo: la convicción y la conciencia de formar parte de una familia.
Reconstruir la historia familiar es como una vacuna para prevenir la tendencia a la disolución. Cuando recordamos que venimos de los mismos; cuando reparamos en que el legado que compartimos es común, sólo ahí podemos darnos cuenta de que lo que nos une y nos mantiene unidos no es la concesión graciosa de un llamado telefónico cada tanto, ni las visitas más o menos entusiastas. La unión está dada por lo que ya está ahí, incólume e inmodificable, pese a que decidamos ignorarlo o valorarlo.
La unidad se mantiene cuando aceptamos, que más allá de nuestros nombres y de nuestras fechas, somos, de algún modo, lo mismo. Los brotes de un tronco común.