Como parientes: el caso de Giacomo Ganza


Tengo un primo que siempre nos dice: "los aprecio, no porque sean parientes, sino como personas".
He hecho esfuerzos, pero nunca he podido llegar a entender a fondo esta frase.
Debe ser porque mi cabeza y mi corazón funcionan a la inversa: hay personas a las que las quiero como si fueran parientes. Porque las siento parientes, aunque no lo sean. Porque me encantaría que lo fueran. Porque pienso que tendrían que ocupar el lugar especial de compartir lazos tan fuertes, como los de sangre. Tal cuando uno dice "es un hermano para mí".
Como Giacomo, que apareció en mi vida cual pequeño ángel de internet, arrojando luz allí donde yo necesitaba ver.
Que, con un correo electrónico, me devolvió ese retrato de Gerónimo Vaieretti que había estado en la familia y ya no está. Que con sus mensajes me devolvió una parte de mi historia, casi sin conocerme.
Estaría honrada si Giacomo fuera parte de mi familia.
Pero a mi familia la quiero, por ser familia. Es el lugar especial que le corresponde a cada uno en el mundo. Los lazos de sangre no se pueden menospreciar ni ignorar porque, al hacerlo, nos estamos menospreciando e ignorando a nosotros mismos.
Somos parte de una familia y nos definimos a partir de ella y de cómo nos relacionamos con ella. Por lo menos, así lo veo yo, como decía Guillermo Nimo.

La imagen que ven corresponde a Villa di Tirano, dónde vive Giacomo.

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