El Amor de un hombre

Montes de Oca tiene muchos personajes en su historia... Algunos recordados en libros, otros en la memoria de muchos. Algunos en la memoria de pocos. Migoni es uno de ellos.

En casa había una biblioteca bastante considerable. Mucho libro, quiero decir. Nada de una habitación específicamente dedicada a los efectos; ni siquiera prolijos estantes guardando hermosas ediciones encuadernadas en tapa dura. No. Sólo libros. De preferencia, viejos. Lo cual es lógico, porque a papá le encantaba leer, pero, como nunca tuvo mucha plata, compraba libros en remate.

Así que en nuestra biblioteca había un poco de todo. Como en botica.

De chica tuve permiso para consultarla.
Un día (seguro una tarde de esas de mucho calor, tardes en que el resto del planeta se da permiso para dormir la siesta) yo dí con un libro: "El Amor de un hombre". Y comencé a leerlo. La verdad: resultó no ser de los libros que más me convocaban. A mí me gustaban los libros de historia o las novelas de aventura... Mis preferidas eran las de Rider Haggard. Pero eso no viene al caso. Lo que viene al caso es que pregunté por este libro, más que nada porque, en el impreso, aparecía una dedicatoria a mi papá: "A mi buen amigo...".
Mi mamá me contó entonces que ese era un libro que había sido escrito por un tal Migoni, que nos había regalado una copia. Un señor que un día había llegado a Montes de Oca desde Buenos Aires, abriendo un sinfín de  incógnitas pueblerinas, para hacerse cargo, no se entendía bien por qué, de la farmacia. La antigua; la que estaba en la esquina, frente a la plaza. En la esquina que hoy ya no es más farmacia.

Más allá de los límites duros que imponía su oficio desde la perspectiva comunitaria,  Migoni era un amante de las artes. Alguien diría: un bohemio. Muchos en el Pueblo lo decían. Igual, Migoni se proyectaba más allá de las fórmulas y de las prescripciones y no sólo escribía para el Diario La Juventud, sino que también escribía cuentos cortos y novelas. Y además, dirigía las obras teatrales y las veladas en las que, indefectiblemente, participaba mi mamá.

Migoni tenía un pasado rico, que desbordaba las cubetas y fluía por el Pueblo. Un pasado en el que, por ejemplo, había sido amigo de Sciammarella. Rodolfo. El poeta. El compositor de Por cuatro días locos que vamos a vivir... y  de Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor... pero también de No te engañes corazón...

Yo creo que la amistad con Sciammarella era un ancla que mantenía Migoni en el recuerdo, para no alejarse tanto del mundo que había conocido y al que había pertenecido. Para no alejarse tanto de las luces de Buenos Aires, que, para esa época, parecían tan escasas en el Pueblo.

Este es el Migoni que recuerdo hoy. El que le dedicó a papá su libro, al mismo tiempo que se lo dedicó a su hijos Arnoldo y Martín.

El Migoni que prácticamente no aparece mencionado en internet, excepto en unos pocos libros que lista google books, en su mayoría, extranjeros. Y que nadie recuerda vinculado a Montes de Oca.

Salve Migoni.
Buenos Aires 2010 te saluda.

1 comentario:

  1. perfecto ,soy desendiente del apellido migoni por parte de mi abuelito y si tenemos eso de las artes escribir cantar componer todo por amor al arte. saludos a su familia y a usted bye.

    ResponderEliminar