Todo tiempo pasado fue mejor

Pido disculpas al lector desprevenido que ha llegado hasta aquí esperando encontrarse con un blog rebosante de comentarios sobre el calendario maya y el 2012. No es el caso, por ahora. Estos son los primeros párrafos a los que he liberado y les he permitido tomen por la diagonal de modo descarado y sin tapujos...
También le pido disculpas al otro lector desprevenido que ingresó pensando encontrarse con un blog genealógico hecho y derecho, y terminó dando con estas reflexiones...
A los que ya están habituados a nuestros vaivenes temáticos y a los saltos conceptuales al vacío (que, dicho sea de paso, abundan en este espacio): ¿qué más que agradecerles?

A todos les pido paciencia. Y que le den una chance al texto que sigue.

Todo tiempo pasado fue mejor... expresión gastada, si las hay, en especial por aquéllos que no se resignan al cambio. Hoy quisiera utilizarla apelando a un sentido menos tradicional.

Todo tiempo pasado fue mejor, por la sencilla razón que antes, el tiempo duraba más.

Por un instante permitámonos pensar en el tiempo como si se tratara de un género, de una tela para la costura. Al fin y al cabo, el símil no es nuevo. Cuando uno dice: "queda mucha tela para cortar..." en principio quiere hacer referencia a que queda mucho para hacer, o mucho sobre lo que hablar. Indirectamente, esa expresión hace referencia a que queda mucho tiempo.

Desde la perspectiva de su durabilidad y al igual que las telas, el tiempo de hoy deja mucho que desear. Pongámoslo de este modo: si a todos nos cobraran el tiempo que nos toca vivir (de hecho, lo pagamos con la vida...) podríamos decir que nosotros estamos pagando por una hora, lo mismo que pagaban nuestros abuelos, y ellos lo mismo que sus padres y así, con la diferencia de que estamos recibiendo, a cambio, un tiempo devaluado: un tiempo que, en términos de tiempo, vale menos de lo que valía para la época de nuestros antepasados.

El tiempo ya no es lo que era.

Intento explicarme mejor. Les habrá sucedido sentir que el día transcurre volando... Varias veces habrán mirado el reloj y se habrán encontrado pensando, en especial en los últimos años..."¿cómo? ¿ya pasaron tantas horas?" O: "¿recién volvimos de las vacaciones y ya estamos de nuevo en Navidad?". Piensen... Todo con el que hablo comparte esta sensación. Que antes, hace varios años, el tiempo nos rendía más. Pasaba más lento.

Acá traigo a cuento a las abuelas y a las bis, que encontraban tiempo para hacer de todo: cuidar hijos, nietos y sus respectivos padres y abuelos, hacer de amas de casa (lo que incluía realizar tareas en las que hoy ni se nos ocurre pensar, salvo día especial en que uno deja todo y, por ejemplo, amasa), sin disponer ellas de los medios y comodidades de las que disponemos nosotros hoy (como harina en paquetes y amasadoras y hornos eléctricos). No. Ellas tenían que moler el grano, amasar a mano y, si es que no llegaban al extremo de juntar y cortar la leña (como hacía mi bisabuela Dominga Palmero), al menos debían cargarla y depositarla en la cocina económica... Y esperar que el hierro grueso calentara...
Hacían la mayonesa batida. ¿Quién prepara hoy, todos los santos domingos, mayonesa batida a mano, respecto de la cual se sabe, existen altas chances de que se corte y haya que repetir el procedimiento íntegro, si es que uno quiere terminar comiendo mayonesa y no cualquier otro mejunje.

Pero no acaba aquí todo lo que hacían nuestras abuelas: ellas bordaban ajuares con puntadas microscópicas, muy seguramente a la luz de lámparas de kerosene, tejían, cosían para la familia... podían escuchar a Bernardo de Bustinza y no perderse un capítulo... Hasta zurcían las medias de seda!!!. Lavaban (a mano) y planchaban toda la ropa (con plancha al carbón) por profilaxis... incluidos los pañales... y no los de un bebe, sino los de varios... lo que indica que también debían encontrar tiempo para cumplir con el débito conyugal... Iban a Misa; paseaban por el Pueblo. Y lo que es más importante: de regreso se paraban a charlar con las vecinas... con todas, para que ninguna se ofendiera. Y escuchaban en serio y disfrutaban de la charla, por la sencilla razón de que no estaban apremiadas por un tiempo líquido, que escurre más rápido que el de arena.
El tiempo les alcanzaba, incluso, para jugar a la canasta o a lo que fuera, y hacerse esos extraños peinados modernos con bananas que demandaban incorporación de rellenos para que quedaran como Dios manda y protección de redecillas que se tejían con el propio pelo, para dar al peinado el acabado perfecto. O no, y entonces le dedicaban un rato a ponerse los bigudíes, previo almidonado del cabello con agua de lino, porque no había spray fijador...
Y les alcanzaba también, si mal no venía, para hacer la huerta, criar hijos ajenos y contar historias familiares.

Ustedes dirán: ..."y si, la gente vivía mejor antes. Había menos responsabilidades, menos información, menos apuro... más calidad de vida. La gente no estaba estresada".

Es siguiendo este razonamiento que uno termina pensando que la culpa es de uno: no es que el tiempo pase más rápido... es que nosotros estamos acelerados y eso nos da la impresión de que el tiempo no nos alcanza...

Este pensamiento tiene dos facetas: la primera sería, de algún modo, acertada; la segunda no. Al parecer, sí que estamos acelerados, pero no en un sentido meramente psicológico sino en uno físico.

Hace un tiempo (diría ya unos diez años), me encontré con un artículo que versaba, promediando el texto, sobre este tema. Lo resumo: el planeta entero estaría acelerado o, mejor dicho, se vendría acelerando desde hace rato... ¿Qué quiere decir esto? que en vez de vibrar a la frecuencia que se estima es históricamente normal (7,83 Hertz o ciclos por segundo), la Tierra está vibrando cada vez más, y más rápido.

Según este artículo, como todo y todos vibramos al unísono con el planeta, desde 1999 estamos vibramos por encina de los 12 Hertz.

Cito:
"La resonancia de la tierra (Resonancia Schumann) ha sido de 7.8 hz / segundo por miles de años. Desde 1980 se ha elevado hasta 12 Hertz."
En el artículo se explica que este aumento en la frecuencia vibratoria del planeta se debe a un decremento o pérdida de la energía magnética de la Tierra, que se mide en Gauss. A medida que el magnetismo terrestre se acerca a cero, la vibración en Hertz se acelera.
Al parecer, el fenómeno nos afectaría directamente. Nuestras ondas cerebrales, que se miden también en Hertz, se clasifican en Beta, Alfa, Tetha y Delta. Las ondas cerebrales Beta se corresponden a las que presenta una persona en estado lúcido, de alerta, y van de 12 a 30 Hertz. Alfa, que sería el estado de relajación (como cuando se medita o se está en ensueños) se corresponde con ondas cerebrales que van de 8 a 12 Hertz. Las ondas Tetha (sueño profundo en la fase MOR -movimiento ocular rápido-, durante la etapa de ensueño más intensa) van de 4 a 8 Hertz y las Delta (estado de sueño profundo, sin soñar), de 1 a 4.

Resumiendo: a mayor relajación, menor frecuencia vibratoria. Lo que plantea esta gente es que no es posible alcanzar buenos niveles de relajación cuando la vibración circundante es tan elevada. Por el contrario, frecuencias vibratorias elevadas y mediciones de magnetismo en descenso dan por resultado, en laboratorio, conductas que van de estados ansiosos marcados, a violencia y pérdida de control.

Pero lo que me resultó más llamativo, fue la conclusión a la que llegan:
 "Esto significa que 16 horas equivalen ahora a un día de 24 horas"

Ustedes dirán: pero ¿y los relojes? ¿No siguen marcando un día de 24 horas? Pues bien, aquí viene la respuesta de elaboración propia. En principio, todos los relojes que funcionan a batería, son de cuarzo. El cuarzo, como mineral que es, vibra a la misma vibración que el resto del planeta. Por ende, los relojes marcarán 24 horas, pero son horas aceleradas. Devaluadas. Lo mismo sucedería con los grandes relojes atómicos, que comandan la hora mundial.
Los relojes mecánicos no cuentan (los a cuerda, los a péndulo...), porque son ajustados por el hombre base los anteriores, en el supuesto de que atrasan.

Para cerrar: si en la década del veinte Gardel se permitía repetir las palabras de Le Pera (un visionario, che) y decir "veinte años no es nada..." dentro de 20 años... 20 años serán, con suerte, menos que el parpadeo de las luces a lo lejos, que todavía tenía tiempo Carlitos de ponerse a adivinar desde la cubierta del barco.

Incluimos letra y música del tango, por si alguno ingresó buscando esto. Para que no se vaya con las manos vacías. Y se la agradecemos al sitio Zorzal Criollo, como corresponde.

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