Mostrando entradas con la etiqueta Santa Fe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santa Fe. Mostrar todas las entradas

Buscando descendientes de José Ma. SOLA

Hola!
Hemos escrito un par de líneas ya sobre el Maestro Solá de Montes de Oca. De esas líneas traigo a cuento unas hoy, tomadas de mano de otro Maestro de ese Pueblo, Don Jesús Villareal, que fuera Maestro de mi madre, así como Solá lo fue de mi abuela. Decía Villareal en 1943:
"Como maestro me hago un deber en rendirle desde estas columnas, mi modesto homenaje anticipándome al que quizá algún día le rindan quienes deben hacerlo"
¿En quién estaría pensando Villareal cuando, hace más de sesenta años, escribió esta frase?  ¿Pensaría en la posteridad? Puede ser, porque habla de que, con el deber que él toma a su cargo, se anticipa a un homenaje, futuro y eventual... a cargo de otros diferentes a él mismo.
Sin embargo, a la hora de señalar ese deber, Villareal utiliza un 'deben' absoluto y actual. Como si los obligados moralmente ya estuvieran presentes, y a ellos, no a la posteridad, les estuviera hablando.
Es llamativo que este párrafo esté incluido en una columna intitulada: "El problema cultural de Montes de Oca"... En general, nada en toda la Revista sugiere que Montes de Oca tuviera problemas, excepto éste sobre el que Villareal no se extiende más.

Reconocer. Reconocer es una palabrita interesante. Para empezar es eso que los griegos llamaban un palíndromo. En cristiano: una palabra capicúa: una de esas que se leen igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda... Una palabra circular.

Pero, además de ser circular por ser palíndromo, reconocer es circular en su esencia: es repetir el acto de conocer, pero esta vez, saliéndonos de la cerrazón en la que se encuentra uno, que se cree centro, y abriéndose y encontrándose con el otro, el que, a su vez, nos devuelve conocimiento sobre nosotros mismos. Como un espejo.

Eso es lo que hizo Villareal: un acto de reconocimiento respecto de José Ma. Solá, pese a que él mismo comenta:
"...no son pocos los padres de familia de hoy, que en este pueblo pueden decir de su obra con más conocimientos que el que escribe, a travéz de lo que he podido recoger de boca de los propios beneficiados en este y otro pueblo..."
Hoy, ya en el Centenario de su llegada al Pueblo, se aproxima la oportunidad de rendirle homenaje a Solá. Quizá el Día del Maestro. Quizá reencontrándonos con sus descendientes... aunque, hasta dónde sabemos José Ma. Solá no tuvo hijos... pero sí una hermana, de nombre Eulogia...Y toda una familia en Buenos Aires que, cuando gracias a la intervención del hermano de mi abuela Maria Vaieretti, tomó conocimiento del estado de salud del Maestro Solá, fueron a buscarlo a Montes de Oca y lo llevaron consigo de regreso a Buenos Aires.

Como fuere, homenaje y reconocimiento, para cumplirle a Villareal, debieran ir de la mano. Homenaje es un acto solemne: un discurso emotivo, una placa, flores... Reconocimiento es eso y algo más. Quizá, examen de conciencia y contrición.

Sobre las malas palabras y las vacas en el campo de los Giuliano

Este post está dedicado a todos los que en algún momento han sentido ganas de lanzar un improperio pero se han sofrenado, para no pasar por mal hablados.
A ellos les voy a compartir la expresión que utilizaba mi abuelo Giuliano en esas ocasiones. El decía, por lo bajo: ¡Porca vaca empestada!.
Era raro escuchar a mi abuelo decir malas palabras. En realidad, era raro escucharlo hablar. Mi abuelo era un hombre muy bueno, muy sociable, dado a cantar y bailar, pero de muy pocas palabras en momentos de enojo. De hecho, gran parte de sus procesiones iban por dentro y se le terminaban congestionando todas en el estómago. Como el tráfico en una rotonda. Cuestión que el abuelo Giuliano tenía que ponerse a masajearlas, para que cada una tomara su rumbo, lo más pacíficamente posible.
La vaca empestada era la única válvula de escape que se permitía.
Yo no conocí a mi abuelo, pero siempre me dio mucha gracia esto de que manifestara sus exabruptos aludiendo a una vaca.
Con el tiempo fui entendiendo algo del tema. El caso es que las vacas empestadas eran todo un tema en el campo.
Gracias a Dios existían por ese entonces personajes como el Ñaña, amigo de Don Ciríaco y Doña Virginia, los que vivían al lado de Villa Edith antes de que se mudaran Guillermo y su señora Celia... El Ñana y Don Ciríaco eran criollos, hombres de a caballo que, además de tomar mate en la enramada del fondo de la casa, tenían sus contactos.
Entre ellos, el Criollo que andaba por los campos, curandero de animales y de personas, que no cobraba nada por sus trabajos, excepto quizá la propina que los gringos quisieran acercarle.
Una vaca empestada es, sencillamente, uno de los tantos animales que padecían el agusanamiento de heridas en el cuero. Quizá por la mordida de otro animal. Quizá por haberse lastimado contra el alambrado.
El caso es que el Criollo venía y curaba a los animales de palabra. Se paraba enfrente  y, sin tocarlos, murmuraba, quizá rezando, vaya Cristo a saber qué. Y entonces los gusanos se despegaban e iban cayendo uno a uno contra el suelo.
Pero el Criollo no sólo hacía esto. Su accionar más destacado era arriar la manga de langostas. El buen hombre preguntaba a qué lugar prefería el chacarero que se las dirigiera. Por lo general se las mandaba a un potrero, lleno de barro y bosta. Entonces el hombre se paraba frente al campo infectado, decía sus palabras, y las langostas se trasladaban, como las ovejas en la película de Babe, el Chanchito Valiente, abandonando el campo de alfalfa o el del trigo recién crecido y se iban, suave y obedientemente, al potrero.
Allí se las eliminaba, con defensas y fuego. De esto se encargaba, por supuesto, el langostero científico, hombre que enviaba el gobierno para hacer el trabajo sucio con las langostas.
Todo esto pasaba en el pequeño pueblo de Montes de Oca, Provincia de Santa Fé, hace más de setenta años.

Ya nadie recuerda el nombre del Criollo. Y en poco tiempo, ya nadie va a recordar que hubo una vez en que los gringos tenían vacas en el campo.

Una época en que los gusanos y las langostas eran obedientes. No había soja, ni transgénicos, ni agroquímicos, ni defoliantes, ni Monsantos, ni pulles... El mundo, hasta donde puedo ver, era un lugar mucho mejor y la gente, también.
Quizá, porque el gringo creía. En el Criollo, en el trabajo, en el esfuerzo. No estaba tan preocupado por si ese año iba a poder visitar dos veces, o sólo una, Disney. Ustedes dirán: es que no había Disney adónde ir. Igual, yo creo que muchas ganas de viajar no debían tener. Recién habían desembarcado y había que ponerse a laburar.

Llegando a Santa Fé: de Saluzzo a Montes de Oca, un recorrido con vistas

Si hiciéramos en cinco minutos el mismo recorrido que a los Giuliano les tomó 200 años hacer, y lo hiciéramos hoy, veríamos estos paisajes:

1) Saluzzo
2) Cervignasco
3) Scarnafigi
4) Ruffia
5) Barge
6) Lagnasco
7) Villafranca Piemonte
Llegando desde aquí a Montes de Oca, Provincia de Santa Fe, Argentina.

No dudamos de que Italia haya cambiado mucho del 1700 a esta parte... Sin embargo, les propongo pensar que, cuando llegaron los Giuliano al Pago de las Tortugas hacia el 1880, Montes de Oca ni siquiera existía como pueblo.

Era un paraje en el medio de la extensa Pampa.

¿Qué cambio, no? Me refiero al que hicieron los Giuliano y al que, a ojos vista, ha hecho el Pueblo.

Agradecemos las imágenes que nos han permitido reconstruir este recorrido a los siguientes sitios en internet: 1) http://www.hotelcicerone.it/, 2)  http://digilander.libero.it/, 3) http://www.comune.scarnafigi.cn.it/, 4) http://www.panoramio.com/, 5) http://www.leggievai.it/, 6) http://www.comune.lagnasco.cn.it/, y 7)http://www.comune.villafrancapiemonte.to.iti/

Chucho Berlucho

Y si... la memoria familiar es una gran cosa, pero la transmisión oral tiene sus limitaciones.
Fíjense sino en la canción que hoy canta mi hija, porque se la he cantado yo desde beba, porque me la han cantado a mí y porque se la han cantado a mi mamá sus mayores.
130 años después de que mi familia la entonara en Cuneo (Italia), hoy suena así:
Chucho Berlucho avía una fía /Tara Banara la vulía...
Chucho Berlucho vulía pa deila / Tara Banara vulía rubeila...
Chucho Berlucho mandalo massé / Tara Banara tucai scapé.
Resumiendo: El tal Chucho tiene una hija que es pretendida por Banara. Papá Chucho se opone. El bandido Banara pretende robarla. Chucho amenaza con cosas malas. Banara huye.

Gracias a internet nos hemos enterado de otra versión, conforme ha sido publicada por alguien cuya nona, originaria de Mondovi (también Cuneo), se la cantaba.
Esta versión dice así:
Cicciu Balicciu avea na fja / Tara Manara la vuria
Cicciu Balicciu vuria nen deila / Tara Manara vuria pieila
Cicciu Balicciu avia rasun / Tara Manara furnia in prisun
Ambos recordadores nos hemos visto en la obligación de pedir disculpas por los errores que deben tener estos intentos de transcripción de antiguas canciones piamontesas, a cargo de quiénes no hablamos piamontés.

Debe sonar peor que un teléfono descompuesto... ¿no?

El caso es que, de un modo u otro, questa filastrocca se las ha arreglado para sobrevivir más de cien años, cambio de continente y transcurso de seis generaciones incluidos.

La imagen que adorna estas líneas la hemos tomado de Agenda Filastrocche, sitio en el que si bien no hemos encontrado referencia a la nuestra, contiene un montón de otras filastrocche como ésta que compartimos hoy.

Montes de Oca, Caracciolo, Amistad, Tortugas... algo de su historia según un occitano en Argentina

Hace rato que venimos hablando del Pago de las Tortugas y de las Colonias Caracciolo y La Amistad, sin dar ninguna referencia histórica sobre ellas. Quizá sea hora.

Yo entré en contacto con estos parajes gracias a la memoria familiar. Pero pude conocer algo más de su historia  de la mano de un Señor escritor e historiador occitano. Me refiero a Alejo Peyret.

Leemos:
"Mi última excursión, por esta vez, en la provincia de Santa Fe, fué para las colonias del ferro-carril Central Argentino. La historia de esas colonias se relaciona con la del ferro-carril del Rosario á Córdoba... Vamos, pues, á recorrer ese ferro-carril" (Peyret, Una visita a las colonias de la República Argentina, 1889)
El recorrido de Peyret (cuyo retrato vemos en la imagen de la izquierda) se inicia por colonia Bernstadt, también conocida como Roldan.
"Esta es la primera colonia fundada por la compañía... mandó á su agente don Guillermo Perkins á Europa para contratar los colonos que debia establecer en Roldan, á cuatro leguas del Rosario, punto donde principia el derecho de la empresa á las tierras cedidas por el gobierno según contrato..."
Cuenta Peyret que la primera remesa de colonos llega a Rosario en marzo de 1870 y las sucesivas en el transcurso de ese año. Los trabajos del ferrocarril correspondían al año 1863.

A la colonia de Bernstadt le siguieron en fundación las colonias de Carcarañá, Cañada de Gómez y Tortugas, también en 1870. Cada una se componía de ocho leguas cuadradas a cada lado del ferrocarril, haciendo en cada una un pueblo delineado y una estación de tren. Tortugas como colonia, tenía una parte en territorio de la Provincia de Santa Fe y otra en la Provincia de Córdoba.
Respecto de Tortugas, Peyret afirma:
"El Pueblo de Tortugas está mal situado, en un paraje bajo, anegadizo y que debe convertirse en un pantano cada vez que llueve; podría haberse hecho una mejor elección..."
Hace menos de un mes pudimos comprobar cómo siguen siendo acertadas estas palabras de Peyret.

En su recorrido Peyret se encuentra con una serie de colonias "en formación" al norte de Tortugas: Amistad (1875), Caracciolo (1876), Montes de Oca (1883)... junto a Los Troncos, Casal y Lewel. Según Peyret, estas colonias pertenecían a los Señores Larrechea, Bustinza, Echeorsa, Casas... "individuos del Rosario".
"... Allí los lotes son generalmente de 20 cuadras. La cuadra se ha vendido primitivamente á diez pesos oro; actualmente se vende á 40 pesos nacionales y aún cuarenta pesos oro... Los colonos no reciben anticipos, y deben pagar dentro de tres ó cuatro años, agregándose el interés á las cuotas vencidas... Se arriendan también terrenos; al principio el arriendo fué de un peso oro por cuadra, actualmente es de dos y dos medio nacionales. Los colonos no pueden criar vacas, como hicieron anteriormente, porque el terreno es demasiado caro; tienen, por consiguiente, que dedicarse á la agricultura, arando grandes estensiones de terreno, pero observando siempre que no varian bastante los cultivos, lo que puede con el tiempo tener serios inconvenientes. Trabajan con bueyes y caballos..."   
Específicamente hablando de Caracciolo, Peyret nos cuenta lo que le informa la autoridad en esta Colonia:
"El encargado de la colonia es un joven argentino, don Desiderio López, recien casado, juez de paz... Díceme que esta colonia ha dado mas que las otras, este año, habiendo producido diez fanegas por cuadra (de quince arrobas) por haber evitado la helada y la piedra. Sin embargo, el tiempo se ha vuelto amenazador; una tormenta parece prepararse; emprendemos la retirada, pasando al regreso á inmediaciones de la estancia del señor don Carlos Bouquet y de la cañada que forma el límite de ambas provincias, llegando á Tortugas á las cinco de la tarde, pocos momentos antes de la marcha del tren, que nos devuelve al Rosario á las nueve de la noche..."
Terminaremos diciendo que esta publicación del año 1889 corresponde a una compilación de correspondencia que fuera publicada bajo tal formato en el Diario La Tribuna. El autor aclara, al final de la obra, que los primeros 26 capítulos (incluido aquel al que corresponden los párrafos que citamos -Capítulo XXVI) son el resultado de la compilación de la correspondencia referida a una excursión realizada desde diciembre de 1887 hasta principios de mayo de 1888.
Es decir, Peyret anduvo por nuestros pagos, y nos relata sus impresiones, un tiempo después de la realización del Primer Censo de la Provincia y cerca de la fecha de conformación de Montes de Oca como Pueblo. Interesante casualidad, ¿no?

Seguramente vamos a dedicar otro post a hablar un poco de este personaje tan interesante de nuestra historia.

La imagen que acompaña estas líneas la hemos tomado de Información Cultural de Santa Fe.

1887: Apellidos italianos presentes en Montes de Oca, Caracciolo y Campo La Amistad

Quisiera compartir con ustedes un listado de los apellidos correspondientes a familias de procedencia italiana, que hemos encontrado ya estaban presentes en Montes de Oca, allá por 1887, cuando se realizó el Primer Censo de la Provincia de Santa Fé.
Los listaré por orden alfabético y tal como aparecen registrados en las fichas censales, aunque reconozco que varios presentan diferencias en cuanto al apellido italiano correcto (incluidos nuestros Giuliano).
Los que aparecen en tipo normal son los apellidos de aquellos censados que han declarado proceder de Italia. En cursiva y en negrita, los que han declarado lugar de nacimiento específico, que expresamos entre paréntesis. Esto sólo hemos podido hacerlo respecto de los censados en Caracciolo, dado que, para el resto, no hay aclaración de lugar de nacimiento más que "Italia" o ninguna.

Aquí van los apellidos, entonces:
Acostello, Adria, Aimar, Alcantara, Alemandi, Aliani, Amato, Andisio, Andreas, Ariatelo, Armandi, Arnaldi, Arnardi, Avataneo, Aymone, Bacca, Baldi, Bancotti, Banroti, Barbani, Barbera, Barbero, Batistino, Bela, Bertero, Bertino, Bertorelo, Bodoni, Boetto, Bonavia, Bononini, Bosio, Bosso, Botali, Botallo, Botta, Bruera, Cabator, Cabroli, Calieri, Canlli, Capela, Capelini, Capra, Carelli, Carinto, Castaño, Chocolat, Croce,  Crosio, Cumba, Damiano, Desimondi, Donadio, Escolani, Felice, Ferrari,  Ferrero, Freisa, Galli, Gallina, Ghioni, Ghiraudo, Ghroin, Giordano, Gorria, Grandi, Grasso, Grato, Guadañini, Hunge, Jerrero, Lascano, Loetto, Magionino, Magra, Margaria, Marneo, Maruco, Marucco, Marucco Toia, Melana, Melano, Miotti, Moitre, Molinari, Monto, Munge, Nina, Noveli, Octaneo, Olivero, Ortis, Pali, Parucetia, Perasco, Peroni, Picato, Pietri, Pirata, Poccardi, Porta, Potero, Prase, Procetto, Rabino, Ramelo, Ramello, Remondi, Remoto, Robino, Rocha, Romani, Sagno, Sampietro, Santis, Sellara, Simondi, Soppo, Squerano, Sterpone, Testa, Toia, Torditi, Torri, Turai, Valero, Viliomco
Del mismo modo, listamos los apellidos correspondientes a familias de procedencia italiana que. según el Censo de 1887, estaban presentes en Caracciolo:
Acastello (Torino), Armandi, Audicio, Aymar (Cuneo), Balaria (Cuneo), Balario, Bartola (Cuneo), Bartole (Cuneo), Batista (Torino), Belmundo, Bertorello, Bianchi, Bollino, Bonaira (Cuneo), Bonalmen (Milano), Bonino (Cuneo), Bosso (Torino), Bovo (Torino), Bruno (Cuneo), Calandra (Torino), Canabesio (Torino), Capelo (Cuneo), Capello (Cuneo), Cavalera (Torino), Ceraseo (Torino), Contesa (Lombardía), Dalavianque (Lombardía), Duello (Cuneo), Enrrico (Cuneo), Estefano (Cuneo), Fantin (Cuneo), Ferrero (Torino), Ferro, Franco,  Giuliano, Gramalla (Torino), Gramallo (Torino), Grande (Torino), Gribaude (Torino), Guerra (Alesandria), Julian, Lissiarde, Lunyo, Malaria (Cuneo), Marego (Cuneo), Martinotti, Mellano, Meloni, Miotti, Mondino (Cuneo), Monllero, Mura, Pajero (Cuneo), Panza (Cuneo), Peolande (Cuneo), Polano (Cuneo), Questa (Cuneo), Racca (Cuneo), Rillio, Risso, Riva (Cuneo), Rosson (Cuneo), Rossono (Cuneo), Tortone (Cuneo), Valiengo (Torino)
A continuación, el listado correspondiente a los apellidos presentes en el paraje La Amistad:
Anjmar, Antonelli, Barbeiri, Beconti, Beltran, Cabiasa, Callieri, Caporni, Chivalero, Columbano, Depaolo, Dominici, Gabarni, Galian, Galiano,
Ghinaldo, Giordani, Granalli, Gribaldo, Guanini, Lorencino, Peretti, Prigiglio,
Pruccio, Quito, Risetti, Romano, Sola
En otro post les acerco la relación entre censados italianos y censados con "nación a la que pertenece" diferente a Italia. De cualquier modo, valga este post para impulsar un hermanamiento para la Comuna de Montes de Oca con un par cuneesi. Ya lo hemos propuesto en otra oportunidad. Hoy sólo lo reiteramos.

Cuando Rosario era un espectáculo: adivinanza



Esta es una foto de mamá, del año 1953, algunos años después de su elección como Reina de la Agricultura por el Departamento Belgrano. Aquí la vemos con Pepe Manzanares, cantante y director de baile. Es una hermosa foto, tomada en el Teatro del Círculo de Rosario. Para los que no conocen a mamá, ella es la que está en el centro del cuadro, vestida de blanco.
Por mucho tiempo Pepe bregó porque se le entregara esta foto, que era única. Durante mucho tiempo, también, estuvo guardada. La razón... hay que adivinarla. Tiene que ver con alguien que está en la foto y que luego fue muy famoso.

Los que llegaron a una tierra de promisión, de paz y de trabajo


Mientras sostenemos con cuidado un ejemplar de Juventud, periódico local de la Comuna de Montes de Oca fundado a comienzos de los treinta, pensamos: qué mejor modo de presentar a los primeros colonos, fundadores de este Pueblo, que compartir con ustedes una de las "Semblanzas", incluida en la edición correspondiente al 20 de junio de 1943:
"...Cuando nos quejamos de la soledad y de la falta absoluta de diversiones; de la languidez en que transcurren los días grises y opacos del invierno, debemos hacer un análisis retrospectivo y tener una recordación admirativa para los esforzados primeros colonos, que con más corazón que equipaje vinieron a esta tierra de promisión, donde levantaron sus hogares, bendiciendo la tierra hospitalaria que los acojería benévola y fecunda.
Aquí abrieron los surcos fecundos, en cuyas profundidades germinaron las semillas que luego se transformarían en el dorado pan de sus hijos.
Trabajaron incesantemente de sol a sol en la oquedad profunda y el silencio augusto de los campos y plasmaron en el crisol de las razas, una nueva y pujante, para cimentar una nación grande y poderosa.
De esta raza hecha a las privaciones y en olvido absoluto de la molicie y las diversiones nacieron los primeros pobladores de Montes de Oca.
En franca lucha con la naturaleza, los medios hostiles, las enfermedades, salieron airosos y como los guerreros de las antiguas cruzadas, lanza en ristre, ellos empuñaban cada día con renovados bríos el arado para surcar las entrañas de las tierras que se mostraba reacia en sus primeras claudicaciones."

La imagen que adorna este espacio es la digitalización de la tapa del periódico, en la que se observa un linoleum de Carlos L. Ferro.

Los Giuliano detto Buneva, massari de Saluzzo


Según parece, los Giuliano de Saluzzo venían siendo massaros desde, al menos, comienzos del siglo XVII.
Así surge de la consegna del sale en las que encontramos al primero de los Gio Battista Giuliano del que tenemos noticia, hijo de Chiaffredo, viviendo con su familia en la Cascina Parpaglia (1721).
Transcurren los años y las generaciones. La descendencia de estos Giuliano detto Boneva aparecen en distintas propiedades: en 1742, Tomasso Giuliano, hijo de Gio Battista, en San Antonio, del Signor Sibilla; otra rama de Giuliano detto Boneva en Casa Aliberti.
En 1755, Sebastiano Giuliano, hijo de Tommaso, en Casa Annalis; en 1761, otra rama de los Giuliano detto Boneva en Casa Pignatta.
En 1762, el mismo Sebastiano Giuliano en Casa Merlino y otra rama en Casa Propano.
En 1766 Sebastiano y su familia aparecen en Casa en San Antonio. En 1767, en la zona de vigne otra rama, en Casa Solaro y otra rama en Casa Sibilla.
Hacia 1770, Michelle Giuliano en la Casa del Capitolato di Torino detta La Fornace, propiedad del Seminario. Otros, en Casa de Gioanni Rosso y otros aún en Propano.
Llegamos al 1789, donde encontramos a Michel Antonio Giuliano, hijo de Sebastiano, y a sus hermanos (entre los cuales está nuestro ancestro, Chiaffredo, aquél que fallece en Barge en 1838) como massaros en lo del Señor Conde de Benevello.
Ser massaro era todo un trabajo en aquéllos días.
Leemos: "Il massaro è la figura più importante della masseria. Poteva essere affittuario, quindi pagare un canone d’affitto al proprietario, oppure solo responsabile della conduzione della masseria per conto del padrone; in entrambi i casi, il massaro è la figura attorno alla quale è polarizzata tutta la vita organizzativa, produttiva e sociale. Era lui ad assegnare i compiti e impartire gli ordini, sempre lui che, secondo regole e tempi stabiliti e come forma di remunerazione, distribuiva parte di ciò che la masseria aveva prodotto ai capifamiglia residenti. A queste distribuzioni regolari si aggiungevano quelle eccezionali delle festività quali Natale, Pasqua, quando si dava anche un po’ di carne di agnello, e la festa del santo patrono. Dal suo carattere, dalla sua capacità di condividere e capire la durezza della fatica, dal tono con cui impartiva gli ordini, dal modo in cui stabiliva i rapporti con gli altri,dipendevano una vita tollerabile o sentirsi gli ultimi della terra".

Hay en este sitio una descripción interesante de las condiciones de vida de los trabajadores forastieri en estas masserías, en el que se relatan jornadas de trabajo muy extensas, combinadas con mala alimentación y mal descanso. Estos trabajadores dormían en nichos excavados o construidos en los graneros, en los que se tendía un saco de paja sobre el que el trabajador dormía vestido.
Comentando esto con mi madre, vinieron a su memoria idénticos nichos, construidos en los galpones de la vieja chacra de los Giuliano en Colonia Caracciolo... nunca se supo que nadie durmiera ahí. Sólo servían para guardar herramientas y enseres del campo.
Pero el hecho me impactó: cien años después, pasadas al menos tres generaciones y ya en otro continente, los galpones de nuestra chacra recreaban las condiciones de vida y de trabajo en una Italia que había dejado de ser. Al menos, para estos Buneva de los cuales desciendo.
Agradecemos a Ghironda la imagen que acompaña nuestro texto.

Sobre los detto Buneva


Por pedido del público adelantamos algo sobre el tema de los Buneva.
Ha contado siempre mi madre que, cuando ella era pequeña (y no tan pequeña), su madre le contaba anécdotas sobre la familia.
Sucede que mi abuela, María Vaieretti, tenía anécdotas sobre todas las ramas y subramas que vemos en el árbol. Siempre del lado Giuliano de mi familia, claro está. Y las transmitía asiduamente a su hija.
Entre estas anécdotas figura una referida a mi bisabuelo, Gio Battista Giuliano y a cómo lo llamaban (y porqué) en el Pueblo de Montes de Oca. Mi abuela le contaba a mi mamá que Gio Battista Giuliano era una persona muy buena, muy solidaria con sus vecinos y con la gente menos favorecida por la mano de Dios y del hombre. Por ejemplo, periódicamente acercaba a los vecinos más necesitados, comida, telas, y otros enseres para sus familias.
María Vaieretti consideraba que era por esta razón que a Gio Battista Giuliano le decían Buneva: "agua buena" o "bueno como el agua" en piamontés. Esto sucedía allá por 1940, cuando Bautista ya había fallecido y también la Marcontetto, su esposa.
La anécdota llega así hasta mí, cuando mi mamá comienza a transmitirme las historias familiares que le habían narrado a ella.

En un salto cuántico llegamos al 2000, momento en que mi ricerca genealógica se potencia gracias al uso de las nuevas tecnologías... Un día tengo la suerte de cruzarme en el ciberespacio con un tal Don Bertero de Arequito. Y la iluminación de comentarle, mientras intercambiábamos nombres de Giulianos sin ver antepasados comunes, que a mi bisabuelo lo conocían como Buneva en Montes de Oca.
Es increíble que gracias a esta anécdota, hallamos dado el primer paso para re-vincular la rama de Montes de Oca con otras ramas de Giulianos. Porque en ese momento Bertero me escribe que, en realidad, Buneva no era sólo un sobrenombre local de Bautista, sino, lo que en Italia se conoce como sopranome familiar. Algo así como un agregado al apellido, para distinguir a familias de mismo cognome.
Al parecer, los Giuliano de las ramas de Arequito y de Montes de Oca venían siendo inscriptos en las Parroquias de Cuneo como Giuliano detto Boneva desde comienzos del siglo XVIII.
La próxima la dedicamos a contar la historia del por qué de este sopranome familiar.

En memoria de nuestros ancestros: Chiaffredo Giuliano y Catterina Bosio de Giuliano


Hay un libro, "Mis Antepasados me Duelen. Psicogenealogía y Constelaciones familiares", de Maillard y van Eersel, que no he podido conseguir aún pero que la mera lectura de su título y de algunas reseñas críticas del texto casi me han hecho llorar.
El planteo del libro es bastante primario: se reduce a afirmar que todos estamos determinados por una cascada de influencias que decantan en nosotros desde todo nuestro árbol genealógico.
El lema de la psicogenealogía pareciera ser 'Ay mis ancestros!', mientras desde esta postura nos cuentan cómo la mayor parte de nuestros problemas se originan en nuestro árbol genealógico y nos proponen, entonces, talleres en los que se invita a los participantes a reconstruir su genealogía, para resolver sus traumas…
Decía que casi lloro con esto, porque la verdad, si yo tuviera algo más de tiempo y mucha más capacidad y conocimientos, escribiría un libro que se intitulara “Ay, mis descendientes me duelen”, poniéndome en el lugar de, por ejemplo, Chiafredo Giuliano, que con 66 pirulos, en 1883 dejó sus pagos en Italia, cargó sus bártulos, se atravesó el Atlántico, se radicó en medio de una nada chata y baja -violentamente distinta al paisaje de postal en el que vivía- y puso al servicio de su posteridad, la fortuna que tenía disponible, para comprar tierras que con el transcurso del tiempo se llenarían de soja.
Tomé conciencia por primera vez de que en el Panteón de Montes de Oca tenía parte de mi familia a los 9 años. Chiafredo y su esposa Caterina Bosio ya estaban en urnas.
Si por alguna de esas cosas del destino no hubiera estado conmigo mi mamá, no hubiera sabido nada de ellos. Nadie me hubiera explicado quiénes fueron, qué hicieron, cómo eran. Se hubieran borrado de la memoria de todos tal como se están borrando de la foto que nos llegó vía Tito Giuliano de Corral de Bustos. Y cuando alguien pasara a levantar el fruto de las que fueran sus tierras para convertirlos en prosperidad, nadie dedicaría ni un segundo para recordarlo y agradecerle que estamos en este mundo viviendo la vida que vivimos, gracias a que él existió.